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La Película secreta

Sección dedicada a películas especiales. Pueden parecer malas o maravillosas. Ser famosas o desconocidas, redondas o malogradas. Pero nunca dejan indiferente.

DERSU UZALA (El Cazador), Akira Kurosawa.-

[Por Enrique Perea]

(Japón, URSS. 1975. Color. 141')

Nadie como Akira Kurosawa para retratar la vida y es a través de sus personajes donde podemos apreciar la relación de unión entre el director y el entorno.

Akira Kurosawa tenía 65 años cuando realizó esta obra maestra. Había intentado suicidarse años atrás, tras el fracaso de Dodeskaden (1970), que le sumió en una profunda depresión. La vida en si misma tiene misterios inescrutables y “gracias” a este fracaso y al vacío que sufrió años después, la productora Mosfilm le ofreció producir la vida del geógrafo y explorador ruso Vladimir Arseniev.

Dersu Uzala es poesía, es amistad, es ingenuidad. Este ecologista que vive en total armonía con su entorno es un personaje anacrónico y futurista. Nos demuestra que la incultura también es cultura. Ni lee, ni escribe ni falta que le hace. Su vida está marcada por el paso de las estaciones y la adaptación a ellas en ese entorno tan duro que es la Taiga Siberiana.

Hay pocos personajes tan entrañables como Dersu Uzala. Amigo de sus amigos, hombre de pocas palabras pero de hechos y acciones que salvarán la vida de nuestro explorador en más de una ocasión.

Dersu es un ser que ama la vida, ama todo lo que le rodea. Perdió a su mujer y sus hijos por culpa de la viruela y sin embargo sigue deseando amar, vivir en la dura Taiga y seguir cazando. Tal vez en claro símil con Akira Kurosawa, que sólo deseaba seguir haciendo cine. Cazador y director unidos por el deseo de seguir viviendo haciendo lo que más desean. Ambos sexagenarios pero con las mismas ganas de seguir luchando en la dura realidad de la Taiga asfaltada.

El cine es contar historias mediante imágenes. “¡No disparen, soy gente!”, así se conocen nuestros dos protagonistas. Sus miradas y gestos y la magia de kurosawa hacen que el resto nos lo imaginemos. La amistad es algo que no se puede decir ni expresar, es la mirada de nuestros dos amigos la única realidad de la película. Sin sentimiento no puede haber amistad, ese es el reflejo de la película Dersu-Kurosawa, el amor por seguir cazando libre en la Taiga.

Es curioso pero la primera escena de la película es la propia tumba de nuestro protagonista, y como en “Sunset Boulevard” (El Crepúsculo de los Dioses), 1950, este hecho es el inicio de nuestra historia. Un círculo de vida y muerte, un camino a través de esta tierra tan inhóspita y cruel en la que Dersu diferencia entre “gente buena” y “gente mala”. Las cosas son también gente, y por eso debemos respetar la Taiga y su entorno porque es ella la que nos da o nos quita la vida.

La película acaparó multitud de premios: Oscar a la mejor película extranjera, 1975, Gran premio del festival Internacional de cine de Moscú (1975), etc. Aunque ello no favoreció en exceso la carrera del director y sólo gracias a productores extranjeros, Serge Silberman (“Ran”, 1985), y admiradores como George Lucas, Francis Ford Coppola y Steven Spielberg, siguió dirigiendo hasta el final de sus días. Poca recompensa para uno de los grandes de la historia del cine.

Mención especial a Maxim Munzuk por su interpretación magistral de  Dersu, tal vez por el hecho de que también era cazador Tuva, además de actor y director de su compañía.

Se cuenta que al entrar en el plató para hacer la prueba, Akira Kurosawa dijo: “Dersu” y así consiguió el papel. Su parecido era realmente notorio.

EL EMPERADOR KUROSAWA

Pocos directores han podido expresar con imágenes lo que Kurosawa nos han hecho sentir, sólo Ford tal vez, a quién él admiraba profundamente.

Apodado “El Emperador”, fue más venerado fuera de su país que en Japón, debido a su occidentalización. Sólo después de su muerte le llegó el reconocimiento de su país.

Con “Rashomon” (1950) se dio a conocer internacionalmente, Oscar a la mejor película extranjera en 1951. Nos enseñó que la vida es una farsa que depende del cristal con el que se mire.

Ejemplo magistral sobre una misma historia contada desde diferentes puntos de vista, a cual más falso o verdadero.

Es en esta década donde se pródiga con dos de sus mejores obras: “Vivir”, 1952. Impresionante retrato de un funcionario en el Tokio de posguerra que al ver la muerte tan cerca decide ayudar a construir un parque para niños en una zona marginal. Y son los diferentes puntos de vista, de nuevo, los que nos ayudarán a enhebrar la verdadera historia.

Políticos y funcionarios que parecen de hoy en día, quedan reflejados en una sociedad que bien podría ser la nuestra aunque hayan pasado más de 50 años.

Y “Los Siete Samuráis”, 1954, acción y poesía unidos en una puesta en escena casi perfecta donde un grupo de campesinos con la ayuda de unos mercenarios intentan salvar su pueblo. Una historia que se ha llevado al cine posteriormente, “Los Siete magníficos”, 1960, sin la brillantez de la original.

Gran entendedor y visionario de la sociedad y época que le toco vivir. En “Crónica de un ser vivo”, 1955, plantea y anticipa un problema social que más tarde veremos en muchos filmes de los 80, “El día después”, 1983.

Con la herida tan reciente de Hiroshima y en plena guerra fría, nos muestra la incomprensión ante la amenaza nuclear. Un anciano vive atemorizado por las radiaciones producidas en Hiroshima y Nagasaki y decide emigrar con su familia a Brasil para vivir en paz, actitud que nadie entiende a pesar de la amenaza.

Como diría Dersu Uzala: “Hay gente buena y mala, y Akira Kurosawa es gente buena y por eso le doy las gracias.”

[Enrique Perea]