Síndrome
de Williams
En cierta ocasión pidieron a una adolescente,
con un cociente intelectual de 49, que dibujara un elefante y relatara
por escrito todo lo que conocía acerca del animal. No hubo quien
entendiera el garabato, pero su descripción resultó de una
riqueza impresionante.
La expresividad de la joven en cuestión es típica
de personas con síndrome de Williams. Se trata de una afección
poco común que ha comenzado a despertar el interés de distintas
ramas de la ciencia. Aunque no todos los individuos que padecen el síndrome
presentan idéntica sintomatología, suelen parecerse entre
sí. Se les suele confundir con retrasados mentales y, por lo general,
su cociente intelectual, según reflejan las pruebas al uso, es
bajo. Leen y escriben mal y tienen muchas dificultades con las operaciones
aritméticas, incluso las sencillas. En otros campos, sin embargo,
hacen gala de una finura extraordinaria. No sólo tienen facilidad
para la expresión oral, sino también para el reconocimiento
de caras. Tienden a la locuacidad y la sociabilidad, y son tremendamente
empáticos.
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Además, y aunque los datos sean anecdóticos,
algunos de estos pacientes poseen un talento musical extraordinario. Aun
cuando su grado de atención para la mayoría de las tareas
sea limitado, muchos escuchan música o tocan instrumentos con una
pericia sorprendente. Pese a que la mayoría es incapaz de leer
las notas musicales, destacan por su oído finísimo y un
sorprendente sentido del ritmo (se conce el caso de un muchacho que aprendió
con gran facilidad a tocar simultáneamente con una mano un tambor
con un tiempo 7/4, y con la otra otro tambor con un tiempo 4/4). Muchos
de estos individuos retienen en su memoria durante años composiciones
musicales complejas y recuerdan la melodía y la letra de largas
baladas (se ha documentado el caso de uno que canta canciones en 25 idiomas)
Los más experimentados improvisan e interpretan melodías
con extraordinaria facilidad.
Este tipo de anécdotas ha despertado el interés
por el estudio sistemático de la capacidad musical de los niños
afectados por el síndrome de Williams. Los resultados indican que
los Jóvenes distinguen bien las melodías; se interesan por
la música y responden emotivamente con viveza mucho mayor que el
resto de de la población. Cierto muchacho confesaba que "la
música es mi manera favorita de pensar".
Aunque el síndrome de Williams que se presenta
en uno de cada 20.000 nacimientos en la población mundial haya
atraído un creciente interés en los últimos tiempos,
no era en absoluto desconocido. Del trabajo de Howard M. Lenhoff se desprende
que los enfermos inspiraron historias en las que intervenían una
pléyade de personajes fantásticos: elfos, gnomos, duendes
y otros.
Los personajes míticos de los cuentos son a
menudo músicos y narradores. Las hadas repiten una y otra vez las
canciones que han oído y pueden seducir a los hombres con sus melodías.
Cosas parecidas podrían decirse de los enfermos de Williams, pues
poseen dotes narrativas y musicales fuera de lo común.
En general son personas cariñosas, llenos de
ternura y muy sensibles a los sentimientos de quienes les rodean (tal
y como se describen a las "hadas madrinas" en los cuentos).
El mundo medico no se ha percatado de la existencia
del síndrome hasta hace 40 años. En 1961 J.C:P. Williams,
un cardiólogo neocelandés, advirtió que un grupo
de pacientes pediátricos compartían determinados síntomas.
Además de problemas cardiacos semejantes, tenían rasgos
de elfos (nariz respingona, barbilla reducida, ojos saltones, orejas ovaladas,
boca grande y labios gruesos) y eran, al parecer, retrasados mentales.
De bebes muestran dificultades para la lactancia, duermen
mal y pueden ser muy irritables. A medida que crecen su voz se hace ronca
y proceden con extrema lentitud en el desarrollo. Por termino medio comienzan
a andar pasados los 20 meses, a menudo sobre los talones, algo que suele
persistir a lo largo de toda la vida y que les confiere un extraño
aspecto al andar. Además estos enfermos, muy sensibles al ruido,
suelen ser de corta estatura en relación con los demás niños
de su entorno, y parecen envejecer prematuramente (arrugas prematuras
y cabello gris).
Existen casos de niños con síndrome de
Williams que con 13 años tienen un coeficiente intelectual de 50
(deficiente mental), que escriben y leen como sus semejantes de 6 años
y, sin embargo, se expresan con una extraordinaria belleza.
Se ha descubierto que los pacientes con síndrome
de Williams utilizan un vocabulario bastante más amplio de lo que
cabe esperar para su edad mental y tienden a ser mas expresivos que los
niños de su edad. A medida que relatan un cuento alteran el tono,
el volumen , la longitud de las palabras o el ritmo para aportar mayor
viveza y fuerza emocional al relato. También añaden interjecciones
para captar la atención y mantener el interés de los que
le escuchan. El aspecto negativo de esta característica es que
los adultos encargados de su educación frecuentemente creen que
estos niños poseen una capacidad de raciocinio mucho mayor de la
que realmente tienen, por lo que se les priva del apoyo necesario para
poder superar las tareas escolares.
A pesar de su especial capacidad para utilizar el lenguaje
hablado experimentan serias dificultades para realizar trabajos que requieran
elaborar imágenes, asi por ejemplo tienen dificultades para escribir
y dibujar.
En 1992 se descubrió que esta afección
se debía a la perdida de cierta región minúscula
de una de las dos copias del cromosoma 7 presente en cada una de las células
del organismo. Se especula que este fragmento que falta puede contener
en torno a 15 genes.
[José Luis
Ruiz]
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