Wakan Portada DeQueVaRevista Literatura MitosyLeyendas ManerasVivir

CINE PeliculaSecreta (Deseando amar, Wong Kar Wai)

En Cartel

Más extraño que la ficción, Marc Foster.-

Después de diez años de trabajo, la novelista Karen Eiffel (Emma Thompson) está a punto de terminar lo que puede ser su mejor libro. El último desafío es pensar cómo matar a su personaje principal Harold Crack (Will Ferrell). Lo que no sabe es que Harold está vivo en la vida real, y de repente, es consciente de sus palabras.

Comentario

“Más extraño que la ficción” nos trae una comedia que se asoma todo el rato al precipicio de lo verdaderamente trágico: estar muerto en vida.

El director Marc Foster, junto con su guionista Zach Helm, nos interrogan, jugando con el personaje, sobre si cada uno de nosotros decidimos que nuestra vida sea una comedia o una tragedia. Es el mensaje principal que nos quiere transmitir: que sólo cada sujeto puede decidir qué vida quiere tener.

Si tomamos literalmente el guión tenemos que interpretar que se nos dice que nuestro destino está escrito por otro, con fecha de caducidad incluida. Pero si tomamos al personaje de la escritora Karen Eiffel en sentido metafórico la lectura cambia totalmente.

Karen representaría la apertura a la contingencia, a que precisamente las cosas no están escritas, a que nos van a pasar cosas impredecibles, ilógicas, sorpresivas, etc. Lo único que es seguro es que todos vamos a morir, tal como hace el guiño de que todas sus novelas acaban con la muerte del héroe.

Todos moriremos héroes si hemos sido capaces de vivir nuestra vida.

El personaje de Harold no tiene desperdicio y nos ilustra en forma de caricatura, la posición en la vida de un neurótico obsesivo. Una persona que parece muerto en vida, que ante la carencia de respuesta a las cuestiones últimas sobre el sexo y la existencia toma una “solución” de aislamiento.

En el primer tramo de la película, Foster nos dibuja el estilo de vida de ese obsesivo sometido a la ferocidad de sus síntomas: 70 veces cepillarse los dientes en tal dirección, la dictadura del reloj, no pisar fuera de la raya y un sinfín de rituales. Nos lo pone cómico sin dejarnos ver el sufrimiento que normalmente acompaña a estos síntomas.

Harold se dibuja en esa posición de “NO ESTOY PARA NADIE”. Es alguien que se protege de la posible emergencia del deseo, porque lo cierto es que el deseo lo angustia. La tensión entre EROS y TÁNATOS, entre orientarse por el deseo o mortificarse en la “jaula de su aislamiento” rompe en la película por el lado de la DULCE CHICA y el ASUMIR LA MUERTE.

La chica, Maggie Gyllenhaal, una mujer orientada por su deseo, que dejó Derecho en Harvard por hacer pasteles, por dar amor, por lo que le gusta de verdad. Una mujer que cuando viene el Super -yo feroz en forma de Inspector de Hacienda, le deja claro que no tiene miedo, que ha dejado de pagar una parte por su “no a la guerra”, que no se traga el mal rollo de la inspección, que sigue dando de comer a los pobres.

Todo cambia cuando la voz le concreta que se va a morir. Aceptar que va a morir le permite salir a la vida y movilizar el deseo. Aquí reside el mensaje Universal: ACEPTAR LA MUERTE PARA PODER VIVIR. Vivir es una decisión que tomamos a diario.

Entonces aparece la figura del personaje representado por Dustin Hoffman que le indica esa verdad: ACÉPTALO TE VAS A MORIR. Vivir implica estar disponible a las contingencias, abrirse al otro.

La posición obsesiva favorecida por una madre sobreprotectora que aísla al hijo de la realidad de la muerte, viene a desmoronarse cuando Emma Thompson, figura de madre imaginaria, le confirma que se va a morir. Will Ferrell acude al saber del profesor, figura paterna, quien se lo confirma.

A partir de aquí cambia de posición como sujeto y entra en el circuito del deseo: guitarra, aceptar que le rompen la casa, poder vivir con el amigo, aceptar el amor de la chica en forma de galletas, asumir ser deseado por la chica y desearla… Todo hasta preferir morir en lugar de vivir para que no pase nada.

Este trabajo de elaboración y cambio de posición subjetiva mata al hombre gris ritualizado y permite el nacimiento de un nuevo sujeto del deseo.

[Olga Montón], psicoanalista y coordinadora de la tertulia de cine “El séptimo”

elseptimo@egrupos.net

www.egrupos.net/grupo/elseptimo

 

Babel, Alejandro González Iñárritu.-

Tercera película de este creativo directo mejicano. La mejor y más potente fue la primera, Amores perros, en la cual el montaje de historias paralelas era natural, lo pedía la misma línea de las historias interconectadas. No ocurría lo mismo en la segunda, 21 gramos, donde resultaba artificial y gratuito. No me parece cierto el motivo con el que lo justificó el director, que esa era la forma espontánea de contar-recordar una historia. Al menos no siempre. Pero la película se salvaba por la magnífica interpretación de sus tres protagonistas, actorazos todos ellos (Sean Penn, Naomi Watts, Benicio del Toro), que eran los que le daban su potencia, su intensidad a la historia.

