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Libros fuera del tiempo Envío Textos: twakan@yahoo.es Narraciones extraordinarias, Edgard Allan Poe.- [por Tesa Vigal] “Mi vida ha sido azar, impulso, pasión, anhelo de soledad, mofa por las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro”. “No hay belleza exquisita sin algo extraño en las proporciones” (de “Ligeia”) “Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño”.
Su laberinto: persona y obra Rizos negros. Húmedos ojos grises de profunda tristeza. Voz murmuradora, insinuante, magnética. Siempre con su viejo y raído capote de soldado de West Point sobre sus hombros algo inclinados. Temor y fascinación, rechazo y hechizo. Cuentan, los que le conocieron, que su presencia bastaba para turbar apacibles y acomodaticias reuniones literarias. Y si hablaba el aire quedaba hecho añicos, y un clima ambiguo –infernal y angélico- comenzaba a enredarse en la animadversión de unos y la admiración de otros, trayéndoles a la memoria el olor de sus aficiones: el opio dulzón y fantasmagórico, el ron de los piratas y las pesadillas a flor de piel. En palabras de su novia Mary Devereaux: “Mr. Poe no valoraba las leyes de Dios ni las humanas”.
El efecto de algo que resuena en nosotros es al encontrarse fuera lo que ya estaba dentro. Muy diferente, por tanto de cualquier influencia ajena. Pues bien, parece evidente que tuvo un gran eco en él toda la imaginería legendaria del sur, con toda su cultura negra. Y además sus primeras lecturas de revistas inglesas, llenas de relatos románticos en toda la extensión de la palabra (góticos, excesivos, apasionados, misteriosos, exóticos…). Su propio carácter también era excesivo: sensible, orgulloso, apasionado y rebelde. No, aquel “aparecido” no podía tener ningún lugar en aquella sociedad provinciana, patriotera, moralista y práctica. Sólo tres cosas le resultaron fáciles: escribir siempre en la miseria, crearse enemigos y emborracharse fantásticamente con un solo vaso de ron.
Sin embargo llegó a conseguir una fama notoria a raíz de la publicación de su poema “El cuervo”. Una fama a pesar de él y más basada en su aureola de personaje maldito, indeseable y torturado, que atraía y repelía simultáneamente. Pero solía vencer este último sentimiento y ninguno de sus sueños se realizó. Nunca pudo tener su propia revista, ni salir de la miseria. Tampoco un feliz amor duradero, ni el enorme afecto que tanto necesitaba aquel huérfano eterno y frágil, turbulento siempre, de voluntad apasionada e inconstante. Porque Poe, a pesar de sus sueños o precisamente por ellos, nunca pudo vivir más que el presente. Movido por la sensación y la emotividad momentáneas, fue un inestable visceral e impenitente. Acunado con frecuencia por la desesperación. Intentó que le amaran de todas las formas posibles. Desde la súplica hasta la furia, desde la humillación al enfrentamiento. Pero fue un amor maldito que seguía una línea destructiva: enamorado de lo inalcanzable y culpable ante aquello que se le ofrecía.
En la adolescencia vivió su primera historia de amor imposible. Como si tuviera miedo a la felicidad y eligiera siempre mal, inconscientemente. O una parte de él identificara amor con dolor y obstáculos. Quizás ambas cosas. Tanto en su vida como en su obra Poe es contradictorio, aunque por otro lado todas sus facetas acaban por fundirse en un caleidoscopio irrepetible y laberíntico. Esa primera mujer era la madre de un compañero de curso, Helen. Y ella también perteneció a esa galería de personas amadas tocadas por la desgracia. Helen enfermó gravemente (se menciona la locura) y murió a los 31 años. Sus siguientes historias amorosas fueron con Sarah Elmira Royster y con Mary Devereaux, frustradas por sus respectivas familias, que veían en Poe alguien demasiado peculiar y poco serio. Al visitar Baltimore en busca de su auténtica familia, conoce a su tía Muddie. Y a su querida y especialísima prima Virginia. De su relación amorosa trató su poema legendario Annabel Lee , puesto en música por Santiago Auserón del grupo Radio Futura. También se inspiró en sus obras Lou Reed en el disco “The Raven” y Alan Parsons en su disco “Cuentos de misterio e imaginación”. Las adaptaciones al cine han sido, por el contrario, bastante flojas, con la excepción del episodio dirigido por Fellini en la película basada en tres de su relatos dirigidos, respectivamente, por tres directores: Vadim, Malle y Fellini.
