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MANERAS DE VIVIR

LOS ESCLAVISMOS

Gabriel López de Rojas (Gran Maestre de la Orden Illuminati y OHO de la Societas OTO)

 

LOS ORÍGENES

En repetidas ocasiones, he dicho o escrito que existen cultos de esclavos (cristianismo, islam...), dedicados a adoctrinar y esclavizar a sus fieles de forma poco ética y a provocar la destrucción y la muerte, debido a su falta de respeto a los más elementales derechos humanos.

El espíritu de los cultos de esclavos ha penetrado en nuestra sociedad y, hoy, afecta a los sistemas económicos y políticos, a muchas instituciones, a los medios de comunicación y a las modas. En realidad, en la actualidad, el mencionado espíritu está demasiado extendido y pocos son capaces de librarse de su “tela de araña”. ¿El culto a los “ídolos” del deporte o a las modas de turno no permanece impregnado de ese esclavismo? ¿Y el culto a las riquezas?.

El presente trabajo repasa con espíritu crítico el esclavismo religioso y las nuevas formas de esclavismo de nuestro tiempo, un mal muy profundo que afecta a una parte importante de la humanidad.

 

LOS CULTOS DE ESCLAVOS

El cristianismo es uno de los mayores cultos de esclavos que ha existido y probablemente existirá sobre la faz de la tierra. Todavía el Papa que se encuentra al frente de la Iglesia católica prohíbe a sus fieles, entre otros derechos, la libertad sexual, arremetiendo contra el sexo fuera del matrimonio, la homosexualidad, el lesbianismo o el uso del preservativo en las prácticas sexuales. Estas prohibiciones del Papa buscan someter a millones de fieles cristianos a una auténtica tiranía y preservar una de las instituciones esclavistas por excelencia, la familia, la cual en el seno del cristianismo siempre está compuesta por un hombre y una mujer fieles y castos.

El Papa igualmente viola derechos fundamentales y esclaviza, cuando prohíbe al clero católico otras muchas cuestiones que deberían estar sujetas a la conciencia personal de cada cual: las prácticas sexuales, la homosexualidad, el matrimonio, la procreación...

Los cristianos protestantes o los grupos evangélicos, que parten de la Reforma del siglo XVI emprendida por Martín Lutero contra la corrompida Iglesia católica, tienen en la actualidad unas creencias y unos dogmas tan esclavizantes como los que inspiran a los cristianos católicos, a pesar de que se centran más en el mensaje original del fundador del cristianismo, Jesús. Han heredado la tiranía católica en materias de sexualidad, matrimonio...

Otro culto de esclavos famoso es el Islam. Éste, inspirado en Alá (nombre dado a la divinidad por los musulmanes), en su profeta Mahoma y en el texto sagrado Corán, también viola la libertad y esclaviza al discriminar a las mujeres, a los homosexuales, a las lesbianas, a las adúlteras, a los infieles al Islam, etc., hasta límites inhumanos. Además, una parte importante del Islam todavía sigue declarando la guerra santa, la Yihad, a todos aquellos que no aceptan su credo esclavista, con todo lo que ello significa a nivel de guerras, terrorismo... En este sentido, el Islam se sitúa en una espiral de violencia parecida a la que desarrolló el cristianismo medieval.

Un tercer culto de esclavos poco recomendable es el hinduismo. El citado culto viola la libertad y esclaviza a sus fieles con un sistema de castas racista y prohibiciones estúpidas e infantiles. En el sistema de castas hindú, sin ir más lejos, está prohibido tener contactos con la casta “inferior”, la casta de los intocables, por ser considerados éstos subhumanos, una creencia demasiado racista y esclavizante para no considerar al hinduismo un culto de esclavos poco recomendable. Un punto a tener en cuenta en toda esta explicación es que los jerarcas nazis, profundamente racistas y antisemitas, tuvieron una devoción extrema por el hinduismo y sus castas, porque creían que el origen de la raza aria se entroncaba con él.

