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CINE EnCartel(Match Ponit, La vida secreta de las palabras)

La película secreta

Esta sección está dedicada a una película especial, que no tiene porque ser “buena” y que puede ser conocida o desconocida. Para unos quizá sea maldita, para otros menor, para estos un sueño, para aquellos una joya en potencia, y para otros detestable. Pero nunca indiferente.

La leyenda de la ciudad sin nombre, Joshua Logan.-

Las películas del oeste hablan, fundamental e indirectamente, del origen de la moral y las leyes, del principio social que aglutina la convivencia de las personas. De ese lugar fuente, en el que los seres humanos se encuentran solos frente a sí mismos y frente a los demás.

Pues bien, La leyenda de la ciudad sin nombre lo hace doblemente, porque trata el tema directamente y esa es una de sus peculiaridades, una ciudad naciendo desde cero. Y unas relaciones afectivas también planteándose desde cero.

Una mujer, que antes fue una de las dos esposas de un mormón, entabla relaciones amorosas, sin proponérselo, con dos hombres del campamento de buscadores de oro a donde llega. El resto, como diría un bolero, es seguir el hilo de su corazón. Cuando los dos “afectados” la piden que elija entre ellos, ella se niega porque afirma que les quiere a los dos. Así comienza una encantadora, sugerente y anticonvencional historia de amor a tres bandas, consentida y disfrutada por los tres, con los “maridos” turnándose en la cama de su mujer, hasta que la llegada de colonos más conservadores y religiosos acaba con esa situación idílica.

Lo de menos es que tenga algo del género musical. Las canciones que contiene (algunas tan famosas como la de la “Estrella errante”, cantada, susurrada, con la maravillosa voz rota de Lee Marvin) no rompen en absoluto la trama ni el rimo de la historia. La complementan de manera enriquecedora y son secundarias en ella.

Tres protagonistas con carisma de la talla de un joven Clint Eatswood, Lee Marvin y la inolvidable protagonista de “Al final de la escapada” de Godard, Jean Seberg.

Una de esas historias rompedoras propia de la década de los 60 y 70. No es una peli redonda sino desigual y sin embargo tiene un atractivo irresistible. Porque dan ganas de completarla y continuar metido en ella. Con esos jinetes cabalgando por ahí, a la aventura, y fundando una ciudad sin nombre ni ley.

Especial por su infinita nostalgia de una posible edad de oro siempre amenazada y siempre latente.

Y te pones a soñar en todo eso. Su recuerdo es de lo más rico (en el sentido de abundante y de delicioso) y sugerente.

[Pablo Jiménez]