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CINE PeliculaSecreta(Paseo por el amor y la muerte, Huston)

En Cartel

Princesas, Fernando León.-

Lo primero que destaca en ella es la gran interpretación de Candela Peña, quizá una de las mejores o la mejor de su carrera. Y luego, o mejor al mismo tiempo, una de las características del cine de Fernando León: sus magníficos diálogos, conmovedores, intensos y sencillos (que no simples). Tienen una cualidad casi mágica, propia de un cuento, de esos que atrapan alma y piel (que a lo mejor son dos caras de una única cosa), relatados en momentos especiales que convierten una circunstancia en instantes íntimos y memorables.

Por supuesto después de decir esto, está claro que el enfoque de la película no es el periodístico (si por eso se entiende una relación de hechos sin más) y mucho menos el sensacionalista o morboso. No es una película de sexo, es una historia del lado interior de la vida de dos putas. Este es uno de sus logros porque pone “cara” y corazón a ese tipo de personas más o menos marginales que nadie mira, que nadie quiere ver como persona individual sino como funciones. Y es también la historia de una amistad, en principio imposible por ser rivales profesionales sus dos protagonistas.

Recordando frases de la película está la referencia al mar ausente y por eso mismo muy importante ya que se piensa mucho en él. Y está el comentario sobre esos desvíos que a veces aparecen en la vida y que a veces, como en un coche, nos pasan desapercibidos. Y esa nostalgia de lo que no se ha vivido. Y esos sueños, patéticamente pequeños y por eso muy grandes, que ponen en evidencia de un plumazo el alma de alguien y su búsqueda de un sentido. Y esa mención del miedo de que exista otra vida y sea igual que esta, al contrario de mucha gente que dice tener miedo a la muerte por si no existe nada detrás de ella.

Y luego están esos otros personajes secundarios, pero magníficos, como el maltratador que nunca sale maltratando pero cuyos ojos sombríos son todo un derroche de oscuridad silenciosa. O la de miss metadona, chica frágil y patética también de esa galería de personajes a los que no se quiere ver.

No he visto la primera de sus películas, “Familia”, de la que existen muy buenas referencias, pero esta “Princesas” es para mí muy superior a “Los lunes al sol” y casi tan buena como “Barrio”. Si se recuerda la impresionante y fascinadora escena de los tres chicos caminando por las vías del metro hacia la estación abandonada, se sabrá el nivel emotivo e intenso de “Princesas”.

[Mercedes Marín]

 

 El Método, Marcelo Piñeyro.-

No he visto la obra de teatro así que no puedo comparar.

Luz y colores fríos, metálicos. La atmósfera de cualquier oficina de gran empresa, en un piso alto de cualquier edificio de la Castellana de Madrid, de acero y cristal.

Clima sobrio y retenido (que no contenido). Secretaria de apariencia encantadora y efecto inquietante. Aspirantes a un puesto ejecutivo de mirada escondida y gesto solvente y responsable. Gente “seria” con motivos superficiales claros pero motor oculto. Lo mismo se puede decir de la empresa que quiere contratar a uno de ellos. De ahí ese método maquiavélicamente psicológico que pretende conocer la materia de la que están hechos los aspirantes. Eso es lo importante, mucho más que su historial profesional. Y como en los relatos de Kafka nunca se ve a los poderosos, sólo a sus subalternos.

Sueños de amor y libertad obligados a ponerse en la balanza del poder. Relaciones prácticas y funcionales en vez de personales. Sexo solitario aunque compartido. Patética traición triunfante. Desprecio de una persona en nombre de alguna de sus “etiquetas” circunstanciales. Pobre moral subalterna. Rechazos forzosos. Juegos amargos…

Magnífica interpretación de todos ellos, entre las que destacan la de Eduard Fernández, como siempre, y un Ernesto Alterio que da vida al papel más difícil. Y un final ceniciento y áspero en una calle solitaria y naufragada.

[Pepe Soria]

 

 Otros días vendrán, Eduard Cortés.-

Magnífica interpretación, de nuevo, de la gran actriz Cecilia Roth. En esta historia dando vida a una mujer de cuarenta y pico, solitaria, insomne, madre de una adolescente y amante de otro, conocido a través de un Chat.

Película intensa y sobria (como la interpretación de sus dos protagonistas, Cecilia y Antonio Resines), sobre gente naufragada y marcada por circunstancias desbordantes. Tristeza y melancolía, desesperación y radicalidad adolescente, determinación sedienta de una madurez que se niega al conformismo, flechas patéticas, engañosa y letal calidez de la pantalla de un ordenador, refugios alcohólicos, noches vacías de silencios densos.

Un impresionante resumen de la película podría ser la escena en la que un viejo enfermo de Altzeimer (Fernando Guillén), padre de la protagonista, coloca un cartelito sobre el espejo, sistema para no olvidar las cosas, donde escribe con mano temblorosa “yo”.

Cuando el silencio posibilita subirse al tren de lo posible y el guardar secretos es la única manera de seguir viviendo. En las relaciones personales, especialmente en las amorosas, es imprescindible no compartirlo todo, reservar siempre un espacio íntimo e intransferible, gracias a eso se mantiene el “alma” de una vida propia y por tanto se tiene algo que compartir. Indirectamente esta historia habla, aunque de manera deficitaria y por los pelos a veces, del viaje interior de cada cual, de ahí que en clase de la protagonista se esté hablando de la “Odisea” de Homero, ese viaje a Itaca misterioso y personal que ronda a todos los que quieren, necesitan, vivir una vida plena, buscarle un sentido, o ser libres. ¿O en realidad las tres cosas son complementarias?, ¿ o quizás idénticas?.

Íntima y silenciosamente sonora, como diría en un poema San Juan de la Cruz, conmovedora y sincera.

[Bruno Díaz]