Para completar el recorrido por los cultos de esclavos, por último, nos resta hablar de un cuarto culto envuelto en el esclavismo, aunque, no obstante, con algunas connotaciones distintas a los anteriores. Y nos referimos al judaísmo. Originado en los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob y ensalzado por Moisés, quién recibió de Yahveh (nombre dado a la divinidad por los judíos) la Torá en el Monte del Sinaí, los judíos inspiraron el nacimiento del cristianismo y el Islam posteriores, envueltos siempre en terribles persecuciones y exterminios por ser un culto minoritario. Tras su lenta emancipación a partir del siglo XVIII, y sobretodo después del Holocausto que costó la vida a 6.000.000 de judíos en la Segunda Guerra Mundial y de la creación del Estado de Israel (1948), el judaísmo se radicalizó y comenzó a hacer surgir sus aspectos más esclavistas. Así, los judíos ortodoxos del actual Estado de Israel agreden y apedrean a los judíos laicos que no desean celebrar las festividades religiosas del judaísmo como el Sabat, el descanso semanal, imitando lo que hicieron con ellos los cristianos en la Edad Media o los nazis en el siglo XX.

Resta añadir a lo dicho que existen otros cultos de esclavos cercanos al esclavismo descrito (budismo, sintoísmo...) y que estos cultos son cada vez más poderosos, lo cual no sólo les permite esclavizar a sus fieles, sino provocar guerras y situaciones de tensión internacional. Algunas guerras cruentas de las últimas décadas son un triste ejemplo de esta realidad.

 

ECONOMÍA Y POLÍTICA

Como ya se ha dicho en la introducción, el espíritu esclavista de los cultos de esclavos ha penetrado en la economía y la política, entre otros campos. Así, el capitalismo salvaje de nuestro tiempo parte de la Revolución industrial del siglo XVIII; fue creado y desarrollado por personas puritanas, cristianas, judías, etc., en muchos casos pertenecientes a la conservadora masonería tradicional o regular de origen anglosajón; y ha alcanzado su cenit entre personas muy “creyentes” sobre todo de EE.UU. Y es en esas creencias religiosas de tipo esclavista que profesan los grandes capitalistas donde se encuentra el origen del triunfo de una economía capitalista que provoca desigualdades enormes, hambre, muertes y, en resumen, esclavismo hacia los desfavorecidos. Ciertamente, si uno practica un culto de esclavos, es difícil que cree un sistema económico dedicado a emancipar a la humanidad. Más bien, creará o desarrollará un sistema económico dedicado a esclavizarla, por una simple influencia cultural.

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por ejemplo, en el “maravilloso” sistema capitalista, el 41% de los niños africanos de entre 5 y 14 años se ve obligado a trabajar, mientras que entre 50.000 y 70.000 niños de la misma zona están esclavizados como mano de obra barata, todo ello en beneficio de las empresas multinacionales de los mencionados capitalistas. Por otra parte, en ese “maravilloso” sistema económico, cada medio minuto muere un niño por hambre.

El espíritu esclavista de los cultos de esclavos, por demás, se encuentra reflejado además en la política de la sociedad capitalista. El capitalismo, compuesto por las empresas multinacionales, la Banca y la gran finanza internacional, ha financiado y financia la democracia parlamentaria y sus partidos políticos (conservadores, liberales, socialdemócratas, nacionalistas), al igual que al fascismo de todos los “colores” (fascismo musoliniano, nazismo, dictaduras militares). Los principales partidos políticos de las democracias parlamentarias, de hecho, son los que reciben más apoyos del capitalismo, algo que les supone acabar endeudados y “atados de pies y manos”, cosa que también les ocurre a los fascistas. Cuando la democracia parlamentaria, la cara amable del capitalismo salvaje, fracasa ante el avance imparable del socialismo auténtico, el comunismo o el anarquismo, el capitalismo financia los sistemas políticos fascistas para derrotar esas alternativas de Poder y preservar sus intereses.

Desde el momento en el que la democracia parlamentaria y el fascismo son capitalistas y pertenecen al mismo, se corrompen y son sistemas políticos esclavistas.

Sobre lo expuesto, cabe comentar que la democracia parlamentaria del capitalismo salvaje niega el propio término democracia, ya que ésta siempre debe partir del pueblo y no de los “poderosos”, algo que dejaron muy claro una parte importante de los filósofos de la antigua Grecia, el filósofo francés Jean Jacques Rousseau o los ideólogos principales del socialismo, del comunismo…

Un ejemplo de esa negación de la verdadera democracia que realiza la democracia parlamentaria del capitalismo aparece en un interesante film titulado Nixon. El presidente de la mayor “democracia” del mundo acude andando hasta las escaleras del Capitolio y unos estudiantes lo rodean y le piden que detenga la Guerra de Vietnam. Y él confiesa que no puede, porque no está en sus manos. Nixon, en un alarde de honestidad, reconoce que las decisiones importantes corresponden a sus amos y jefes: los capitalistas salvajes de la Banca, la finanza, las multinacionales...

