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SOBRE "MAR ADENTRO", DE ALEJANDRO AMENÁBAR

por Amparo Arróspide

"Mis pasos en esta calle

Resuenan

En otra calle

Donde

Oigo mis pasos

Pasear por esta calle

Donde

Sólo es real la niebla"

escribió Octavio Paz. Su breve poema nos servirá para desentrañar algunos aspectos de "Mar adentro", un filme que se queda para siempre en algún lugar del alma, muy adentro también.

Los versos de Paz nos llevan paulatinamente de uno a otro nivel de realidad, hasta el final que desenmascara el primer nivel como irreal (esta calle donde pretendo moverme pero donde "sólo es real la niebla") y al hacerlo, nos hace dudar de todo. Y "Mar adentro", como la anterior filmografía de Amenábar, nos introduce poco a poco en los terrenos resbaladizos de ficción y realidad, apariencia y verdad. memoria y olvido, hasta los límites una y otra vez traspasados de la vida y la muerte. El guión, tan impecable como el de "Los Otros", plantea el tema explícitamente casi desde las primeras palabras que oímos pronunciar a Ramón Sampedro. A partir de entonces, hasta la liberación final, transitamos por un territorio desconocido, que nos deleita a cada paso por la trasgresión de los clichés.

Paz, el autor del poema antes citado, fue compañero de muchos otros realistas mágicos. En "Mar adentro", los diálogos veraces, construidos a partir de la realidad del pasado de los personajes históricos, no desembocan en el costumbrismo ni en el realismo costumbrista o sentimental, ni en elucubraciones intelectuales o éticas (parodiadas en la inolvidable escena de la visita de los sacerdotes a casa de Sampedro). Diríamos que desembocan en la magia, en un terreno fantástico inexplorado que abarca lo inconsciente individual y colectivo, cuyo símbolo primordial es el mar, o la mar.

Aunque las comparaciones sean odiosas, la altura de "Mar adentro" se aprecia incluso mejor después de la reposición del programa de reportajes "Línea 900" en la 2 de Televisión Española con el documental "Eutanasia: morir para vivir", que fue emitido originalmente hace once años. Si Amenábar se basó o utilizó parte de este documental, la diferencia es abismal: en "Mar adentro" no hay ni el más mínimo aspaviento de melodrama ni nos deja con la sensación de aburrimiento que el bienintencionado documental. Tal vez porque no es una película bienintencionada, a pesar de que apela a los sentimientos y emociones de los espectadores, a través de unos actores magníficos, tanto principales como secundarios.

La biografía de Ramón Sampedro, con su apellido cabal de santo guardián de las puertas del cielo, pone en cuestión todos los lugares comunes sobre la vida y la muerte, porque, a fin de cuentas, Tánatos o el deseo de muerte equivale aquí a Eros o el deseo de vida ya que para Sampedro su muerte significa la liberación. Así el filme es un canto a la vida, que plasma el final del periplo de este marinero gallego que amaba tanto la vida que deseaba la muerte por no prolongarla indignamente. Y en este sentido "Mar adentro" nos recuerda "Abre los ojos", desde la voz que suavemente nos despierta en un plano en negro e incluso en el juego argumental de las dos mujeres enamoradas del mismo hombre: Belén Rueda y Lola Dueñas, tan diferentes como lo eran los personajes de Penélope Cruz y Najwa Nimri. Y al final, será la más sencilla y casi instintiva quien ayude a Ramón a morir.

Como "Abre los ojos" y "Los Otros", "Mar adentro" se abre a lo fantástico y mágico: ¿dónde termina la vida y empieza la muerte? mediante pasajes clave: la rememoración del accidente fatal, la caída que convirtió a un hombre en tetrapléjico durante 26 años. Una y otra vez se vuelve a la escena de la conmoción que lo dejó inconsciente y a punto de morir ahogado, a esas manos que lo sacan del agua por la cabeza, como a un recién nacido, sólo que no lo despiertan a la vida ni lo rescatan de la muerte. Ese preciso momento en que su vida se truncó funciona como "pasaje" mágico a otro plano de realidad y también concluye la película.

