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En Cartel: Al otro lado-No es país para viejos Envío de Textos: twakan@yahoo.es Al otro lado, Faith Akin.- [por Luís Nar] Faith Akin en “Contra la pared” expresaba sentimientos viscerales, de manera directa y exclusiva. En “Al otro lado” los explora, se sumerge en ellos y trata de encontrarles su sentido. O al menos una luz que los rescate y descubra su valor a largo plazo, en el tumultuoso y laberíntico mundo de la comunicación, o la incomunicación, entre personas y entre culturas. De ahí que su ritmo se remanse para poder mirar y percibir, para que las sensaciones entrecruzadas de sus personajes dejen el poso que llevan dentro.
Lo airado y explosivo de “Contra la pared” impacta con lo deslumbrador de su fuerza y la autenticidad que comparte con Al otro lado. Pero en esta última la historia y la manera de contarla es subterránea y por eso cala mucho más, poco a poco, con un efecto prolongado, dispuesto a echar raíces, que se va intensificando lentamente, hasta permanecer y posarse en lo más hondo de cada mirada. La del director, la de sus personajes y la de los espectadores. Quizás por eso aquí surge de manera natural el tema del destino, concretado en ese tipo de encuentros inevitables que a la gente que jamás los ha tenido les parecen más o menos imposibles, pero que, de hecho, pululan en todo clase de historias. Y no sólo en las personales (tema muy querido por algunos escritores actuales como Auster y Murakami), sino en la historia de países y pueblos. Lo inesperado que amenaza y promete, y desmantela planes y previsiones de manera insospechada. Por esa razón no cuestiono la elección de ese tema, al contrario me resulta lógico dado todo lo que tiene por descubrir y comprender y la relación directa con el hallazgo o la elección deliberada del sentido de una situación, una relación, una vida en perspectiva, o un momento. No es casualidad que otro de los temas sea la muerte, vivida por los testigos de una muerte. Es una delicia volver a ver a Hanna Schygulla, protagonista de algunas películas de Fassbinder. Y el resto de intérpretes está francamente bien. Todos están vivos. También me transmitió cierto aire mítico, al tratar la última etapa de dos de sus personajes. La muerte por venir está anunciada en el título de cada capítulo, así que lo sabemos. Y su sombra aletea sobre todo lo que hace y decide ese personaje, todo lo que inicia, la gente que conoce en esos últimos ¿meses…? La película no lo aclara, pero es lo que parece. Tampoco importa. Importa que adquiere una trascendencia especial, y sin embargo es tan intenso todo lo que sucede que te olvidas de lo que va a suceder dentro de poco.
No es país para viejos, Hnos. Coen.- [por Tesa Vigal] En las películas de los Coen es frecuente su intención de comprender (que no justificar) el motor que mueve a personas violentas, desequilibradas, directamente locas como el asesino de Barton Fink, o de alguna manera destructivas, o marginales por sus ideas o actitudes vitales, como el Gran Lebonsky. Y desde luego si el arte habla y explora la esencia, el significado de la vida, el mal es una de las cosas más incomprensibles y tremendas con las que se convive. En Barton Fink hay un despliegue conmovedor, y eso es parte de la perturbadora ternura que provoca, de los motivos y tendencias, del alma del psicótico loco asesino del hotel con su mundo propio lleno de sentimientos, lágrimas, inocencia y líneas racionales en la lógica de su locura.
En No es país para viejos trata el caso del asesino con principios personales. Tema muy poco tratado porque también es infrecuente. Pero su existencia es más inquietante porque exige comprenderle. No así el caso del simple psicópata, que un caso extremo de carencias: ni empatía ni sentimientos afectivos. Aquí al asesino le gusta y le importa el destino. Le atrae hasta el punto de jugar con él y tenerlo en cuenta. En su manera de remarcar las peripecias que han conducido al encuentro de una moneda concreta con él, que la sostiene en la mano, y con la persona que acaba de cruzarse en su camino y puede elegir cara o cruz. Vivir o morir. Tiene la resonancia medieval de los juicios de Dios. Cuando dependía del destino-azar que alguien fuese ejecutado o se salvase (por ejemplo las brujas arrojadas maniatadas al agua. Si se ahogaban eran inocentes y habían ido al cielo, si flotaban eran brujas con poderes malignos y eran ejecutadas).
La voz baja y arrastrada de Bardem (atención, hay que ver la versión original, pues la mitad de su interpretación es con su voz) tiene lo inquietante de los propios sucesos inesperados y decisivos, con su carga de implacabilidad dentro de lo cotidiano, como en la escena del hotel en que sus pies pasan de largo ante la puerta de la habitación del perseguido, para apagar la luz del pasillo y volver para pararse ante la puerta. También cuando entra a comprar algo a la tienda de la gasolinera ya citada, la primera vez que le vemos sacar la moneda. “Porque sino, no sería justo” dice el asesino. Quiere introducir el destino, lo trascendente en sus actos. La poesía está presente en sus paisajes silenciosos, de cielos enormes, cadáveres mudos, luces que resbalan por lo irracional de los actos y decisiones de los humanos. En la decisión de llevar agua al moribundo que se la ha pedido antes, cuando uno de los protagonistas no llevaba, y al no poder dormir por la noche necesita llevarle agua a cambio de la bolsa con el dinero que ha encontrado. Cuando después de una palabra, un gesto, o una acción, queda algo más en el aire, una huella que lo ha densificado todo, con contenidos más o menos invisibles. A veces poblando alguna escena de presencias “fantasmales”. Es una de las películas más poéticas de los Coen, junto con Barton Fink. Claro que no he visto todas, pero con dos basta y sobra cuando son tan especiales. Y además Wakan recomienda: Sueños, Mohamed Al Daradji/ American ganster, Ridley Scott/ Buda explotó por vergüenza, Hana Makmalbaf/Carl Gustav Jung, documental de Salomón Shang/Conversaciones con mi jardinero, Jean Becker/ 4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu/ Deseo, peligro, de Ang Lee/En el valle de Elah, Paul Haggis/ En un mundo libre. Ken Loach/ La escafandra y la mariposa, Julian Schnabel/ Los falsificadores, Stefan Ruzowitzky/ La guerra de Charlie Wilson, Mike Nichols/ Hacia rutas salvajes, Sean Penn/ Irina Palm, Sam Garbaski/ Juno, Jason Reitman/ Lo mejor de mí, Roser Aguilar/ El menor de los males, Antonio Hernández/ Michael Clayton, Tony Gilroy/ La noche es nuestra, James Gray/ Once, John Carney/ Persépolis, Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud/ Pingpong, Mathias Luthardt/ La soledad, Jaime Rosales/El barbero diabólico de la calle Fleet, Tim Burton/ Pozos de ambición, Paul T. Anderson/ Viaje a Darjeeling, Wes Anderson/ |