 

MÁS POLÍTICA: MONARQUÍA Y NACIONALISMO

La monarquía es una forma de gobierno en que la jefatura del Estado es asumida y ejercida hereditariamente por una persona denominada rey, monarca o soberano. La monarquía medieval tuvo un carácter “divino” que alcanzó su máximo “esplendor” en el Renacimiento, cuando el poder de los monarcas resultó ilimitado y personal, pero, en siglos posteriores, y sobre todo a partir de la Revolución francesa de finales del siglo XVIII, la monarquía perdió apoyos y poder siendo derrotada en muchos países. Hoy, las pocas monarquías que se mantienen en el poder suelen ser constitucionales, es decir, suelen estar sujetas a una constitución, y admiten la democracia parlamentaria, el fascismo o el capitalismo, a pesar de que todavía mantienen un “aura de divinidad” que las sitúa en muchos casos por encima del bien y del mal.

En resumen, la monarquía es un sistema político que recoge también el espíritu esclavista de los cultos de esclavos, porque considera a los reyes de turno seres “divinos” y exige sumisión del pueblo a los mismos. Por ejemplo, en España, el monarca es intocable, como si de una auténtica deidad se tratase, con todas las connotaciones antidemocráticas, antilibertarias y esclavistas que ello supone. Según el artículo 56 de la Constitución española de 1978, “la persona del rey es inviolable”, lo cual viene a decir que está prohibido criticar al rey o cuestionarlo. ¿Y acaso esa ley no esclaviza a los españoles?

El nacionalismo es una doctrina política distinta a la monarquía, en este caso más ligada al romanticismo del siglo XIX. El nacionalismo de todos los tiempos ha insistido en las realidades y los lazos de nacionalidad, buscando unos objetivos concretos que han sido casi siempre la independencia de la nación o el deseo de extender sobre otras el dominio de la misma. En los cultos de esclavos, dios es lo único divino. En el capitalismo salvaje y sus sistemas políticos, la riqueza es “dios”. En las monarquías, el rey es “divino”. En el nacionalismo, lo divino es la nación, la patria... El espíritu esclavista recorre estas doctrinas y creencias.

Un dato que verifica el nexo entre el espíritu esclavista de los cultos de esclavos y el nacionalismo es que no pocos ortodoxos religiosos o miembros de la secta católica OPUS DEI son nacionalistas españoles, catalanes, vascos...

Una cuestión distinta a esta crítica al espíritu esclavista que está presente en el nacionalismo, no obstante, es la autodeterminación de los pueblos, para mí un derecho democrático que debe respetarse escrupulosamente.

 

LAS INSTITUCIONES: LA FAMILIA Y EL ESTADO

El espíritu de los cultos de esclavos no desaparece con la política y la economía, con la monarquía o el nacionalismo, sino que vuelve a estar presente en las instituciones más importantes de nuestra sociedad, en los medios de comunicación, en las modas... El influjo ejercido por los cultos de esclavos durante miles de años es tan grande que hay demasiadas cosas afectadas por su espíritu esclavista. Una de ellas es una institución de suma importancia en la sociedad: la familia.

Así, la familia es sinónimo de esclavitud. De hecho, en su origen, la palabra familia no significó el ideal romántico, mezcla de sentimentalismo y autoritarismo, que quiere hacernos observar el “esclavo familiar” actual.

El término familia parte del latín famulus, que quiere decir esclavo doméstico; y la palabra familia, por ello, significa el conjunto de esclavos pertenecientes a un mismo hombre. “La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas de la agricultura”, aclara Karl Marx.

El individuo que desee su libertad debe romper las cadenas de esta cruel tiranía, que lo esclaviza, limita y somete desde su niñez, para optar por vivir libremente, es decir, solo o con otro modelo de familia. Otros modelos de familia saludables son el matrimonio por grupos, la poligamia (varias mujeres con un hombre), la poliandria (varios hombres con una mujer), la pareja homosexual o lésbica, o la comuna basada en el amor libre.