Lo demás, la fotografía exquisita, los planos cargados de intensidad y emoción, la música celta, el multilingüismo que se defiende al ejercitarlo (se habla en gallego, castellano y catalán), ya se han mencionado, y también la dirección de actores, que hace que todos destaquen por su humanidad, fuerza y verdad, desde Mabel Rivera (la cuñada de Sampedro) hasta Celso Bugallo o Joan Dalmau.

¿Desmerece un filme el hecho de que su director lo oriente dentro de un género fílmico-narrativo bien arraigado y establecido? Creo que no.

¿Ha hecho Amenábar una película "comercial", para agradar al público a toda costa? Tampoco, ya que se ha huido de la facilidad sentimentaloide: no sólo por la irrealidad del supuesto amor (del personaje interpretado por Belén Rueda) sino porque Bardem interpreta a un hombre brusco y cortante en ocasiones, cuyo sentido del humor (a veces muy negro) no oculta su escepticismo sobre una vida en el más allá: el más allá no existe, pero sí el final del sufrimiento anímico y moral, sin esperanza, al que Sampedro parecía condenado. ¿Qué es una muerte o una vida indignas? ¿No es más indigno olvidarse de la propia identidad y de aquellos a quienes hemos amado? La escena en que la abogada, incapaz de recordar, tiene en la falda sin abrirla la carta escrita por Ramón antes de morir, nos aterra a pesar de su belleza.

Despidámonos con otro poema, éste de César Vallejo:

"Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuísteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca, sin haber sido verde jamás."

La eutanasia como suicidio asistido no será una abstracción de la que conversar como filósofos de café, después de ver "Mar adentro": metidos en la piel de los personajes, ya nunca seremos los mismos.

 

Dirección: Alejandro Amenábar.
País:
España.
Año: 2004.
Duración: 110 min.
Género: Drama.
Interpretación: Javier Bardem (Ramón Sampedro), Belén Rueda (Julia), Lola Dueñas (Rosa), Mabel Rivera (Manuela), Celso Bugallo (José), Clara Segura (Gené), Joan Dalmau (Joaquín), Alberto Jiménez (Germán), Tamar Novas (Javi), Francesc Garrido (Marc).
Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.
Producción: Fernando Bovaira y Alejandro Amenábar.
Música: Alejandro Amenábar.
Fotografía:
Javier Aguirresarobe.
Montaje: Iván Aledo.
Dirección artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Sonia Grande.

Amparo Arróspide], 2004.

 

PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO... Y PRIMAVERA, Kim Ki-Duk.-

Una historia circular. El desarrollo de los acontecimientos muestra un desenlace que coincide, de nuevo, con el principio de la película. El futuro es el inicio: un maduro monje de pelo ya canoso, bordeando la vejez, comparte un pequeño santuario-isla en medio de un lago con un niño, a quien cuida y enseña. Rodeados de agua que fluye como la vida, en ondas concéntricas y en espiral. Rodeado a su vez el lago por montes de bosques tupidos. Ambas cosas, el lago y los bosques, que reflejan y contienen el interior humano: lo instintivo y lo oscuro, lo luminoso y el enigma, lo sencillo y lo laberíntico.

Un cuento budista que habla del misterio del tiempo, de la sucesión de momentos en una vida concreta, del peligro del apego como origen de sufrimiento, del poder humano sobre las cosas y del poder de las cosas sobre los humanos. De la libertad del silencio y las cadenas emotivas.

Poética porque habla en profundidad. Sencilla porque lo hace desde las más pequeñas acciones cotidianas. Un detalle simboliza ambas cosas fundidas: junto al bosque y en medio de las aguas del lago hay unas puertas de madera por las que pasan todos los personajes que se acercan o se alejan del santuario-isla. Unas puertas sin muro alguno, aisladas también en medio del agua que las rodea. Y junto a ellas un árbol centenario que también emerge del agua. En medio por tanto de lo que suele simbolizar: los sentimientos y el inconsciente, es decir lo más profundo y misterioso del ser humano. De donde surge su salvación y su conflicto.

