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MANERAS DE VIVIR [Envío textos: twakan@yahoo.es]

Maneras de vivir

Crónicas de un camarero.-

Estoy solo para las 15 mesas llenas. Pero aunque me ven pasar acelerado y estrésico, los recién sentados empiezan a poner cara de perro. Murmuran indignados que no les hago caso, o incluso que hago como si no les viera.

Es evidente que sólo me miran a mí y a ellos mismos, por lo que mis idas y venidas con bandejas cargadas son traducidas como un extraño baile que hago para no aburrirme, o dirigido personalmente contra ellos para joderles. El centro del mundo.

Supongo que está bien sentirse así cuando vas a decidir algo, o cuando estás disfrutando de un momento especialmente bueno. El momento engorda y se expande como el universo J

Pero en este restaurante, o en las cafeterías o bares de copas donde he trabajado antes, sólo sirve para pelearte con fantasmas y perder el tiempo envenenando el momento. No se les ocurre hablar con el encargado o el dueño, para exigir que contraten más personal. Se empeñan en no ver la situación por entero, sino sólo su parte pequeñita. Lo bueno del asunto es que el tiempo pasa rápido aunque al final, cuando paras, el cansancio es un plomo que te cae de repente encima. Lo malo es el estrés (he conocido muchos compañeros que acaban con úlcera de estómago), los sueldos muy bajos por lo general, los horarios “extendidos” hasta cerrar el local y las fiestas en las que se curra con más trabajo que otros días normales.

Y ciertos clientes. Porque uno se encuentra de todo. De eso también saben mucho los taxistas. Para bien o para mal. Está el cliente insoportable que le busca vueltas a todo, o despliega una lista de manías. Que si el sándwich sin bordes en el pan, que si lo ha pensado mejor y el café de otra manera, que si no le gusta la pinta que tiene lo que acabas de servirle, que si los cubiertos están mal secados, que si algo en tus gestos le ha parecido mal, que si no te quiere “soltar” porque necesita contar su vida a alguien… En fin… A esto hay que añadir las normas del local de no permitir venta ambulante, que suele acabar con indeseables situaciones en las que te las dan desde los dos bandos, como si fueses tú el que hubiera puesto esas normas.

Ah ¿y tengo que recordar que hay gente con un “mal beber”? Su bronca la paga el que está más cerca. Adivinen quién suele ser la víctima. No te cuento si la cosa se pone fea hasta el punto de tener que invitarle a irse. Claro que en esto hay locales y locales. A veces he pensado que nos deberían pagar un plus de peligrosidad, además de por hacer horas extras como psicólogos o asistentes sociales.

Para terminar, pedir a todos que recuerden que somos personas humanas la próxima vez que entren en cualquier sitio a tomarse un café, comer con la familia, o tomarse una copa para olvidarJ

[Álvaro Canalejas]