La relación con su frágil y patética mujercita de 13 años, Virginia, que le esperaba cada atardecer con un ramo de flores, encierra misterio y también evidencia. De ella tuvo la adoración más conmovedora y sobre todo la justificación y el escudo, imprescindibles frente a su interior atormentado y oscuro. Poe se sentía tranquilizado por el lado infantil que siempre conservó ella. Ambos conectaban en su lado inocente, apoyándose mutuamente frente a un mundo acechante y peligroso. Una burbuja delicada y sensible. Versos de su poema Annabel Lee: “Yo era un niño y ella una niña en un reino junto al mar”. Su tía se convirtió en una auténtica madre para él. Y en este periodo acogedor empezó sus contactos con editores y llegó a publicar un libro de poemas. Con ellas encontró auténtico afecto y comprensión, pero la miseria y la angustia fue una compañía constante, además de arrastrar siempre sus miedos y fantasmas interiores. En carta a Virginia: “…batallar contra esta vida inconciliable, insatisfactoria e ingrata”. Pero Virginia murió de tuberculosis (incurable en la época) tras varios años de angustia y agonía. Y Poe comprendió durante ese periodo desolador, en el que se entregó a la amistad apasionada y ambigua con escritoras de Nueva York, que aquello tampoco apaciguaba su turbulencia emotiva. Da la impresión de que Edgard quería ser seguido por ellas en sus juegos absolutos y confusamente perversos. Y ante esa palabra surge el deseo de guardar compasivo silencio, porque Poe fue un retorcido, sutil y delicado, como si se tratara de una tela de araña que sustituyera a su pelo.
Su cuento “El demonio de la perversidad” es todo un análisis lúcido y triste de esa parte de su persona que le hacía siempre hacer justo lo que no quería, y empujarle a una pasividad de pesadilla cuando sabía que era preciso actuar. Un espíritu presente en todas las facetas de su vida, que llegó a convertirse en su peor enemigo. Aparecía inesperadamente en los momentos más decisivos, ahuyentando a posibles amigos, mecenas y admiradores. Por ejemplo cuando alguien quiso financiarle su sueño, la revista propia. Bien porque su ánimo estaba ya desbordado por el dolor, o porque en él dominaba su lado autodestructivo, en vez de entrevistarse sereno y sobrio con su posible benefactor, se volcó en el alcohol y se presentó en condiciones penosas y con actitud desafiante. Quizás se defendía de un destino feliz para el que no estaba preparado, o con el que no se identificaba en el fondo. A esto se añadía el tormento de la culpa posterior por su comportamiento, que le dejaba abatido largo tiempo. Hubo ocasiones, sin embargo, en que Poe y su peculiar “demonio” se aliaban, o bien jugaban al ajedrez y el resultado eran sus críticas literarias. Maravillosas y afiladas armas de doble filo, que sorprendían y provocaban polémicas por sus ideas sobre poesía y arte. Con ellas se creó enemigos de por vida. Solían ser corrosivas y radicales, siempre en contra de los gustos, las glorias nacionales y los escritores de moda, y siempre hacían crecer como la espuma la tirada de la publicación y los odios hacia él.
Cuando daba una conferencia, a veces borracho, solía cambiar el tema anunciado. Y esto, que podría haber sido en boca de otros algo original, ridículo, o divertido, pasaba a ser reprobable e indignante: Poe no tenía solución. Su peculiar relación con el alcohol empezó en la universidad. Allí descubrió que con un solo vaso de ron se emborrachaba lúcidamente. Y el segundo lo tumbaba. Venía la inconsciencia, y la prolongada recuperación, pues tardaba días en volver a la “normalidad”. Pero ebrio o sobrio no soportaba las imposiciones sociales ni las incomprensiones del mundo, y su lado íntegro y rebelde le empujaba a enfrentamientos, o a montar números desgarradores con sus reacciones extremas. Por ejemplo caminar por la calle con la ropa destrozada, o comprarse una fusta para dar unos cuantos latigazos al familiar que trataba de impedir su relación con su novia Mary. Y luego reunirse con ella y tirar la fusta al suelo diciendo: “Te la regalo”. Es en esas cosas en las que se fijaba la gente, con una mezcla de miedo y fascinación, que suelen dar como resultado un alejamiento. Puede quedar muy bonito estar en presencia de alguien tan especial, incluso ser muy excitante hablar con él un ratito, pero “a nadie le gusta realmente un extraño” como diría Tom Waits.
