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Libros fuera del tiempoOrlando de Virginia Woolf.-Virginia nació el 25 de Enero de 1882 y murió el 29 de Marzo de 1941. Nunca fue al colegio. Estudió en casa y leyó incansablemente en la biblioteca de su padre. En 1904, tras la muerte de su padre, primer intento de suicidio. Poco después se va a vivir a Londres con sus hermanos. Con ellos y sus amigos fundan el grupo de Bloombury entre quienes estaban los filósofos Bertrand Russell y Ludwing Wittgenstein.(Derecha su mapa astral).
En 1912 se casa con Leonard Woolf tras una depresión causada por su proposición matrimonial, que la hace pasar un corto tiempo en una casa de reposo. Con su marido funda la editorial Hogarth Press, donde editó sus propias obras y la de gente fundamental como Freud, Katherine Mansfield, T.S.Eliot... Sus
obras principales son: “2 historias” que es una visión de su compromiso
social y femenino. “Fin de viaje” en 1915. “Noche y día
Dos citas muy significativas tanto del contenido de su obra como de su vida: “La vida es un sueño, el despertar es lo que nos mata”. Y “es mucho más difícil matar a un fantasma que a una realidad”. En 1941 se suicida llenando sus bolsillos de piedras y metiéndose en un río.
OrlandoNovela de intenso poder evocador, plagada de imágenes fascinantes y todo el despliegue poético (en su sentido más profundo de lenguaje simbólico-arquetípico) característico de toda su obra. (Dcha. N.Kidman-Virginia)
En cualquier otro escritor una historia con ese argumento (con cambios de sexo y de época incluidos) se etiquetaría como literatura fantástica. Pero es un libro que trasciende cualquier género por su profunda sutilidad laberíntica. En ese sentido, sin embargo, pueden rastrearse pasajes que recuerdan a la futura forma de contar, llamada realismo fantástico, de un García Márquez. En realidad se trata de invocar esa frontera onírica que a veces viene contenida en la propia realidad. Por ejemplo: “Los pájaros se helaban en el aire y se venían al suelo como una piedra. En Norwich una aldeana rozagante quiso cruzar la calle y, al azotarla el viento helado en la esquina, varios testigos presenciales vieron que se hizo polvo y fue aventada sobre los tejados. La mortandad de rebaños y de ganados fue enorme. Se congelaban los cadáveres y no los podían arrancar de las sábanas. No era raro encontrar una piara entera de cerdos, helada en el camino. Los campos estaban llenos de pastores, labradores, yuntas de caballos y muchachos reducidos a espantapájaros paralizados en un acto preciso, uno con los dedos en la nariz, otro con la botella en los labios, un tercero con una piedra levantada para arrojarla a un cuervo que estaba como disecado en un cerco”. (Dcha.Pasaporte)
Constantes referencias a la ambigüedad. No sólo de sentimientos y sensaciones sino de sexos. Este último uno de los ejes de la novela, que trata sobre la identidad fundamentalmente. La primera mención ya aparece al principio de la historia, cuando el protagonista se enamora de una chica que en un momento dado la confunde a lo lejos con un chico. Las historias personales aparecen sin necesidad de justificación, de manera independiente y misteriosa. Casi como un sueño: sucede lo que tiene que suceder y sólo eso, despreciando el entorno y sus datos. De la misma forma en que vemos nuestra vida al mirar hacia atrás, como una serie de escenas sueltas, independientes, irrepetibles y con la sensación a veces de un sentido subterráneo que se nos escapa. La atmósfera es fundamental y muy fuerte. Presencia constante de olores, sonidos, climas, emociones... Un aire abarrotado de sensaciones. Y ese tropel sensorial y de remembranzas se agita por momentos, convirtiendo en siglos un segundo y dejando espacio a la contemplación y el deleite sensitivo: eso que conforma (esa materia de la que está hecha) ciertas películas atmosféricas que los que no saben paladear la vida llaman lentas, pero que los “golosos” vitales gozan profundamente. Y es que Virginia Woolf pertenece a la familia espiritual de las películas de David Lynch o Wong Kar-wai (el fascinante director de “Deseando amar” y “2046”). Espirales perturbadoras y laberínticas que, por eso mismo, apuntan al misterio del corazón, al centro de la vida.