Unas frases de F. Nietzsche animan a romper las cadenas del esclavismo que supone la familia tradicional: “Con quien menos se está emparentado es con los propios padres; estar emparentado con ellos constituye el signo extremo de vulgaridad”.

Otra institución afectada por el espíritu esclavista de los cultos de esclavos es el Estado, a pesar de que éste resulte más moderno que la milenaria familia “perfecta”. Aunque el término Estado suele emplearse para designar toda unidad política organizada, debería utilizarse sólo para designar las formas de organización política surgidas en la Europa del Renacimiento: el llamado Estado moderno. La primera manifestación del Estado moderno fue la absolutista (Reyes católicos, Enrique Tudor, Luis XII, Luis XIV), ya que, después, surgieron el capitalismo y nuevas filosofías que dieron paso al Estado liberal del siglo XIX y al Estado totalitario del siglo XX. En la actualidad, los Estados modernos, en teoría basados en derechos y deberes individuales, pueden ser centralistas (España), unionistas (Gran Bretaña) o federales (EE.UU., ex URSS...). En un Estado, pueden existir una o varias naciones, como es el caso de España, aunque el Estado centralista español se niegue a reconocerlo.

El Estado, aunque necesario y lógico en sus inicios, también suele terminar convertido en un tirano que acaba esclavizando al propio pueblo o nación que lo constituyó. El Estado suele convertirse en una máquina represiva que utiliza sus estructuras para esclavizar, limitar y castigar. El hombre tiene derecho a proclamarse contrario a esta “Bestia” y a luchar en contra de todas las formas de tiranía que puedan proceder de la misma, siempre a favor de los derechos fundamentales del ser humano y con el objetivo de convertir al Estado en una mínima expresión que no pueda tiranizar a nadie. El culto al Estado (estatolatría), una variante más del culto a la nación, al rey, al dinero, al dios esclavista, etc., debe dar paso al culto al ser humano y la humanidad.

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El capitalismo salvaje financia la democracia parlamentaria y el fascismo, como ya se expuso con anterioridad, y, además, también es propietario de los medios de comunicación de ambos sistemas (cadenas de televisión, periódicos, revistas, radios...), a los cuales utiliza para manipular, adoctrinar y esclavizar a las masas, de cara a evitar problemas dentro de sus democracias parlamentarias o de su fascismo de turno.

Los medios de comunicación que existen en el seno de las democracias parlamentarias o del fascismo, de hecho, sólo son libres para abordar una serie de temas concretos y de cara a dar opiniones siempre favorables a los amos capitalistas.

Las técnicas sofisticadas que emplean estos medios de comunicación a la hora de ofrecer noticias, de manipular y de esclavizar son infinitas. Las noticias son resaltadas u ocultadas, dependiendo de lo que se desee que sea noticia. Las noticias son rodeadas (entorno-marco) de otras noticias, para desacreditarlas, sobrevalorarlas, etc. Una noticia de un escándalo financiero se puede rodear de otras noticias de robos, para que pase más desapercibida. Las noticias son alteradas o cambiadas por medio de los titulares, las entradillas, los destacados, las imágenes, las frases o las palabras que las acompañan. Un titular o una imagen negativa pueden convertir una noticia positiva en una negativa, y viceversa. Las noticias, por demás, son alteradas por medio de la descontextualización. Una noticia fuera de su sección o fraccionada pasará desapercibida o no se comprenderá.

En España, la prensa tiene varios temas tabúes, donde la manipulación y el esclavismo es enorme. El tema tabú por excelencia es la monarquía, la cual como ya se dijo “es inviolable” según la Constitución. El rey Juan Carlos I fue fotografiado desnudo por los paparazzi y las fotos salieron publicadas en la revista italiana Novella 2000 el 20 de mayo. A los españoles, sin embargo, no nos permitieron ver “los encantos” del rey nudista. Por otra parte, el rey tuvo un romance con Bárbara Rey y ésta se dedicó a grabar imágenes y conversaciones muy delicadas. Y el Estado, de nuevo, hizo lo posible y lo imposible por evitar que ello trascendiera al público, con muchos millones de por medio, obligando a los españoles a no conocer los detalles de tan peculiar romance. Manipulación, sumisión, esclavismo.

