Mitos
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El enigma de la Calavera
de cristal.-
[Por Raúl Velasco]
Entre las veintitantas que existen en la actualidad,
la mayoría están fabricadas en la edad contemporánea. Una de ellas pertenece
al British Museum de Londres, datada en el siglo XIX.
Pero hay unas cuantas que son auténticas antigüedades
mayas o aztecas. Y entre todas ellas destaca la única con mandíbula articulada,
que es también la más legendaria. La llamada Calavera de la muerte, o
del Destino.
Pesa 5 Kg. Y fue hallada en 1924 por el arqueólogo
Frederick Mitchell Hedges en Belice, América central, en las ruinas mayas
de Lubaantum, la ciudad de los Pilares Caídos. Parece ser que quien la
desenterró fue su hija adoptiva Anna, quien sigue siendo su propietaria
actual y atribuye su longevidad (tiene ya 100 años) a la cercanía de este
objeto, ciertamente insólito.
Está tallada en cristal de cuarzo de un grado de pureza
sorprendente. A esto se une la incógnita de la forma en que fue tallada,
pues aún en la actualidad es casi imposible lograr tal perfección de pulido,
que exigiría un altísimo nivel de conocimientos y tecnología óptica. Carece
de cualquier huella o marca de herramientas y es anatómicamente perfecta.
Además posee peculiares cualidades ópticas. Si se la
ilumina por debajo la luz sale por las cuencas de los ojos. Y si es por
detrás los intensos rayos lumínicos salen por los ojos, nariz y boca.
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En 1965 fue analizada por el estudioso y restaurador
de arte Frank Dorland, quien afirmó que emitía una luminosidad extraña
por sí sola y unos curiosos sonidos además de perfume. Posteriormente,
en 1969 la estudió el investigador de cultura maya Morrill que encontró
en ella varios puntos de posible sujeción para hacerla moverse y supuestos
pequeños canales acústicos. Un año después fue analizada por los laboratorios
Hewlett Packard que descubrió el dato, desconcertante, de que había sido
tallada a contrapelo del eje natural del cristal, lo que añade un nuevo
y gran enigma, pues eso supondría la rotura inmediata de la pieza del
cristal de cuarzo, aunque se usara tecnología láser. Corroboró la ausencia
de rastros del uso de utensilios, ni siquiera microscópicos. Además calcularon
que el tiempo necesario para su elaboración, contando únicamente con los
medios asignados hasta ahora a la época y cultura antigua maya, sería
de unos 300 años… Aún así hubieran quedado marcas de los utensilios utilizados.
Por su forma y tamaño correspondería a una mujer. Y
dada la dificultad y enigma de su elaboración está claro que su uso debía
ser muy especial. Casi con toda seguridad un uso ritual relacionado con
la muerte y la luz.
Su descubridor Mitchell Hedges escribió sus memorias
en 1954, “El peligro es mi aliado” (Danger My Ally
), título digno de una película de su
colega profesional el arqueólogo Indyana Jones, cuya próxima entrega aventurera
trata de éste enigma arqueológico. También se basaron en Gene Savoy y
en Percy Fawcett para crear el personaje de Indy. Fawcett incluso acabó
de manera misteriosa, desapareciendo para siempre en la selva, cuando
iba en busca de una mítica ciudad de la antigüedad.
En sus memorias adjudica a la calavera del destino
una antigüedad de unos 3600 años, y perteneciente a la cultura maya. Aunque
parece que no contó todo sobre ella, porque siempre afirmó (y su hija
Anna también) que había muchas cosas sobre su descubrimiento que se negaba
a contar. En cualquier caso la llama calavera “perversa”, aunque no explicó
la razón.
Los indígenas kekchi que asistieron al descubrimiento,
la identificaron como un objeto de propiedades mágicas al que adoraron.
Afirmaron que pertenecía a un poderoso y sagrado antepasado y así mismo
que tenía poder para matar y sanar. Según ellos existen otras 12 en otros
tantos templos y cada una de ellas contiene el conocimiento sobre el origen
y destino de los seres humanos. Pero esta información sólo sería revelada
si llegaran a reunirse las 13 calaveras en el mismo lugar, un lugar muy
concreto, y en el momento adecuado.
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Su
hija Anna, actual propietaria en la actualidad
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Abundando en sus supuestos poderes especiales, ha habido
varios de los llamados “psíquicos”, y esoteristas que afirman su propiedad
de aumentar las capacidades mentales y paranormales, y posibilitar la
conexión con otros planos existenciales. También hay quien afirma haber
visto en su interior imágenes holográficas con determinadas combinaciones
de luces y sonidos, aunque esto suena más bien a puros efectos especiales
(nunca mejor dicho).
Su descubridor murió en 1959. Su hija Anna ¿contará
alguna vez lo que su padre se llevó a la tumba? Lo que es seguro es que
si le gusta lo legendario optará por seguir los pasos de su padre. No
se lo reprocho. Con objetos semejantes la ausencia de datos suficientes
permite soñar magníficamente.
Y lo que está claro es que se trata de uno de
esos objetos fuera de su tiempo, los llamados por sus siglas en
inglés Opars (tema
tratado ya en el número 19 de otoño del 2006)
[Raúl Velasco]

Indígenas
Kekchi
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