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CINE Pelicula secreta (Blow up, Antonioni)

En cartel

Memories of murder, Bong Joon-Ho.-

En una primera mirada es una historia sobre la investigación policial de unos crímenes. Más abajo, es la historia de un fracaso. Más profundamente aún es el viaje interior de un policía, a través del fracaso de alguien como él, en apariencia “superior” (policía de la capital ayudando a la de un pueblecito), y en contacto con la violencia sistemática de sus colegas.

Y hay más. Paralelamente a ello está la vida cotidiana del pueblo, los límites de todos y cada uno y el humor negro, inevitable cuando se funden todos esos planos, dando por resultado una película ciertamente original, que se sale del género, con un aire mitad melancólico mitad grotesco.

La violencia, a causa de esa fusión de géneros, no resulta violenta sino patética. La gente del pueblo la tiene asumida y para nadie es una sorpresa sino algo cotidiano, forma parte del funcionamiento de las cosas en su entorno. Igual que la desorganización, la carencia de medios, la ingenua necesidad de destacar y el caos de las instituciones.

No existen personajes “buenos” ni “malos”. Todos son conmovedoramente contradictorios, como la vida misma. Y así la película tiene ese carácter de porción compleja de la vida puesta sobre el mantel de una pantalla. Sencilla, sobria y auténtica.

[Jaime Freire]

 

Capturing the Frriedmans, Andrew Jarecki.-

Si fuera una película de ficción sería inquietante, al ser un documental lo inquietante se multiplica. La razón es que no es un caso de denuncia sino de investigación, o mejor dicho de constatación. Y cuando algo simplemente se constata los sentimientos y sensaciones se agolpan intensamente y es el espectador quien tiene que ordenarlos y sacar consecuencias.

El tema al que se mira es el de una familia acomodada, aparentemente feliz, rota por causa de ser detenidos, juzgados y condenados, el padre y el menor de los hijos por haber abusado sexualmente de muchos niños. Hablan ante la cámara la madre y dos de los hijos (incluyendo al detenido), además de testigos incriminatorios y agentes de policía y fiscales y abogados. Todo empezó cuando el director del documental empieza a investigar sobre los payasos de las fiestas infantiles en Nueva York y descubre que el más famoso de ellos es el hijo mayor de una familia marcada por el proceso judicial escandaloso.

Lo primero que llama la atención es que el padre era adorado por sus tres hijos (el mediano es el único que se negó a hablar para el documental), en una relación lúdica y cómplice de la que hablan maravillas. Lo segundo es que se trata de una familia tan rara como para filmarse y grabarse continuamente, a través de los años, incluso durante las discusiones familiares y momentos graves y penosos como el día anterior al ingreso en prisión del hijo menor, que parece en la película familiar como si se fuera de excursión y no a la cárcel por abuso a menores.

Esto marca la pauta del documental: la existencia de argumentos y opiniones encontradas y contradictorias, que vuelven difícil el sacar conclusiones claras. Unos siguen afirmando muchos años después, cuando ya ha salido de la cárcel el hijo menor y el padre se suicidó durante su estancia en presidio, que eran inocentes. Otros siguen acusándoles. Y los comentarios de los hijos siguen creyendo en su inocencia, con un tono perplejo y de resignación ante una plaga que les cayó encima sin comerlo ni beberlo. Algunas de las acusaciones tienen el aire histérico de quien ve enemigos y escándalos por todas partes, y no hay manera de separar esa posible actitud con la normal alarma en un barrio que ve amenazados o víctimas a sus niños.

Una radiografía familiar cuyo resultado es confusión y perturbación. Aunque uno se queda con ciertas imágenes, como la de la fotografía que acompaña a este comentario. En ella aparece el hijo mayor, el futuro payaso, mirando a la cámara con ojos asustados y sonriendo sólo con la boca. Sus palabras en el documental son, sin embargo, las de alguien víctima de una desgracia incomprensible y defensor de la figura de su padre. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

 

Por amor al arte, Neil la Bute.-  

Ya desde la primera escena se percibe a la protagonista como algo tonta, ese tipo de persona que se pasa de lista, de manera borde y estúpida, sin ser consciente en absoluto de serlo. La ignorancia perfecta, vamos.

Luego, poco a poco, vemos el comienzo y desarrollo de una relación amorosa destructiva. Esa relación de poder en la cual uno de los miembros le exige continuamente al otro y el otro lo acata de manera penosa, tomándolo por ¡pruebas de amor!. Bastante frecuente, por desgracia.  Esto es importante porque está en sintonía lógica con el desenlace, que pone en evidencia la naturaleza nefasta de la relación. Lo malo es que casi nunca las circunstancias lo aclaran y la gente se puede pasar en una relación desgraciada la tira de años, creyendo que es amor. Es decir confundiendo el abandono de la personalidad propia (y por tanto la autodestrucción) con la entrega, el dolor con la pasión, etc.

