Wakan número 29
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En CartelRevolutionary Road (Vía revolucionaria), Sam Mendes.-[por Esther Garrido] En realidad es el mismo tema de American Beauty. Mejor dicho otra vuelta de tuerca, pues si en aquella la insatisfacción vital se debía al erotismo insatisfecho de un padre de familia maduro, en ésta el descontento es existencial y por ello mucho más interesante. Cuestiona la base de la forma de vida occidental, a partir del momento de alcanzar el “bienestar social” a toda costa, que en USA empezó en los años 50 y en Europa en los 60. Una vez cubiertas las necesidades básicas de una persona se le venden, como lo más deseable, la casita en las afueras con jardincito para acompañar una vida familiar con niños incluidos, como si ese fuera el desarrollo normal y culminante del amor en pareja, a lo que se suma la montaña interminable del consumismo: montones de objetos innecesarios publicitados como imprescindibles.
En ninguna de las dos películas sus personajes parecen ser conscientes del fallo básico que desencadena su insatisfactoria vida. En Vía revolucionaria, parten además de un autoengaño: se creen especiales. Un mecanismo conmovedor que tiene corta vida, aunque al principio cuele. Ninguno de los dos miembros de la pareja cuestiona lo básico. Por eso su pretexto (París, pero hubiera servido cualquier otro) tampoco sirve, aunque lo hubieran realizado. Allí seguirían conviviendo con sus niños y “jugando a las casitas” como dice lúcida y tristemente el “loco”, personaje secundario patéticamente rechazado, se supone que por ideas poco convenientes, (revolucionarias, él sí). Ya que por lo demás, en los pocos minutos en que aparece, se muestra como alguien perfectamente razonable, aunque un tanto desquiciado por la familia que tiene y porque le tienen encerrado en una hospital psiquiátrico. Y se supone que eso debe desquiciar al más pintado… Lo más interesante de esta película es, precisamente, que carece de respuestas. Respuestas existenciales que implicarían una exploración valiente de cada uno, y que muy pocas personas se atreven a llevar hasta las últimas consecuencias. El peso de las ideas sociales globalmente aceptadas suele ser demasiado pesado y, lo que es peor, invisible, inadvertido y aceptado por la mayoría. De ahí que las interpretaciones magníficas de Leonardo di Caprio y Kate Whislet sean de lo más adecuadas, encarnan y viven esa sensación constante de sentirse encerrados y sin salida, sin respuestas, aunque en un primer nivel parezcan tener algunas ideas (irse a París, por ejemplo…) El desconcierto de los dos personajes es tan patético como para caer en una trampa bastante usada: tener un hijo para que se solucionen las carestías vitales. Tener un hijo sólo viene a cuento cuando se desea tener un hijo. Nunca cuando sustituye a otras carencias. Lo malo es que ellos no saben cuáles son sus carencias, sólo que las tienen. ¿Qué les falta a cada uno? En vista de que no lo saben, se supone que se debe caminar hacia lo que sí se sabe, que en este caso es cómo NO se quiere vivir. Las escenas están encadenas unas con otras de manera perfecta, siguiendo el cabalgamiento irregular y desquiciado de sus emociones y sus procesos internos que no acaban de entender. La luz de toda la película es otro factor que refleja perfectamente su contenido. Una luz caliente y de tonos tierra en las primeras escenas del teatro y en la fiesta en la que se conocen los protagonistas. Luz de ensueño, demasiado luminosa con todo el brillo del deseo, en las escenas de la casita ajardinada. Y el acierto en la escena en que se barrunta la impotencia de la protagonista para comprender y actuar, en el bar con los amigos y vecinos. Cuando ella incita ásperamente al vecino que la desea, sin molestarse siquiera en seducirle, y esa “infidelidad” triste y desesperada se cuece en un baile juntos en el que ella baila sin ninguna alegría ni ganas y la música va disminuyendo su volumen hasta desaparecer por completo. En un reflejo exacto de incomunicación. Un baile mudo. Es una pena que el cartel de la película le haga un flaco favor, porque con miras comerciales la productora ha querido hacer pasar la peli por una historia de amor (queriendo vivir de las rentas románticas de la pareja de actores en Titanic), cuando esta historia trata de cualquier cosa menos de una historia de amor. Trata de la identidad y el sentido de la vida. La ceguera y el sentido de la existencia. Y la necesidad de descubrirlo. [Esther Garrido]Reservados todos los derechos ©Wakan-Esther Garrido Y además Wakan recomienda: Camino-Javier Fesser/ El curioso caso de Benjamin Button-David Fincher/ El desafío: Frost contra Nixon-Ron Howard/ La duda-John Patrick Shanley/ Gran Torino-Clint Eatswood/ Lejos de la tierra quemada-Guillermo Arriaga/ El luchador-Darren Aronofsky/ Mi nombre es Harvey Milk-Gus Van Sant/ My Blueberrynights-Wong Kar Wai/ The reader (El lector)-Stephen Daldry/ En el séptimo cielo (Wolke 9)-Andreas Dresen/ La teta asustada-Claudia Llosa/Vals con Bashir-Ari Folman/ The visitor-Zack Snyder/ |