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Libros fuera del tiempo El extranjero, Albert Camus.- (De la edición de Alianza editorial, Madrid 1997. Prólogo y Álbum de José María Guelbenzu. Traducción de José Ángel Valente) Por Carmen Peces Albert Camus nace en Argelia en 1913, en el seno de una familia muy humilde de colonos franceses. El padre muere en la I Guerra Mundial en la batalla del Marne, cuando él tiene solo tres años, y la familia se traslada a Argel. Allí comienza la escuela y conoce a Jean Grenier, uno de sus profesores, que será una figura importante en su futuro, no sólo en su hacer intelectual, también y fundamentalmente en el terreno afectivo, donde ocupó el lugar simbólico del padre que no tuvo. Es a Granier a quien primero comunica la concesión del Nóbel, en una carta llena de agradecimiento y afecto.
Camus comienza a escribir muy joven. Sus primeros
textos fueron publicados en la revista Sud. En Argel funda el
Teatro del Trabajo y se afilia al Partido Comunista, que abandonará
más tarde. Comienza a trabajar en el Diario del Frente Popular,
pero en 1940, el Gobierno General de Argelia prohíbe la publicación
del diario y pone dificultades para que pueda encontrar trabajo. Es
entonces cuando se muda a París y empieza a trabajar como secretario
de redacción del diario París-Soir, y posteriormente como lector
para Gallimard. Murió el 4 de enero de 1960 en un accidente de coche
cerca de Le Petit-Villeblevin. El día del accidente llevaba consigo
páginas del manuscrito en que estaba trabajando, El
Primer Hombre
El Extranjero La novela El
extranjero
La narración se sitúa en el espíritu de la filosofía
existencialista y con Calígula Camus en momentos de su vida es, de algún modo, un extranjero, un extraño para los otros. Cuando en 1957 le conceden el Nóbel de Literatura, la prensa conservadora le acusa de ser un izquierdista que está a favor de los rebeldes en el conflicto de Argelia. Y a su vez, la izquierda dice de él que es un humanista trasnochado. Fue un compañero incómodo para los intelectuales franceses comunistas. Por otra parte, este cuestionamiento no era nuevo. Su independencia de juicio, cierta rebeldía, sus diferencias respecto a las consignas partidistas, su toma de postura frente al estalinismo, ya le habían colocado en el punto de mira. El protagonista de El
extranjero
De sus deseos, del odio, del amor, de los afectos y las emociones de los otros, él había sido un mero espectador. Después acabará implicándose en los conflictos que otro hombre, su vecino Raimundo Sintes, tiene con una mujer y en los que él, en principio, no se siente concernido. Desde esta indiferencia, acabará matando a un hombre en la playa, un día de calor. Al ser interrogado, insistirá en que fue el calor la única razón del crimen. La pregunta que podemos hacernos es, ¿qué lo mueve a este acto de violencia homicida sin apasionamiento, sin odio?, ¿de dónde este crimen?. Gratuito en apariencia, pues si hay algo que Meursault elude es la acción. Después del homicidio Meursault pasa a ser protagonista y son los otros, testigos de su acto, espectadores. Este crimen, como cualquier acto humano, tiene consecuencias. A partir de él, se produce un viraje en la narración. Hay un antes y un después del homicidio, por el que se le condena a morir ejecutado. La sentencia no le turba, la condena a muerte pareciera liberarlo de algún modo, darle un lugar que antes no tenía.
En este sentido el relato de Camus es magnífico por la forma en que describe la transformación del personaje. Donde había indiferencia, insensibilidad, Mersault comienza a percibir los sentimientos de los otros hacia él. Un pasaje importante es el de las declaraciones de los testigos en el juicio. El testimonio de los amigos le hacen sentirse estimado: dice haber sentido ganas de abrazar, por vez primera a un hombre. Siente también la hostilidad de los otros: siente por vez primera ganas de llorar, y al escuchar la declaración del portero del asilo dice sentirse culpable por primera vez. Al serle comunicada la condena a la pena capital, la cuestión de la temporalidad se hace presente. Cuando empieza a rememorar, puede también situar casi lo único que sabe acerca de su padre: que le gustaba asistir a ejecuciones. Comienza después del homicidio a tener recuerdos, y dice haber sido feliz, y serlo, aun sabiendo que va a morir ejecutado. El pasado se hace presente, justo cuando el futuro está en juego.
De las distintas lecturas que tiene la novela, otro abordaje posible es desde la cuestión del sentimiento de culpa. Se podría decir que su argumento trata de un hombre que quería sentirse culpable. Y la culpa solo puede ser expiada si es reconocida. Podría decirse que puede comenzar a construir su propia historia, cuando estando en la cárcel toma conciencia de la muerte propia, y que la angustia y la culpa inconsciente lo humaniza. Freud habla del delincuente por sentimiento de culpa en el texto, “Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica”, donde plantea cómo hay sujetos que para aliviar la culpa inconsciente que produce sufrimiento, cometen delitos que les permiten ser condenados por ley. Volviendo a la novela, otro pasaje clave en el texto, es una de las visitas que le hace el capellán de la prisión. En el tiempo en que está encarcelado, tiene lugar un encuentro con este capellán que le habla de Dios y de la vida después de la muerte. Es en el encuentro con este hombre cuando aparece la ira, y le insulta y le grita lleno de cólera. Dirá después: “cómo si esa tremenda cólera me hubiera purgado del mal”.
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Esta discusión con el capellán, la privación de libertad, las declaraciones que escucha durante el proceso, el castigo posterior... Todo ello parece hacer tambalear su insensibilidad y esa ausencia de emoción. Como si algo de su extranjeridad, de la extrañeza, desapareciera. ¿Por qué sería un extranjero? O mejor, ¿para quién lo sería?. Porque también podría decirse de Meursault, al menos hasta antes del crimen, que él es un hombre como tantos otros, que deja pasar la vida sin implicarse en ella, que desea a las mujeres, que disfruta del mar, que le gusta el sol mediterráneo, aunque para su desgracia, quiere que ese sol no tenga sombras. Como decía, las críticas que recibió la novela no fueron del agrado de Camus, que parece querer a su personaje. Hay unas palabras con las que, de algún modo, lo define: Meursault no es para mí un desecho, sino un hombre pobre y desnudo, enamorado del sol que no deja sombras”. [Carmen Peces] Junio 2007 |
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