En esta tercera, de nuevo se apoya en la interpretación para darle fuerza. Sin ella quizás hubiera sido una anécdota traída por los pelos. Tal como está impresiona y engancha. Sus temas: el destino, la incomunicación, el aislamiento, la interconexión de cualquier hecho con muchos otros como consecuencia, son expuestos, casi exhibidos. De manera concisa y distante, apenas haciéndose las preguntas correspondientes. Quizás por eso quede ese regusto, esa huella de algo poderoso abatiéndose y envolviendo cada vida humana. Esto es lo que más me gusta de su cine, parece sentir nostalgia de los dioses griegos, que le daban grandeza y sentido a la vida humana. Y les invoca.

[Luís Porras]

 

La ciencia del sueño, Michel Gondry.-

A mí me pareció deliciosa, original, juguetona. Aunque de esos juegos con un fondo melancólico, a veces oculto, a veces explícito. Habla del límite entre sueño y realidad, entre la atracción y la indiferencia.

Me llamó mucho la atención el inusual atractivo ambiguo de la chica, Charlotte Gainsbourourg. Y la propia historia de amor tan limpia y tan contradictoria.

¿Se puede continuar una conversación telefónica en sueños, sin haber colgado?...

Tan recomendable como su anterior película Olvídate de mí, pero menos lograda. A pesar de Gael García Bernal.

[Alba Hidalgo]

 

Cartas desde Iwo Jima, Clint Eatswood.-

Es excepcional, no sólo por su tema (una batalla de la segunda guerra mundial desde la perspectiva japonesa) sino por su manera de contarla: sobria hasta la melancolía, con un temple tal que roza la dureza, humana hasta el antibelicismo, intensa hasta el sobrecogimiento, expresiva hasta la contención.

Y logra expresar algo tan escurridizo como el papel de lo cotidiano como contenedor de los fantasmas interiores, y el surgir de lo trascendente como dador de sentido vital, revelando al mismo tiempo su origen absurdo, patéticamente personal aunque se disfrace de idealismo. Apuntando ambas cosas al misterio ¿inalcanzable? de la fuente de donde manan las motivaciones y los significados de las acciones. Pienso, sobre todo, en una impactante escena límite en el interior de las cuevas y que no quiero contar porque hay que verla.

Basada en las cartas reales del general protagonista, que en efecto había visitado Estados Unidos en los años 30. Algún crítico por ahí se pasó de listo al ignorarlo y reprochaba a la peli que el personaje era un conocedor de la cultura americana. En fin, estas cosas pasan. Para tratar de remediarlo recomendaría tener siempre presente que la realidad y las personas son siempre más complejas de lo que parecen, casi siempre contradictorias y a veces insólitas o surrealistas.

Se trata del cine de Eatswood más hondo, en estado de gracia, cuando la sencillez (no confundir nunca con la simpleza) se alarga hasta quedarse sin palabras. Ya no hacen falta.

[Tesa Vigal]

 

La vida de los otros, Florian Henckel von Donnersmarck.-

La vida espiada y cuestionada, fiscalizada, bajo cualquier dictadura (en este caso la de comunista anterior a la caída del muro). Y los artistas más, ya que sus obras son públicas.

Pero uno de los agentes de la temible policía política Stasi (genial y divertida la escena en el ascensor, con un niño pequeño que reconoce como tal al espía que sube a su lado) empieza a ver tambalearse la base interna que sostenía su trabajo, cuando inicia su escucha exhaustiva de una pareja, poeta y actriz, y en vez de escucharles les oye. Así va comprendiendo sus emociones, sus sentimientos, su intimidad. Se le va revelando la importancia del respeto a la persona más allá de cualquier bien colectivo. Haciéndole descubrir que es ese respeto, precisamente, lo que garantiza lo segundo.

Contada de manera tan sobria y contenida como entregada y sensible, a partir de testigos reales y de cientos de expedientes de los siniestros archivos de aquella policía política. En la España franquista no se llamaba Stasi, era simplemente la brigada político social.

[Mario Iglesias]

 

Y además recomendamos:

Azul oscuro casi negro, Daniel Sánchez Arévalo/ El buen alemán, Steven Soderbergh/ Concursante, Rodrigo Cortés/ Infiltrados, Scorsese/ El jefe de todo esto, Lars von Trier/ El laberinto del fauno, Guillermo del Toro/ ¿Qué tienes debajo del sombrero?, Lola Barrera e Iñaki Peñafiel/Tristam Shandy, Winterbottom/ Venus, Roger Michell/ Una verdad incómoda, Davis Guggenheim/