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Mitos y leyendas

Una historia (experiencia mandada por un lector que quiere mantener el anonimato. Aquí no juzgamos, que cada uno saque sus propias conclusiones).-

Quiero contarles una historia. Mi interés por las casas encantadas surgió a partir de vivir mi hermano y yo, durante un año (1999-2000) en una casa en la que había “algo”.

La casa se encuentra en la urbanización Valdelagua (Salamanca, España). Es de madera, antigua y está en medio de un gran jardín. No es adosada. Sé que antes que nosotros vivió gente, pero hasta que la alquilamos estuvo varios años deshabitada. El dueño era un conocido abogado de Salamanca y me enteré que hace ya varios años se ahogó un sobrino suyo en la piscina de otra casa que tiene situada en la misma urbanización. No sé si este dato tiene alguna relevancia para lo que a continuación relato.

Llegamos a la casa en septiembre y en noviembre pasó la primera “anécdota”. Un sábado por la noche nos encontrábamos la novia de mi hermano (venía mucho a casa y éramos buenos amigos) y yo en casa. Al llegar, yo subí a la segunda planta donde se encontraban las habitaciones a ponerme cómodo, mientras ella me esperaba viendo la tele en el salón, abajo. En mi habitación, mientras me ponía las zapatillas de andar por casa miré en la mesilla de noche y vi, muy sorprendido, sobre el libro que leía en aquel momento, la caja de un cd de música que había estado escuchando en el salón por la tarde, antes de salir. Mi hermano fue testigo de que el cd quedó sobre el aparato del canal +, junto al televisor, antes de salir los dos juntos. No sé cómo pudo llegar allí. Ni mi hermano ni yo subimos aquel cd a mi habitación. Además, ni en mi habitación ni en ninguna habitación de la segunda planta había cadena de música. Con esto quiero decir que era poco probable que un cd saliera del salón.

Cogí el cd y lo bajé al salón donde se encontraba mi amiga y se lo conté. Nos entró miedo a las dos y cambiamos de tema para no asustarnos más. A partir de esa noche me di cuenta de que en la casa pasaban cosas. Algunas veces llegábamos por la noche mi hermano y yo de trabajar y nos encontrábamos alguna luz de la casa, o del porche encendida. No teníamos explicación. Otros días, por la mañana, el coche aparecía abierto. Tenemos una perrita que se ponía a ladrar a una esquina del salón, hacia arriba, por la parte del techo. Ese detalle ya me dio que pensar. La reacción de los animales dice mucho, creo. También había temporadas en las que mi hermano y yo llegábamos a casa, y nada más entrar empezábamos a discutir por alguna bobada, hasta que empiezas a pensar que algo negativo, energía o lo que sea, vive contigo en la casa. Además, en esas ocasiones, nos daba la impresión de que el aire que respirábamos estaba muy denso.

En varias ocasiones, estando sentados en el salón mi hermano, su novia y yo, notábamos cómo una ráfaga de aire frío pasaba entre nuestras piernas. No había ninguna ventana ni puerta abierta que pudiera ocasionar alguna corriente. Lo notábamos los tres.

Una vez, hasta se encendió solo el televisor ante nuestros ojos. El mando a distancia permanecía sobre la mesa, nadie tocó nada.

Otras veces, por ejemplo mientras cocinaba o leía, notaba la presencia de algo, como cuando notas que alguien te está mirando. Y un par de veces, mientras dormía, sentí que algo me tocaba un pie a través de las mantas.

Un día por la mañana nos encontramos en el jardín una de las contraventanas de madera. Al parecer había volado desde la segunda planta, pero esa noche no hizo viento.

Mi padre siempre ha sido muy escéptico en lo que a estas cosas se refiere. No cree en nada que no vea y para todo busca una explicación coherente y racional. Un fin de semana, como muchos otros, vinieron mis padres a visitarnos. Habían llegado el viernes y el sábado por la mañana vi a mi padre muy callado y pensativo. Me contó que la noche anterior vio la luz de mi mesilla encendida y que entró en mi habitación para apagarla. Al salir, a oscuras, notó “algo”, como una presencia que no me pudo describir, en una esquina de la habitación. Yo le conté las cosas que nos habían sucedido hasta entonces, y le dije que estaba completamente seguro de que en la casa vivía algo más que mi hermano y yo. Me aconsejó que nos fuéramos en cuanto pudiésemos. Que mi padre me contara algo así, cuando nunca cree en nada me asustó mucho.

Hubo una temporada en la que oía ruidos arriba de mi habitación, a través del techo. No había nada, sólo hueco de la casa, vigas, etc., pero yo oía como el rodar de una moneda. Esto ocurrió en tres o cuatro ocasiones.

En los últimos meses de estancia en la casa yo estaba muy nerviosa, tenía mucho miedo y por las noches no podía estar solo. Me ponía nerviosa ante cualquier ruido y cumplido el año decidimos irnos. El último día, sobre las 10 de la noche, mi hermano y su novia estaban esperando en la casa al camión de la mudanza, que volvía a por las últimas cajas. El frío que hacía en la casa no era normal. Tuvieron que ponerse, mientras esperaban, varias chaquetas y bufandas encima porque no aguantaban el frío. Yo llegué en mi coche tras el camión para recogerles. Al montar en el coche, miramos a través de la verja a la casa y nos dio un escalofrío. Era una imagen fantasmagórica, diferente en algo a la que tenía habitualmente. Se nos puso la carne de gallina y yo me pregunté: ¿“cómo hemos sido capaces de vivir aquí un año?”.

Puede que, después de lo que les he contado, puedan darme alguna explicación de los hechos, aunque supongo que hacer un análisis en profundidad sin conocer la casa personalmente les sea difícil. Espero no haberles molestado al contar mi experiencia. Reciban un saludo.