Wakan Portada Editorial Cine Música Mitos y Leyendas Maneras de vivir

Literatura: Poeta conocido: Dylan Thomas Trilogía Nueva York de Paul Auster Conversdación Paul Auster con Lou Reed Joyasbiblioteca

Poeta desconocido: Javier Azpeítia

INSTRUCCIONES PARA NACER

Todo habrá sido una pesadilla:

Comprobar que los músculos no accionan, Que los huesos no soportan,

Que la sangre no fluye.

A menudo nacemos por la pupila.

PALABRAS

Este poema arderá una mañana a tus pies.

Escrito para el olvido,

Posee al menos dos de tus cualidades:

El desprecio y la fugacidad.

Poeta desconocida: Nuria Fernández

RÁFAGAS

Un soplo fugaz, poderoso. Una ráfaga volante de hojas otoñales, sumergiéndose como un proyectil en el agua. El sonido de la presión deslizante. Ritmo de agua en las burbujas.

¡Uf...! Estoy aquí de nuevo, pero sucede que no nos cruzamos. Él lleva mi abrigo de invierno, de un frío de hace muchos inviernos. Es blanco de piel muy suave, extremadamente suave y a él también le llega hasta los pies.

Sobre la superficie aparece; cruzando el puente que atraviesa un espeso campo, bajo nubes que se agolpan como cordones o ballenas desheladas.

Entonces el aire se detiene, queda inmóvil. Me parece quedar inmóvil, las piedras voladoras quedan inmóviles, las hojas, los brillos del puente, la gigantesca nube queda inmóvil con su luz plateada como presagio de la noche.

De pronto el sonido de un animal cualquiera traspasa la inmovilidad y todo vuelve a su cauce, al movimiento.

Nuestras miradas en principio desconocidas se cruzan en milésimas de segundo; después sale corriendo. El abrigo se agita rozando el puente. Y él acaba desapareciendo en la espesura.

El grifo gotea, el agua queda estancada en la bañera y yo no puedo levantarme de la silla cuando suena el timbre. Dudo en abrir y lentamente decido ir a ver quien es.

¿ Quién es? Pregunto desganada y nadie responde, decido abrir sin saber quien es.

Alguien me coge rápidamente de la mano, me lleva tan deprisa que no puedo reconocerle. Corremos durante mucho tiempo. Oigo nuestra respiración. Ahora..., no quiero parar. Un golpe seco me hace caer hacia atrás, he rebotado contra un árbol. ¡ Él! ¡ Es él... ! Me ayuda a levantarme. Quedamos los dos de frente. Sigue llevando mi abrigo blanco de invierno. Entonces me coge de las muñecas y hace que le acaricie. Después se quita el abrigo dejando que caiga al suelo, nuestras respiraciones se agitan cada vez más, el sexo se despierta; pero sin descanso me obliga a seguir corriendo.

Llegamos al puente, pienso en que todo se detendrá, el aire quedará inmóvil, las hojas, nosotros. Recuerdo una pintura en la casa de alguien. Era un puente, un torbellino de hojas agitándose en un espacio intemporal, alguien... , ¡ Ahh...! No deja que pare... ¡ Está bien, sigamos!.

Mira hacia uno de los muros, adivino que quiere saltar y que yo haga lo mismo.

¿ Pero...? Todavía no... Dame tiempo!

Seguimos corriendo, el puente parece no tener fin. Pese a la excitación ya no me canso, sólo corro. Pero algo me habla, algo se interpone en mi camino. Veo un reflejo que tapa la mitad de mi rostro y desaparece, como un chispazo.

Aunque vamos deprisa me parece flotar, siento que el pelo se desprende de mi cabeza hacia atrás muy despacio, que algo muy suave cubre de repente mi cuerpo. Pero adivino una pintura en la casa de alguien; un puente atraviesa un campo espeso, el aire danza entre las hojas. Él corre atravesando el puente; el blanco brillante queda en el centro de un torbellino en suspensión. Silencio... , sólo nuestras respiraciones que avanzan agitadas hacia algún lugar, nuestros cuerpos.

Entonces un agudo sonido nace, de alguna profundidad olvidada. Siento que algo sale de mí y se desvela bajo esa nube plateada. Es el sonido intermitente de las alas de un ave peregrina; como si mi oído se hubiera estrechado agudizándose hasta poder escuchar a los insectos, los choques supuestos entre pequeñas partículas, el desenvolverse imaginado de la espuma.

Por fin distingo una mano blanca. Acaricia el marco de un cuadro, se adentra. Entonces él tira de mi brazo con violencia y hace que me suba al muro del puente.

Ella recorre la superficie de la pintura, acaricia pequeños detalles: diminutas hojas revoloteando, a él con un abrigo especial que le cubre el cuerpo. Acaricia el puente, un paisaje otoñal, vivo, tan vivo que parece salirse de su forma. Pero ya caemos, nosotros caemos cogidos de la mano.

El espacio entre el puente y el agua se me hace eterno, aunque ya no pienso; el universo para mí ha perdido sus formas. Cierro los ojos, caigo...

El agua rápida empuja a subir hasta tapar nuestras cabezas; escucho burbujas explotando, las ondas que producen nuestros cuerpos. Caemos a la profundidad, toco el musgo con mis pies verdes, una especie de somnolencia atrapa mis sentidos dulcemente, el silencio...

Deja por fin de apretar mi mano, ahora la acaricia mientras deja que el aire que le queda salga por su boca, como si me hablara. Como...si...me ..hablara...

Nuria Fernández

Poeta desconocida: Astrid Stavro:

Poesía,

¿Por qué huyes de mis manos?

¿Por qué me pellizcas en partes tan diversas?

Como el agua que corre en las cañerías

de mi cuarto

te oigo circular por mis venas.

Tu llamada es un cosquilleo que me acaricia,

escurridiza,

a veces te toco,

a veces te huelo,

a veces,

te deseo con la intensidad de un amante,

te odio con la fuerza de un soldado.