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Autores inéditos o desconocidosLA PUERTA EN LA PLAYA, Tesa Vigal.-La puerta se abrió con violencia. Parecía una tormenta y, en efecto, el aire húmedo, de ráfagas cálidas y otras heladas, anunciaba sucesos, cambios veloces y silencio. Había junto a la entrada de aquella casa, una figura en contraluz. Era la de una mujer inquieta descansando, o mejor, al acecho. Sus manos habían buscado los puntos exactos donde apoyarse relajadamente y lo mismo podía ser el final de una loca carrera, que una eterna postura en tardes iguales. Me fui acercando lentamente a ella. Sólo percibí algún punto brillante en el borde de una pestaña, y un pequeño lago dorado cubriéndole una sien. Su mano izquierda se apoyaba en el dintel de madera negra; la otra, casi llegaba a su cadera. Mis pasos sonaban lentos sobre la arena húmeda, bajo el cielo cubierto de absoluta negrura y de una luna casi llena de color amarillo. Vi todo aquello en una mirada fugaz, que lancé a mi alrededor. Luego, seguí caminando.
Sabía que lo que sentía aquella noche era inaudito y terrible: yo, posiblemente, tenía lo que suele llamarse, un destino. Me veía empujado sin descanso alguno hacia un sendero que me invadía, poseía y hacía crecer en mí una sensación increíble de fuerza y de placer. A veces era una sensación casi física, como esta noche, en que yo caminaba lentamente hacia la puerta abierta y la silueta inamovible. Cuando subí, por fin, los tres pequeños peldaños de madera, destrozó el silencio un golpe sordo de enorme fuerza, que venía del mar. Una ola enorme, había golpeado violentamente contra la roca más sólida del acantilado, tan próximo. Llegué a ver aún como caían blandamente los últimos penachos de espuma, y el comienzo de la lluvia, que en ese instante, barrió con furia la playa entera, desde el horizonte, hasta la casa, como una cortina corrida. Me apresuré a entrar y entonces la miré. Pude ver ya sus ojos, que brillaban asombrados. Eran muy oscuros y miraban con peligrosa ambigüedad, en línea recta hacia el mar. Dudé si expresaban odio, fascinación o entrega. Quizá fueran las tres cosas a la vez, por lo que ocurrió después. Yo la miraba aún, cuando ella se volvió, apoyó su espalda contra la puerta abierta y me sonrió, sólo un poco. Luego, dio un paso lento y me besó, casi rozándome con sus labios calientes y abiertos. Se separó y bajó a la playa entre la lluvia. Aún me miró una vez más, desde la orilla, antes de hundirse en el agua. [publicado en los 80, en la revista Mandrágora y el Pirata, firmado “LaNoche” y con el título Arrabal] Reservados todos los derechos © Wakan- Tesa Vigal |