Mitos
y Leyendas
Pueblos
“malditos” en España.-
Comunidades,
étnias, pueblos o colectivos (el cómo llamarlos también tiene contornos
difusos) marginados por sentirles diferentes, de orígenes míticos y
ancestrales, que más tarde y como reacción se automarginaron orgullosamente,
sin querer o poder explicar sus diferencias al mundo exterior, al que
también prohibieron su acceso.
Se creó así una doble oscuridad y desconocimiento.
Los que surgen del rechazo de los otros y los que se derivan del
autoaislamiento. Como muy bien dice el interesantísimo historiador
Juan García Atienza (del
que ya publicamos un resumen de un artículo sobre el origen
mítico de Noya en la costa gallega en el número 1 de la revista):
“Suele suceder en estos casos de segregación y desprecio que
la persona segregada acaba por tomar conciencia y orgullo de la
discriminación y cuando el discriminante se siente conciliador,
entonces es él quien quiere mantener la distancia y dar a su postura
la categoría histórica, emocional y biológica que indudablemente
posee”. En este artículo me baso fundamentalmente en su fascinante
libro “Guía de los pueblos malditos españoles”, que incluye rutas,
señalando zonas, pueblos o barrios, iglesias y otros restos.
Ejemplos
de segregación existen en muchas partes (el antiguo régimen separador
de los negros en Sudáfrica antes de la llegada de Mandela, las persecuciones
a los judíos en Europa a partir de la edad media, el rechazo a los moriscos
en la propia España del siglo de oro...), pero existen otros colectivos,
de los que trata este artículo, en los que no se logra ver ni dilucidar
cuáles son los motivos diferenciales que provocan tal discriminación.
Son por tanto colectivos misteriosos, hoy en día muy difíciles de rastrear,
cuyas razones diferenciales se han perdido, olvidado o diluido, más
o menos.
Estas colectividades
españolas tienen un rasgo muy curioso y es que siempre vivieron en una
zona geográfica muy concreta. De todos ellos (maragatos, vaqueiros,
pasiegos, agotes...) se creía que el contacto con ellos era peligroso
o directamente dañino: material y/o moral. En este sentido es muy sugerente
y enigmática la acusación generalizada de “leprosos”, ya que por su
falsedad se revela como un poderoso símbolo de miedo y rechazo ante
algo que puede contagiarse, y a falta de razones físicas remite a motivos
psíquicos o espirituales misteriosos.
El origen
de la marginación siempre es nebuloso y se pierde en la noche de los
tiempos, apuntando a veces a algún elemento secreto ¿de los propios
pueblos marginados que no querían compartir con los demás?...
Incógnitas:
¿Quiénes eran?, rasgos que les diferencian. ¿Porqué causa les rechazaron?.
Los motivos, razonables o ilógicos. Y ¿De dónde surgieron esos colectivos
y cuándo aparecieron?. Ubicación espacio temporal.
Atienza
en su libro apunta una hipótesis fascinante, señalando el hecho sugerente
y más que curioso, de que todos ellos estaban, o están situados en la
zona del camino de Santiago, esa senda iniciática, precristiana y mágica,
que aún se recorre en la actualidad de manera cristianizada, por gente
de todo el mundo desde la frontera francesa hasta el mar gallego. En
palabras de Atienza: “Hubo, a lo largo de los tiempos, una tendencia
irracional (o mágica si queremos) que, de un modo inexplicable desde
coordenadas lógicas, señalaba como meta trascendente las tierras del
Finisterre gallego. De allí partían –siguen partiendo- tradiciones insólitas
(...) y allí tienen también su cuna insólitos petroglifos cuyas inscripciones
arcaicas nunca han sido debidamente desentrañadas. Allí se mantiene
igualmente viva la religión remota (la religión natural del hombre),
incluso en tiempos en que el cristianismo domina ya espiritual y materialmente
sobre toda la península y sobre el resto de la Europa que llamamos occidental,
hasta el punto de que santos como Martín de Dumio, obispo de Braga,
tiene que lanzar constantes amenazas y terribles anatemas contra los
adoradores de las piedras, contra los veneratores lapidum.
Pues
bien, en esos caminos mágicos, pisados devotamente desde milenios, formando
parte consustancial de su propio enigma, están los pueblos malditos.
¿Por qué?”.
¿Casualidad?.