Y muchos de los que le conocían olvidaban su lado eficiente, productivo y lúcido. Nunca halló ningún refugio estable que le proporcionara paz, aunque vivió también momentos de calma y bienestar, como por ejemplo el corto periodo que pasó con Virginia en una casita en las afueras de Nueva York, en 1844. Muy fértil además creativamente. Y ese movimiento incesante de derrumbe a su alrededor, era acompañado por lagunas de tiempo en que desaparecía y alguien le encontraba, por completo perdido y alucinado, en cualquier mesa de taberna, en cualquier paraje o calle. Poe no soportó esa agresión que sentía desde niño dirigida contra él, y al responder con violencia o con alcohol, lejos de paliar su inseguridad afectiva la ahondaba más. Orgulloso caballero del sur pero muy distinto de los sudistas. Entregado hasta la locura en el amor, extremista, sin ninguna planificación en su anárquica vida. Todo esto sólo podía conducirle a la meta que, fatalmente, corría en picado en dirección opuesta a la deseada: un lugar como escritor. Las circunstancias contrarias no le hacían doblegarse, sino que encendían más aún su autoafirmación involuntaria y agresiva. Y a la hora de relacionarse con alguien no elegía. Volaba tras la sombra de cualquier sonrisa. Resulta por tanto conmovedora su adoración por los proscritos. Constantemente inventaba fantásticas historias y genealogías, que le hacían descender de famosos traidores, e historias increíbles que oían asombrados sus oyentes.
Y es que era un rebelde, además de la rebeldía propia de la condición de poeta: “La poesía no es un propósito sino una pasión y las pasiones deben ser reverenciadas, no se las puede, no se las debe excitar a voluntad”. A veces sueño con sus batallas solitarias en mitad de la noche. Cuando estalla la tormenta y una sombra furtiva se esconde en un portal sin luz. Cuando los pasos se deslizan por la acera desierta y el silencio los transforma en inquietante eco. Él conocía el aleteo de la muerte, la pesadilla sigilosa y los bosques salvajes. La razón lúcida y desgarrada y el beso del vampiro sensual, silencioso y encadenado. La mirada insondable de los ojos del amor, el misterio de Ligeia, la obsesión por Berenice y por el doble que nos espera en determinada calle a determinada hora. La belleza implacable y furiosa del mar. ¿Qué es lo que se agitaba bajo sus aguas? |
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Su atmósfera irrepetible y potente se sale de cualquier género, como ocurre con cualquier obra poética (uso la palabra poética como sinónimo de arte). Su rotunda intensidad emocional, cuyas raíces parecen surgir de los más profundos pantanos y mares y alzarse gloriosamente, explora los límites sensoriales y espirituales. Y al mismo tiempo cada escenario, cada percepción, o cada personaje de sus relatos aparecen envueltos en bruma, en ambivalencia, en una ruptura de límites que pone en evidencia la falsedad esencial de toda definición, y apunta por ello dolorosamente a la verdad.
Quizás por eso el tema de la identidad está muy presente, de manera directa en relatos como “Ligeia”, o “William Wilson”. En el primero a partir de la posibilidad de la reencarnación, en el segundo a partir del doble. Y el destino, las almas sin fondo, las raíces y frutos de los más ambiguos deseos, el amor cuando es abismo, el contorno onírico de la vida, el dolor de los sentidos, la guarida de la belleza en lo profundo de cualquier cosa…
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Datos y fechas, algunas pistas y referencias Ø Nació el 19 de enero de 1809. En Boston por casualidad, puesto que sus padres eran actores de teatro en constantes giras con su modestísima compañía. Ø Huérfano a los 3 años. Recogido por los Allan, una familia sureña del estado de Virginia, aunque jamás fue adoptado legalmente. Ø Pasa algunos años de su infancia en Inglaterra y Escocia y regresa a Virginia en 1820. Ø A los 15 años, y queriendo homenajear o emular a Lord Byron, nadó contracorriente 6 millas del río James. Ø Constantes enfrentamientos y desencuentros con su protector John Allan. Un artista es opuesto a un comerciante o similar, que es lo que esperaba su protector de él. Ø En 1825 relación amorosa con Sarah Elmira Royster, de la que es separado por la familia de ella. Ø 1826. Su paso por la universidad fue fugaz, por la negativa de su protector de pagar sus deudas de juego y negarle también la mínima cantidad de dinero necesaria para sus gastos. Como