No son la única puerta. Hay también otra, dentro del santuario, que es igualmente absurda porque tampoco se abre en pared alguna. Sin embargo separa de hecho dos espacios interiores y por ella se cruza, aunque podría hacerse junto a ella puesto que no hay muro que la bordee sino el espacio libre. Se trata por lo tanto de puertas mágicas por simbólicas, de esas puertas cargadas de significado que podrían aparecer en un sueño, llenándonos de perplejidad por su uso incomprensible en apariencia.Y una barca que fluye sola cuando es necesario, acercándose a quien quiere cruzar el lago, en uno u otro sentido... Y varios animales que comparten el santuario dependiendo de la estación: un gallo, un gato, una serpiente. El amor y el descontrol, la serenidad y el desapego. “Viajar”, vivir con sentido...

 

¡Olvídate de mí!, Michel Gondry.-

Esta también es circular, aunque aquí de manera incompleta. El futuro no es el inicio, sino que se trata de un viaje al pasado, de un flash back por tanto, pero no el usual. Aquí el futuro con el que se inicia la película podría repetirse eternamente, o quizá no. Ese es el dilema y es lo que remite a la pregunta con la que se sale: ¿estamos “condenados” a repetir siempre momentos cruciales?, ¿o en algún momento podemos salirnos de esa cadena, que se acerca peligrosamente a la posibilidad de un destino?.

Ese tema se relaciona, además, con la naturaleza de la memoria y de la experiencia, cuando ambas cosas parecen coincidir esencialmente. También se relaciona con la posibilidad de la existencia de un “yo” esencial que estaría más allá de esas circunstancias y que sería, por tanto, el que podría decidir. ¿Libremente?, ¿hasta qué punto?. Preguntas que acaban confluyendo unas en otras como la serpiente que se muerde la cola.

El guionista, Charlie Kaufman, es también el autor del guión de “Cómo ser John Malkovich”, una película rabiosamente original y divertida, en el que un agujero en la pared de un despacho conduce al interior del famoso actor. En esta historia de nuevo nos encontramos en el interior de alguien. Esta vez el interior del protagonista dormido al que un tratamiento médico voluntario pretende borrar de su memoria todo rastro de la existencia de la amante a quien quiere olvidar. Hasta cierto punto... En esa contradicción se encuentra el interior del protagonista (Jim Carrey), un hombre tímido y callado y bastante aburrido. Su novia (Kate Winslet) ya le ha olvidado a él y esa es la motivación de su novio para olvidarla también.

No siempre el conocer el futuro de una relación provoca el arrepentimiento. A veces ese conocimiento no impide el volver a elegir lo mismo. A pesar de todo... Laberíntico viaje por los recovecos de su memoria, tratando de ir acompañado del recuerdo de su novia a través de momentos y épocas distintas, incluso por aquellas en que no se conocían, y todo con tal de no resguardar su recuerdo en algún vericueto de su memoria que no corresponda a su relación y por tanto donde pueda guardarlo sin peligro de ser borrado. Delirante escena de la temprana infancia del protagonista en la cocina de su familia... Magníficas interpretaciones de los dos actores, llenas de vigor y emotividad, de momentos surrealistas y momentos sobrios.

Los decorados y los escenarios pueden cambiar, eso es evidente. ¿Pero también se pueden cambiar las decisiones significativas?.

[Oscar Guzmán]   

Y además Wakan recomienda:

Antes del atardecer, Richard Linklater/ Bombón el perro, Carlos Sorín/ La calle de las tentaciones, Lisa Cholodenko/ Capturing the Friedmans, Andrew Jarecki/ Diarios de una motocicleta, Walter Salles/ Farenheit 9/11, Michael Moore/ La herencia, Per Fly/ Horas de luz, Manolo Matji/ Inconscientes, Joaquín Oristrell/ L.I.E, Michael Cuesta/ Machuca, Andrés Wood/ La mejor juventud, Marco Tullio Giordana/ El milagro de candeal, Fernando Trueba/ Negocios ocultos, Stephen Frears/ No te muevas, Sergio Castellito/ Roma, Adolfo Aristarain/ Salvador Allende, Patricio Guzmán/ y atención a la programación del Pequeño Cine Estudio de Madrid, el Bellas Artes y la Filmoteca nacional.