Según su hipótesis, que a mí me resulta bastante lógica, esos pueblos
serían poseedores desde un tiempo inmemorial de un secreto conocimiento
espiritual. ¿Quizá el secreto de los también enigmáticos constructores
medievales?. Y, como dato complementario, serían adoradores del dios
celta Lug, con todo el conocimiento druídico que ello implica y del
que se derivarían los saberes brujeriles, también muy presentes en la
zona de estas colectividades.
Vaqueiros
(zona en la región de Asturias)
Trashumantes,
desde tiempo inmemorial, entre los pastos cercanos a la costa oeste
asturiana (en invierno) a los prados montañeses que separan Asturias
de León (en verano). Las fechas entre San Miguel de mayo a San Miguel
de septiembre. San Miguel es una figura mítica judeo cristiana, un ángel
vencedor de espíritus malignos y relacionado también con el juicio a
los muertos.
Hay supervivientes
en la actualidad, aunque ya ha desaparecido la marginación social. Antes
trasladaban sus cosas en los viajes en sus propios animales (eran ganaderos).
Y ahora, los que quedan, lo hacen en furgoneta o camiones. Debido a
su trashumancia no estaban por lo tanto empadronados en ningún pueblo.
De ahí (¿sólo por eso?) que también se casaran entre ellos (endogamia).
Esto podría ser una razón lógica para sentirlos diferentes, pero no
lo suficiente para explicar un rechazo total.
Tampoco
coincidían sus fiestas y celebraciones con la de los demás campesinos
y pueblos de la zona. Sobre su origen hay muchas teorías. Ellos mismos
tenían una orgullosa canción en la que se dice que los vaqueiros ya
existían : “antes que Dios fuera Dios/ y el sol diera por los riscos”.
Teorías:
esclavos romanos según Menéndez Pidal. Moriscos expulsados de Granada
según Bances y Valdés. Mozárabes obligados a emigrar por el rey Alfonso
I según Félix de Aramburu. Normandos apresados por el rey Ramiro I según
Elías G.Tuñón. Caldeos según Federico Rubio. También se ha especulado
con que fueran judíos o godos fugitivos. De nada hay pruebas.
También
se piensa que no era su origen lo diferenciador con el resto de los
asturianos, sino algo interior que poseían (¿poder, creencia, secreto,
forma de vida?...).
Los hechos
son que no se les permitía vivir en ningún pueblo (ellos mismos construían
sus cabañas en los prados a donde se mudaban), ni se les enterraba en
los cementerios comunes. Y que, a pesar de vivir en la misma zona asturiana,
sus costumbres eran distintas.
Su propia
tradición vaqueira, casi perdida, tiene la conciencia de haber surgido
de algo distinto, sin saber qué. Otro rasgo distintivo son sus casas
de muros de mampostería y techo cónico exageradamente empinado, de entramado
de madera y cubierta de retama, que formaba una capa impermeable para
la nieve y la lluvia (ya fueron descritas minuciosamente por los cronistas
romanos). Existe también algún resto de un antiguo matriarcado en la
dirección de sus bailes tradicionales, y amamantar a los niños atados
a una tabla, para el muy simbólico objetivo de que no se criases “torcidos”.
También pasaban a sus niños por el humo de las hogueras del solsticio
de verano (cristianizadas como hogueras de San Juan) para evitarles
daños. Y existía el llamado “pan de cantiello” en los funerales, para
celebrar el regreso del muerto a la tierra de los antepasados. Había
frases de rasgos paganos, por ejemplo: “soy más decente que el sol”
y relativizadoras de los ritos cristianos como “yo puedo confesar a
los propios confesores”.
Discriminaciones:
Los nobles
de la zona les cargaban con impuestos que no tenían que pagar el resto
de los campesinos asturianos. El clero escribía con letras grabadas
en una zona de las iglesias “De aquí no passan a oyr missa los vaqueiros”.
Al menos todavía puede leerse esa frase en la iglesia de San Martín
de Luiña. Según Jovellanos en otros sitios se les daba la comunión a
la puerta de la iglesia, sin dejarles pasar. No podían llevar al santo
en las procesiones, se les enterraba en cementerios aparte, no podían
ingresar en los seminarios, tenían que atravesar en silencio los pueblos
no vaqueiros que les pillaran de camino, en las tabernas se les servía
en vasos de cuero, nunca de cristal. También tenían prohibidas la profesión
de médicos o profesionales autónomos y casarse fuera de su grupo. Existieron
casos de apedreamientos por la calle.