Habla del tiempo real, es decir subjetivo. Ese tiempo que puede hacer que “salía con 30 años después de almorzar y volvía a cenar con 55 por lo menos”. Trata sobre un adolescente del siglo XVI inglés, que aspira a dejar una huella útil de su paso por el mundo. Su gusto va por la literatura, pero desengañado por la mediocridad del típico escritor medio que es el que más abunda siempre y es siempre olvidado poco después de su muerte, un reflejo doloroso a quien no quiere parecerse, aspira a la huella material y anónima de tantas manos sin nombre. Anónimas esa es la clave: lo que importa es la obra, no quien la hizo. No importa si fue un hombre o una mujer, creyente o escéptico... Una vez que aparece lo ambiguo como lo que contiene más de un lado y extendiendo esa cualidad es lo que acoge a todas las posibilidades indistintamente, porque al final lo que importa es lo que sintió y lo que materializó. Y la presencia de lo simbólico a cada paso, en cada detalle. Por ejemplo el hecho de que su casa tenga 365 habitaciones. Un ciclo entero, una vida entera. Y una asombrosa y profunda constatación del amor: “Pues el amor, al que podemos volver ahora, tiene dos caras: una blanca, otra negra; dos cuerpos: uno liso, otro peludo. Tiene dos manos, dos pies, dos colas, dos, en verdad, de cada miembro y cada uno es el reverso exacto del otro. Sin embargo están ligados tan estrechamente que es imposible separarlos”.(Abj. pintada por su hermana)
La vida de Orlando, el protagonista, le lleva después a Constantinopla y allí le sucede algo insólito por lo profundo y crucial de la experiencia: después de una fiesta se va a la cama y duerme, duerme, duerme sin que nadie pueda despertarle durante 7 días (de nuevo un símbolo de un ciclo completo, esta vez encarnado por un número mágico y esotérico). Y cuando despierta es una mujer. El dormir. Estado del alma también fuente simbólica por dos razones. Una que durante ese tiempo el exterior está de alguna manera “paralizado” como nuestro cuerpo. Un periodo de paréntesis, de pausa enigmática. La segunda que durante ese tiempo es posible el sueño. El acceso directo a nuestro inconsciente, y quizá también al colectivo. Contacto con nuestra parte más sabia y con ese lado misterioso de la vida que se desdibuja, rozando otras dimensiones. Una “muerte” diaria... Sí, de repente se despierta y se ha convertido en una mujer, con todo el recuerdo de su pasado intacto, su misma cara, su misma identidad. Paso inevitable en cualquier viaje iniciático, la trascendencia del género para poder convertirse en un ser que abarca a ambos sexos, haciendo así posible el Amor: la experiencia de ser una persona. Más allá de etiquetas y prejuicios. El escalón que permite volar aunque no lo provoca directamente. Sólo lo hace posible. Otro sexo pero igual identidad. La identidad está más allá del sexo y la esencia, si existe, también. Después de esa transformación abandona su puesto de embajador y huye por los campos con una tribu de gitanos vestido (ahora “vestida”) con la casaca y los bombachos turcos que pueden vestir ambos sexos. Y vive con ellos hasta que empiezan a recelar de su actitud contemplativa y solitaria, de su viejo amor por la naturaleza, de su vena poética... Cuando tiene que vestirse de mujer para volver a Inglaterra y descubre la manera absurda de tratar a las mujeres y lo que se espera de ellas se da cuenta de que esa naturaleza femenina (sumisa, recatada, etc.) es falsa. Pero lo más importante es esa capacidad, otorgada por su transformación, de estar fuera de ambos sexos y verles a ambos desde fuera. También descubre lo bueno de la situación femenina: no tener que preocuparse de ambiciones externas y poder dedicarse a la contemplación y el amor, que como poeta reconoce ser lo mejor de la vida. La actitud más sabia y profunda. La ironía entrelazada constantemente al describir la acción. Y lo sensorial entrelazado con los pensamientos. El resultado es relativizante y fusionador, sorprendente y revelador. O la ironía reinando en solitario en algunos párrafos. Ironía sutil y con matices surrealistas. Juega a ser mujer, sabiendo que no es en el fondo de ningún sexo y de ambos a la vez. Y aunque se había transformado en una mujer, de vez en cuando sale vestida de hombre por las calles y gozaba del amor de ambos sexos. En un encuentro tumultuoso con un hombre en pocos minutos entrelazan sus vidas sin necesidad de contársela. En resumen él la dice de repente: “señora eres un hombre...”. Y ella le dice: “eres una mujer...”. Y la identidad siempre perenne en lo que nunca cambiaba en él/ella: carácter pensativo, introvertido, amor por la naturaleza y la poesía. Todo lo demás cambiaba y la gente es en lo que se fija porque es más difícil y peligroso descubrir y observar la base de lo que permanece. El tiempo desaparece y van pasando los siglos para Orlando, como si su transformación la hubiera sacado de la línea del tiempo y también lo contemplara desde fuera. Y los antiguos siglos tan vitales (del XVI al XVIII) dan paso al XIX. Un siglo puritano, lóbrego y artificioso, con los trajes femeninos más horribles y grotescos de toda la historia (el miriñaque, etc.). A lo largo de los siglos sigue escribiendo, corrigiendo y reescribiendo un manuscrito titulado “la encina”, comenzado en su adolescencia en el siglo XVI. Y la búsqueda de la esencia de una persona (la misma que la de la vida y lo que se llama mundo) se hace desesperada en las páginas finales (ya en el siglo XX), cuando se han recorrido ya todos los pasillos y esquinas del laberinto que está a nuestro alcance. Y entonces y sólo entonces se comprende que eso no basta. Que el resto, lo que está más allá de nuestros límites es lo desconocido. Y allí, en lo desconocido, se agita y bulle eternamente el centro del misterio. Siempre a punto de ser rozado con la punta de los dedos y el borde del sexo, y siempre esquivo por su infinito movimiento en alguna dirección que no vemos, porque estamos dentro y no podemos verla desde fuera. O al menos, no todo el tiempo. [Roberto Ayuso] |
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