Ante este panorama, no es extraño leer opiniones enormemente críticas hacia los medios de comunicación y los periodistas, como la del conocido escritor y sociólogo norteamericano Noam Chomsky, el cual dice: “Los grandes periódicos y las cadenas de televisión fabrican o manipulan la opinión del 80 % de la población. Existe un modo de tratar las noticias, elegirlas, limitarlas. En EE.UU. hay 1.800 periódicos; 11.000 semanarios; 11.000 emisoras de radio; 2.000 canales de televisión; 2.500 editoriales. Más del 50% está controlado por una veintena de compañías”.

La famosa periodista Janet Malcom aún es más dura que Chomsky al afirmar: “Cualquier periodista que no sea tan estúpido o que no esté tan enamorado de sí mismo que no sienta lo que está ocurriendo, no puede dejar de saber que practica un oficio inmoral. Actualmente, trabajar de periodista es hacer de confidente de alguien o buscar una confianza que no se merece para después traicionarla”.

 

LAS MODAS

Las modas tienen una finalidad distinta a la de los medios de comunicación, dentro del capitalismo salvaje y sus caretas, a pesar de que casi siempre las modas necesitan de la ayuda de los medios de comunicación para triunfar. De hecho, sin esos medios, muchas modas de los últimos cien años no habrían existido. ¿Y cual es la finalidad de las modas en el entramado de poder capitalista? Mientras que los medios de comunicación manipulan, adoctrinan y esclavizan a las masas, el objetivo de las modas es distraer a las mismas masas y esclavizarlas aún más para que no presten ninguna atención a las cuestiones de importancia, la economía, la política..., algo de sumo interés para el Poder.

Las modas han sido preparadas convenientemente para distraer y esclavizar a cada sector de la población. Así, de entrada, la moda del deporte espectáculo (fútbol, baloncesto, ciclismo, etc., de alta competición) es utilizada como distracción de una parte importante de la población masculina. Ésta convierte a los deportistas más destacados en ídolos y centra sus mentes en sus “habilidades” con una pelota o una bicicleta de carreras. En realidad, esos ídolos son unos pseudodeportistas obsesionados con contratos multimillonarios y atiborrados de drogas artificiales, más semejantes a las “estrellas” del antiguo circo romano que a verdaderos atletas en el sentido estricto de la palabra. ¿Qué fue del lema mens sana in corpore sano y del planteamiento filosófico que tenía el deporte en la época clásica?.

Otra moda encaminada a distraer y desviar atenciones de los temas de interés con una clara tendencia esclavista es la moda propiamente dicha. En este caso, el objetivo, no obstante, son las mujeres. Millones de mujeres de nuestro tiempo “escayolan” sus mentes pensando todos los años en modas tan pasajeras como estúpidas, ya que lo único que ofrecen éstas es un cambio de imagen cada año. Patético. La corrupción existente en el campo de la moda, con modelos también obsesionadas con contratos multimillonarios y problemas de drogas en bastantes casos, es enorme. Por cierto, he utilizado el término “modelos”. ¿Modelos? Modelos de la apariencia ficticia, como diría un buen amigo mío.

Una tercera moda preparada para distraer, desviar atenciones de los temas de interés y esclavizar es el gran negocio de la música pop-rock y sus variantes: heavy-metal, música disco... El capitalismo salvaje absorbió el fenómeno del rock'n'roll de los años cincuenta y el movimiento hippye y el pop-rock de los sesenta y setenta, para reconducirlo a su gusto y utilizarlo como distracción de masas, en este caso entre los jóvenes. Es evidente que muchos jóvenes de nuestro tiempo pierden infinidad de horas y buena parte de su talento, capacidad, personalidad, esclavizados detrás de unos ídolos preocupados por sus contratos multimillonarios y atiborrados de drogas. Para distraer a las jovencitas, las multinacionales capitalistas de la música pop-rock diseñan chicos guapos. Para distraer a los jovencitos, las multinacionales diseñan y “venden” el “putón verbenero” que requiere el mercado.

Existen otras modas y distracciones que esclavizan a millones de personas también promovidas por el capitalismo salvaje, pero creo que lo expuesto es suficiente para mostrar una realidad esclavista vergonzosa.

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