En contrapartida
ellos rara vez iban a la iglesia y eso se les reprochaba también. Y
se enorgullecían de su diferencia, como en el cantar que decía: “Os
vaqueiros son vaqueiros,/ etchos mismos lo tchuraron/ y vale más un
vaqueiro/ que veinticinco aldeanos”.
La mayoría
de las costumbres rituales señaladas (pasar por el humo, etc.) ya no
las hacen los pocos que quedan y que siguen practicando la trashumancia.
Actualmente ha derivado, como en el caso de los maragatos y pasiegos)
en reclamo turístico, con bodas “vaqueiras” organizadas por ayuntamientos
y demás tinglado turístico folklórico.
La mayor
parte de las brañas (grupos de cabañas cónicas típicas) se han hundido
o están en muy mal estado, aunque algunas han sido restauradas por ecologistas
ciudadanos que tratan de revitalizar el contacto con el pasado y la
naturaleza.
Maragatos
(zona en León)
En
la actualidad han acabado también convertidos en reclamo folklórico.
Pero en este caso hay una diferencia notable y es que no humo marginación
sino admiración o respeto lejano por su diferencia. Es decir en este
caso lo que sí hubo fue autoaislamiento. Ese apego por lo suyo se expresa
además en que siempre regresan a su tierra. Aunque sea sólo en verano,
llenando de gente pueblos solitarios en invierno.
Orígenes:
Según unos
antiguos moriscos cautivos, teoría muy traída por los pelos. Según otros
celtas, como afirma Eduardo Saavedra. O bien serían una mezcla de astures
y fenicios.
Rasgos distintivos:
Adoradores
desde la época prerromana de la madre tierra (Tanit), con gran persistencia
de sus creencias paganas. En este sentido es curiosa la fuerte influencia
en todo el Bierzo de las doctrinas del hereje Prisciliano del siglo
IV, una mezcla de gnosticismo y paganismo, que acabó siendo decapitado
acusado de herejía y magia (según algunos este hereje sería el cuerpo
enterrado en la tumba de Santiago en Compostela, basada en la no probada
presencia del apóstol Santiago y la dificultad de que acabara en tierras
gallegas).
Como todas
estas colectividades el matrimonio era endogámico y tenían costumbres
ceremoniales muy marcadas en nacimientos, bodas, etc. Por ejemplo la
covada, que consiste en el rito de atender al padre como si hubiera
sido él quien hubiera parido, tras el nacimiento de un niño. Y hacían
cosas al revés, como su célebre cocido maragato plato tradicional en
el que se empieza por el final y se acaba por la sopa (muy significativo).
También
viajaban mucho porque una de sus ocupaciones principales era el comercio
y antiguamente en la minería. Una curiosidad es que tenían algunas prendas
de sus trajes tradicionales semejantes a prendas folklóricas judías.
Y otro rasgo peculiar era la tendencia sistemática de dar a sus hijos
una gran educación cultural. En este sentido existen cifras del siglo
XIX y XX que reflejan en algunos pueblecitos de la zona la mayor concentración
de toda España de universitarios.
La ausencia
de marginación en su caso quizás es debida al hecho de que tenían sus
propios pueblos, es decir vivían separados del resto, mientras que los
demás pueblos malditos tenían que compartir, malamente, las mismas zonas.
Pasiegos
(valle del Pas en Cantabria)
Se
sabe muy poco de ellos. Es más, las noticias difundidas sobre su diferencia
son relativamente recientes. Vivían en prados de alta montaña y eran
ganaderos como los vaqueiros, aunque sus traslados eran una simple muda
cercana de un prado a otro dentro del mismo valle.
Tampoco
frecuentaban las iglesias ni al resto de la gente y practicaban la endogamia.
Existe la
teoría de que su origen fuera una mezcla entre ligures y celtas.
Agotes
(zonas en Navarra y Aragón)
La
palabra viene de la forma de llamarlos en la edad media “cagots” en
Francia y parte de Navarra. Pero antes se les llamó leprosos (común
adjetivo de la mayoría de estos pueblos), gafos, crestias y mesillos
(sinónimo de leproso).
Gafos ya
era un insulto grave en el siglo XII y es el gafe actual, alguien que
trae mala suerte a los demás. Crestias viene de cristiano y sugiere
algún tipo de “cristiano” especial ya que necesita ser llamado así para
que le admitan como tal. Los demás pueblos de esa religión no necesitan
ponerse ese nombre para ser reconocidos como tales. En general ese tratamiento
suponía, en la edad media y el siglo de oro, indicar un cristiano “nuevo”,
reciente, converso, o mal asimilado.
