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La Película secreta

Esta sección la dedicaremos a una película elegida por motivos íntimos. Para unos maldita, para otros genial, para estos un sueño, para esos desconocida, para algunos pequeña joya sin pulir y para otros detestable. Pero nunca indiferente.

The misftists ("Vidas rebeldes") de John Huston

Aquella noche temblaban los cristales con el tráfico nocturno, mientras veía en la tele 'Los inadaptados', traducción literal del título de ese director tan polémico e irregular como inolvidable. Y una perfecta luna llena y la melancólica película de Huston eran mi única compañía en aquella noche imprevista.

Una película cuyo blanco y negro oscila entre el gris sucio de Las Vegas y los radicales contrastes, espesos como tinta china, en las escenas del desierto y sus escasos y perseguidos caballos salvajes, destinados a convertirse en comida enlatada para perros. Seres indómitos como sus personajes, a pesar del duro precio que les cobra la vida por seguir siendo ellos mismos.

Montgomery Clift (su penúltima película), Marilyn Monroe y Clark Gable (última película para ambos). En Gable su vieja naturalidad socarrona aparece empapada por el cáncer terminal, en forma de mirada alejándose del mundo y unos gestos de austero y gentil empaque. En Marilyn sus ojos son más tristes que nunca y la rodea una solitaria noche añil, con cierto olor a orquídea, a desierto, a tabaco y gasolina. Como en la escena (ver foto, abajo)en que sale tambaleándose de una fiesta, rechaza un beso en la puerta y un baile inocente, poderoso y roto surge involuntario y tierno de sus brazos lánguidos y del mar de sus piernas. Y acaba rodeando lentamente, en abrazo perfecto, el tronco de un árbol. Y allí se queda inmóvil, con una sonrisa delicada, casi frágil, respirando contra la madera viva, en un largo, pleno silencio.

Tres personajes crepusculares, fuertes por pedir el máximo a la vida: libertad y amor y marcados al no conseguirlo. De sonrisa sin destino, pasos en la cuneta, ojos desolados y cuerpos que arden solos. Seres que están hechos para vivir, condenados a muerte por falta de escenario, de playas salvajes y compañeros de juego. Islas delicadas, como los últimos caballos salvajes, convertidas en leyendas malditas. Nadie olvida a este tipo de seres. Algunos les temen, otros les envidian, otros les condenan y unos pocos les admiran; pero siempre desde lejos. Y es que las personas excesivas son incómodas. Planos de tesoros, lámparas mágicas, corazón limpio y hondo, cuerpo con alma y laberintos, percibirán aquellos que se acerquen a su mirada. Pero, en general, y en palabras de uno de los personajes: "Siempre acabo en el mismo lugar en que empecé". Y es que si este mundo es para ellos, lo disimula muy bien.

[Tesa Vigal]

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