Aparte de ese tema, la película trata sobre la realidad de la experiencia. ¿Es real lo que se siente y experimenta o sólo lo “real”?. ¿Lo que importa es lo vivido a pesar de ser algo ilusorio?. ¿Hasta dónde llega el alcance de lo subjetivo en lo vivido?.

Y sobre la naturaleza del arte. Asunto siempre peliagudo y complejo, que algunos quieren reducir pedestremente llamándolo vanguardia cuando es sólo un timo. Como en el caso de esta película, donde se confunde la vida cotidiana con la invocación imaginaria (es decir creativa, hay gente que olvida esa relación directa entre imaginación y creatividad) de otro mundo. El experimento que lleva a cabo la protagonista de esta película es un timo en cuanto arte, y una crueldad insensible y absurda en cuanto actitud vital. Pero ya se sabe lo que es la ignorancia: ni se entera, ni comprende, ni capta nada; sobre todo de lo propio, porque ser consciente de uno mismo es lo más difícil.

[Susana García]

 
ZATOICHI(Guión y Dirección Takesi Kitano)

Japón 2003-Duración 2 horas aprox.

Se trata de una película premiada en Sitges, Toronto y Venecia, lo que de entrada avala su calidad al no tratarse de festivales muy comerciales. No obstante el cine Japonés es un gran desconocido en occidente y dadas las estructuras sociales y mentales que posee este pueblo creo que seguirá siéndolo por mucho tiempo. No se trata de una cuestión de culturas tan diferentes, que lo son, ya que el cine chino también es oriental, pero es muy del gusto occidental. Pero a diferencia de éste el Japonés guarda todavía todas las reminiscencias feudales que encarnan su sociedad actual, lo que en cierta forma hace incomprensible para nosotros las reglas de relación y comportamiento social que reflejan sus películas.

En la película que nos ocupa Kitano se remonta al Japón feudal del S.XIX, en el que el poder, a diferencia de occidente, no estaba ocupado por nobles de cuna, se trataba más bien de bandas que actuaban como un subestado al margen de las estructuras imperiales, aunque con sometimiento divino al mismo si lo exigía el caso.

Se trata Zatoichi de un héroe popular, pero no como en nuestra concepción, inmaculado, dechado de virtudes, incluso bello. Se trata de un anciano ciego, errante, borracho, jugador, pero portador de unas artes luchadoras que hacen que nada ni nadie pueda enfrentarse a su catana. Catana que a la vez es el báculo del hombre ciego y cuchilla que cercena todo lo injusto que se cruza en el camino de personajes que no añoran la justicia, ya que se mueven, como los bandidos, al margen de ella.

Resulta muy plástica en todas las escenas, no en vano Kitano no es sólo director y guionista muy conocido por tierras niponas, es un cómico de primera línea, pintor, escritor, macarra, pendenciero. Es una especie de hombre del renacimiento japonés donde se funden Cyrano y Leonardo.

En cuanto al guión no ha sudado mucho, sólo se limita a recoger el personaje legendario de la literatura del S.XIX adaptándolo a su forma de actuar, no hay que confundir interpretación con el nervioso tic que dota al personaje ciego de una cierta tensión. El tic le viene a Kitano de la vida real cuando se estrelló en su scotter contra una farola, según dicen en un intento de suicidio. Y a pesar de que se destrozó la cara, al estar forrado se la han reconstruido, no han podido mitigar el tic que le ha quedado de recuerdo. Como decía la historia me ha parecido bastante sosa, pero Kitano es un genio y sabe mover la cámara dándonos imágenes que firmaría Kurosawa y otras que desgraciadamente para Kitano, ya ha firmado Lars Von Trier. Se nota que Kitano ha disfrutado con “Bailando en la Oscuridad”, una de las mejores películas que he visto en mi vida, pero que no recomiendo a quien le guste el cine de acción americano.

Consigue así, con su conocimiento del cine Europeo y Americano, conjugar una película de escenas y detalles con una de acción, pero a la Japonesa, utilizando para ello efectos digitales hematológicos que sin desagradar desbordan un poco la butaca y nos hacen apartarnos para no ser salpicados, no en vano se le conoce en América como el Tarantino Japonés. Pero en esta película hasta la sangre suena como un surtidor al ser liberada, acompañada por una música de arados, hoces y azadas. Todo culminado con un final que podían haber bailado Ginger Rogers y Fred Astaire, siempre y cuando hubieran tenido los ojos rasgados. No en vano en Japón el claqué es un movimiento en auge. ¿Quién lo iba a pensar?

No es una película normal, pero al Edu y a mí me nos ha encantado, vosotros sabréis lo que hacéis si vais a verla. 20.02.2004 .

[Fernando Rouco]