Leproso
no sólo significa el enfermo físico de lepra, sino que remite al diferente,
al peligroso, al señalado aparte. Y también por derivación del patrón
de los leprosos San Lázaro (el santo resucitado con lo que ello supone
de proceso iniciático tradicionalmente mágico) remite a alguien iniciado
a otra realidad, a otro estado o nivel de consciencia.
Orígenes:
Según alguna
teoría serían descendientes de los constructores del templo de Salomón
en Jerusalén (teoría que parte de los trabajos típicos agotes, carpinteros
y canteros). Según otros serían descendientes de godos arrianos, es
decir herejes. También se les ha relacionado con la herejía cátara del
sur de Francia, pero esta teoría no se sostiene porque cuando empezaron
las persecuciones contra los cátaros en la cruzada francesa, ya estaban
los agotes en la zona desde hacía mucho tiempo. Otra teoría dice que
podrían ser moros derrotados por Carlomagno.
Diferencias:
En ellos
no aparece el orgullo diferenciador presente en otros pueblos malditos.
Por el contrario, ellos tendían a silenciar siempre su origen. Es curioso
entre sus prendas de vestir el uso de gorros frigios propios de algunas
comunidades iniciáticas.
Tenían que
llevar en la espalda o el hombro una pata de oca (animal mágico relacionado
con el camino de Santiago). Entraban por una puerta distinta de la iglesia
y tenían que permanecer en su zona en el interior, que solía ser al
fondo a la izquierda. También estaban obligados a llevar el pelo corto
para distinguirlos del resto de los campesinos que lo llevaban largo.
Tenían prohibido el acceso a estudios y de llevar cualquier arma, salvo
un cuchillo despuntado. Tampoco podían ejercer cargos públicos ni coger
agua de las fuentes de las que se abastecían los demás. Rincón aparte
en los cementerios y prohibido todo tipo de comercio. Sólo se les permitía
el oficio de canteros, carpinteros, artesanos, sepultureros y constructores
de cadalsos. Músicos también. Algunos de entre ellos llegaron a tener
fama de magos.
En 1524
existen documentos por los cuales el rey Carlos I de España y V de Alemania
ordena que desaparezca su marginación. Pero en realidad fue desapareciendo
poco a poco. En la actualidad ya no se da, ni se les considera diferentes,
pero todavía se recela, no se quiere hablar del tema y es difícil obtener
información sobre el terreno. Es decir el pasado aún se siente aunque
ya no exista.
Hubo una
novela publicada en los años 20 por Félix Urabayen y titulada “El barrio
maldito” que habla del barrio agote de una localidad.
Soliños
(Pontevedra)
Ejemplo
de otros colectivos más pequeños y menos conocidos. Según una fascinante
creencia popular serían descendientes de brujas y piratas normandos.
Dones mágicos
heredados de sus madres. De sus padres heredarían la fuerza y el odio
a la gente de los contornos.
Considerados
muy peligrosos y evitados por ello.
Fuerte huella
pagana precristiana en la zona.
En la actualidad,
como con los demás pueblos malditos, apenas queda nada de todo esto,
pero aún hay algún que otro campesino que señala como soliños a determinadas
familias.
Otros
colectivos
También de
origen mítico serían los gentiles en determinada zona del país vasco,
considerados descendientes de los “gentiles” seres no humanos mezclados
con paisanos de la zona.
Y dejamos
sin tocar la segregación de los judíos, muy abundantes por ejemplo en
Mallorca (zona que toca extensamente Atienza en su libro) por considerar
que existió en general desde la edad media en toda España.
Y aparte
también pueblos enigmáticos pero extinguidos poco después de su conquista,
me refiero a los guanches de Canarias, que Atienza apunta en su libro
(interesantísimo su estudio de los guanches) como descendientes ¿atlantes?.
En todo caso los propios guanches se consideraban supervivientes de
un mundo desaparecido después de un gran cataclismo.
Precisamente
por los huecos de este artículo volvemos a recomendar el libro de García
Atienza, que aunque posiblemente descatalogado en la actualidad merece
la pena buscarlo en bibliotecas (es de una de donde yo lo he sacado).
[Tesa Vigal]