despedida rompió los muebles de su habitación, haciendo a continuación una hoguera con ellos. De vuelta a “casa” sucedió el enfrentamiento definitivo. Poe se marchó, negándose a los deseos de John Allan. Pasa por Boston. Un amigo impresor le imprime el poema de Tamerlán. Y se alistó en el ejército, donde aguantó sólo un par de años a pesar de que le ascendieron. Ø Su padre aceptó apoyarle si ingresaba en la academia militar de West Point. Y allí le sorprendió la muerte de su madre adoptiva en 1829, con la que sí había tenido una relación de auténtico cariño mutuo. La visita a su tumba, cerca de la de Helen, su primer amor imposible, le provocó un desmayo. Está claro que sufría y gozaba excesivamente. Y que las desgracias quizás las vivía como parte de una vida “maldita” de alguna manera desde su nacimiento. Un ensombrecimiento de su horizonte vital, con el que debía contar siempre. Ø Al seguir sin soportar el ambiente militar, ramplón y pedestre de la academia, consiguió que le expulsaran en 1831. La ruptura con su protector fue definitiva y se marchó a Nueva York. Ø Amor por Mary Devereaux, cortado también por la familia de su novia. Ø Hambriento y sin recursos regresó al refugio de su auténtica familia en Baltimore. Ø En 1832 se casó en secreto con su prima Virginia de 13 años. En la época era relativamente frecuente que las “mujeres” se casaran a los 14 años. En este caso además su tía aceptó, con total confianza en Edgar. Ø Por esta época empieza a escribir cuentos, pero si se es un poeta, como le ocurría a Poe, se es un poeta escribiendo cualquier cosa. Prosa también. Y cuando la poesía aparece en un relato la atmósfera surge intensa, inevitablemente. El efecto de los relatos de Poe es imborrable, como los sueños más marcados. En palabras de Cortázar, en el prólogo a su traducción en la editorial Alianza: “una atmósfera especialísima subyugadora”. Ø En 1833 ganó un premio literario con el “Manuscrito hallado en una botella”. Ø Fue redactor en publicaciones de Baltimore, Richmond, Filadelfia y Nueva York, aunque solía perder sus empleos (a pesar del aumento de tirada que acompañaba la inclusión de sus textos) por los enfrentamientos con sus jefes, o por sus recaídas en el alcohol y el opio que le hacían “desaparecer” temporalmente. Ø Logró publicar su única novela “Aventuras de Arthur Gordon Pym”, sin ningún tipo de éxito. Ø En 1836 nueva boda con Virginia, esta vez públicamente. Ø En 1838 publicó “Ligeia”, su cuento favorito. Un año después apareció una reunión de cuentos publicados en revistas, bajo el título “Cuentos de lo grotesco y lo arabesco”. Ø Y un año más tarde aparece uno de sus periodos oscuros acompañado por un colapso nervioso. Ø Sus cuentos analíticos y deductivos, del tipo “Los crímenes de la calle Morgue”, son posteriores a los relatos de clima onírico y poético. Como si hubiera tratado de defenderse de las críticas a su lado más sensible y “loco”, afirmando su lado lúcido y racional. Ø En 1842 Virginia enfermó de tuberculosis. Saberla perdida y tener que asistir a su deterioro desbordó a Poe, haciéndole refugiarse en el alcohol y el opio. Y empieza a obsesionarle el estribillo del futuro poema “El cuervo”. En uno de esos momentos de delirio y desaparición se le encuentra vagando por el bosque. Ø Se publicó “El cuervo” y su efecto fue una notable conmoción en el mundo literario. Pero junto a la fascinación de algunos siguió la miseria, la angustia y la tensión. En 1845 cayó en el descontrol total por el agravamiento de Virginia. Y empezó a refugiarse en las turbulentas amistades con escritoras de Nueva York. Ø En 1847 murió Virginia y su cuesta abajo fue ya imparable. Miedo a la oscuridad. Insomnio. Delirios y obsesiones. Adoración por la escritora Marie Louise Shew. Aún así escribió en esos momentos el relato “Eureka”, del que recitaba fragmentos por los bares, muy borracho, para alucine de los clientes. Ø Intento de suicidio fallido, al vomitar la mitad del frasco de láudano que se acaba de beber. Ø En 1849 busca a su primera novia Sarah Elmira y reanuda con ella una relación extraña y confusa. Ø En su último viaje a Baltimore, a finales de 1849, murió de manera misteriosa en un hospital, tras ser recogido semiinconsciente en la calle (Ver artículo sobre el enigma de su muerte en Wakan nº 3 de Isabelha Herranz). [Tesa Vigal] [Ojo con las traducciones. La recomendada es la maravillosa de Cortázar en Alianza editorial] Todos los derechos reservados © 2008 Wakan Tesa Vigal |