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Maneras de vivir: Imágenes africanas

Maneras de vivir

Latinoamericanos en Madrid.-

El grupo de inmigrantes más numeroso junto con los marroquíes, subsaharianos y polacos. El grupo que lo tiene más fácil por la identidad del idioma y sin embargo...

Su presencia es abrumadora y evidente para cualquier usuario del metro. Y muchos conocemos casos concretos de trabajadoras (los hombres lo tienen bastante más difícil) en el servicio doméstico, o como cuidadoras de ancianos. Pero todos ellos se enfrentan actualmente a un endurecimiento de su situación por el crecimiento desmesurado de su número, ya que este aumento de la competencia les ha conducido a las oficinas del inem (a los que tienen papeles...). Hace unos pocos años había trabajo para casi todos los que llegaban. Actualmente ya no es así. Y la información que reciben de conocidos inmigrantes en el país de origen, está contrarrestada por las mafias locales de documentación falsa y las agencias de viajes que lanzan falsas noticias sobre plazos, siempre urgentes, para conseguir permisos de trabajo. Y así siguen llegando acuciados por la situación desesperada en sus países de origen, que parecen no cambiar nunca. Evidentemente, sus respectivos gobiernos parecen no tener la más mínima intención de solucionar los problemas básicos de sus habitantes.

Tras conseguir el dinero necesario para el billete de avión, toda una aventura, y llegados a España, empieza su segunda tanda de problemas. Primero pasar el control en el aeropuerto, donde son sometidos a interrogatorios 'económicos'. La mayoría de los que logran pasar el control, es asegurando ser mantenidos y avalados por familiares o amigos ya residentes aquí. Una vez en las calles de Madrid acaban hacinados en casas compartidas por otros compatriotas. Por ejemplo, viviendo en una casa de dos habitaciones varios matrimonios con niños. Y es que los alquileres están por las nubes, y luego están los prejuicios de administradores y caseros. Y además están los negocios ilegales, últimamente de gran proliferación, de 'centrales de anuncios', cuyas principales víctimas son los inmigrantes y los estudiantes. Aquellos que menos dinero tienen y más necesidad de casa. Las centrales de anuncios son pequeñas oficinas fácilmente transportables, para desaparecer de un día para otro, donde se cobran cantidades siempre menores a la estipulada como mínimo para evitar ser denunciados por estafa, a cambio de proporcionar direcciones de casas en alquiler tomadas de la prensa. Es decir cobran por proporcionar datos públicos. Y encima muchas veces la información dada es incorrecta, o distorsionada.

Si finalmente consiguen un trabajo, a muchos les pagarán un sueldo bastante menor del debido. Y esta situación va a peor, por el crecimiento del número de inmigrantes ya citado antes. Y esto, independientemente de haber conseguido o no los papeles que les convierten en 'legales'.

Y entre los afortunados con trabajo, está el grupo de los que tienen que soportar un trato descaradamente racista, teniendo que soportar tratos humillantes de los ancianitos a los que cuidan y condiciones laborales abusivas.

Afortunadamente existen asociaciones no gubernamentales como APLA (Amigos Pueblos Latino Americanos) que funciona desde 1992, en un principio surgida como filial de KARIBU (asociación africana) y a partir de 1998 de manera independiente. Es un centro de acogida y orientación que funciona con voluntarios, que además de ofrecer ayuda puntual en casos urgentes, organiza talleres gratuitos de cocina, informática, costura, peluquería y habilidades sociales y domésticas y proporciona asesoría gratuita psicológica y judicial y bolsa de trabajo. Últimamente están a punto de sacar una revista... APLA se declara una asociación civil y humanitaria. Considera el fenómeno de la inmigración como consecuencia del desequilibrio Norte-Sur, que impulsa a las personas a buscar mejores condiciones de vida. Y cree que la acogida generosa a los inmigrantes no es sólo una actividad humanitaria sino un deber de justicia, y también que la interculturalidad enriquece.

Charlamos con dos ecuatorianos, un matrimonio cuyo periplo es excepcionalmente bueno. Y así lo reconocían ambos. Ella, Magdalena Flores, residente en Madrid desde hace 8 años mientras su marido probaba suerte en Inglaterra, pudo conseguir finalmente un contrato de trabajo a nombre de su marido y así se reunieron los dos en Madrid y pudieron traer a sus hijas. Pero según insistía ella:

"No perdemos la esperanza de volver a nuestro país, le echamos mucho de menos... Es muy diferente acá, la forma de ser nuestra es mucho más alegre. Allí hay mucha más libertad... Aquí enseguida que cantas o haces ruido te dan golpes en las paredes y a los niños es como si les cortaran las alas, pobrecitos...". Esto es lo que ella lleva peor, ya que hace 8 años, cuando ella llegó sí que había trabajo y no le resultó difícil encontrarlo. Y las condiciones de residencia también le resultaron muy duras: "nos dijo un matrimonio a mí y a otras dos chicas, que nos alquilaban, pero era tanto dinero por este mueble, tanto por este otro... así que yo estuve durmiendo en el suelo durante un tiempo. Y llegaba el fin de semana y allí cambiaba la gente y se lo alquilaban a otros... Y así estuve 6 meses... Y ahora es peor. En un solo piso viven 15, o 20. Es que ahora no hay trabajo... Pero yo también vine engañada, porque las agencias de viaje en Quito dicen tiene que ser ahora porque el mes que viene ya no puedes entrar... Estamos educando a nuestras hijas y luego queremos volver, porque aquí la vida es muy triste... Nosotros somos gente alegre, enseguida hacemos fiestas, cantamos, bailamos, aquí todo es muy cerrado. La gente es buena, es amable, pero nada más. Yo agradezco a España, pero mi país es tan lindo, tan lindo... Pero yo me siento que nuestra situación no es lo normal, que están mucho peor. Porque además viene la mujer, o el marido y deja allí su pareja. Y es triste, pero los primeros días porque con un ojo están llorando y con el otro ya ven pareja. Es triste pero es la verdad, la separación de las familias y los niños que dejan allá... Ya digo, casi todos los hogares están destruidos... Y luego muchos, casi todos campesinos, con un sueldo de 60, o 70 mil pesetas ¿para qué te alcanza?... Y ellos mismos nos dañan el trabajo al cobrar tan poco... Pero te dicen que no encuentran trabajo y ¿qué van a hacer?... Se desesperan"

Él, Walter Robaldina, en Madrid desde hace tres años, estuvo antes en Francia invitado por unos amigos que luego no pudieron acogerle y le dejaron colgado, luego estuvo en Inglaterra donde estaba su hermano con su mujer y finalmente pudo llegar a Madrid gracias al contrato que le consiguió su mujer, en el departamento de limpieza del ayuntamiento. Profesor de arte, aquí prosigue paralelamente con la labor de difusión de la música y danza tradicionales ecuatorianas, por lo cual está muy contento de poder seguir haciendo lo que le gusta.

"Lo puedo seguir haciendo, pero por cuenta propia claro. Llevo en esto desde hace 20 años y aquí gracias a APLA puedo seguir haciéndolo, me ha prestado un local de ensayo y aprovechando a la gente que viene por aquí trato de que no olviden su música, porque yo lo hago en plan profesional, no trato de crear bailecitos turísticos, sino que lo hago en serio. El canto popular y lo llamado canción protesta... Trato de llenar el vacío que deben tener, porque por medio de la danza quiero transmitir a toda la humanidad, digamos, los cantos y la danza tradicionales de nuestro país. Y lo hago con el vestuario auténtico, sin prendas exóticas ni nada de eso, para presentar la auténtica imagen de la cultura ecuatoriana. Comprado todo en los mercados indígenas, con las diferentes prendas de cada región de nuestro país que tiene al menos cinco variedades de danzas. Y la canción del tiempo de las dictaduras de todos los países latinoamericanos, dando un mensaje de liberación profundo y tratamos de involucrar aquí también a nivel europeo. Y ¿a cambio de qué?, a cambio de nada porque yo no recibo ninguna remuneración económica... Y algo muy triste es que hace 8 días tuve un robo del treinta por ciento del vestuario, después del sacrificio de traerlo acá. Pero con todo vamos a sacar adelante el trabajo... Para mí fue fácil encontrar trabajo, pero lo duro fue antes de llegar a España cuando estuve en Francia primeramente invitado por unos amigos que nunca asomaron. Luego viajé a Inglaterra sin conocer a nadie, tengo un hermano ahí que nunca lo vi, logré comunicarme por teléfono y fui y me encontré con su esposa, toda amable pero yo no quería incomodar a mi hermano. Pero nunca se concretó su ayuda porque conocí a un compatriota que estaba allí como refugiado político y él me arregló unos papeles... Y así estuve un tiempo hasta que mi mujer me consiguió un permiso de trabajo en Madrid. Y yo no sé si asesorado bien o mal no quise decir en el aeropuerto que traía el contrato, y dije que traía dinero de la ayuda de mi hermano y que aquí estaba invitado... Y allí me tuvieron hasta que comprobaron que existía el señor que había ayudado a mi mujer a conseguir el contrato de trabajo..."

Charlé con ellos en el 'café' de APLA, una habitación donde se reúnen los miércoles. Allí me llevó amablemente Isabel Ávila, responsable de APLA, quien me contó los datos de la organización que he contado, y dónde pude ver en directo el funcionamiento de la asociación. Varias habitaciones donde atendían los voluntarios. Ese día la voluntaria que daba clases de informática se encontró que no funcionaban los ordenadores porque había un fallo en la luz y la abogada había tenido un pequeño accidente que la impedía acudir ese día por tener que guardar reposo por un esguince. Pero el ambiente era cálido a pesar de las dificultades y era evidente la gran labor que hacían. En un minuto estaban llenas las instalaciones de latinoamericanos y desde nuestra revista les deseamos mucha suerte, que sigan adelante y que cunda el ejemplo.

[APLA : José Marañón nº 15C-28010 Madrid-Tfno: 91 594 23 37 y 91 594 38 32]

[T. Flórez]

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