Wakan número 29
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La Película SecretaEsta sección está dedicada a películas especiales. Redondas o irregulares, famosas o desconocidas, pero nunca indiferentes En este número se habla de un tipo de películas, en vez de concretarlo sólo en una. Y es que, lo que se llamó Cine Negro, rodado fundamentalmente en un par de décadas del siglo XX (aunque hay algunas más, desperdigadas por el tiempo hasta la actualidad) rebasaba por completo el género del thriller o intriga.
El Cine Negro [por Tesa Vigal]Blanco y negro. Los contrastes de sombra y luz rodean, insidiosa y sutilmente, a los personajes del cine negro. Y la atmosfera contenida y desatada, a veces simultáneamente, penetra hasta los huesos hasta rozar el estrato más profundo del espectador, sin que se de cuenta de ello hasta que sus historias de acción y piel empiezan a oler a leyenda. El mundo en que se mueven es cortante y hondo. Gente ambigua y solitaria frente a la barra de cualquier bar, como en un cuadro de Hopper. Y, de pronto, todo estalla confundido y radical, en acciones últimas, extremas necesariamente, en ese universo brumoso entre lo legal y lo diferente. Pero es una desadaptación asumida, sirviendo siempre a un sueño absorbente. En la última escena de “El halcón maltés” (la primera película del gran John Huston, en los 40), un policía interroga al detective interpretado por Bogart sobre el material de la estatuilla del halcón, perseguida por todos y nunca conseguida. Y Bogart acaricia al halcón y responde: “Es del material del que se hacen los sueños”.[Abajo]
A través de su acción constante surge a borbotones lo íntimo, lo sutil, lo poético, lo rebelde. No hay personajes sencillos, por muy directos que sean sus gestos. Y las relaciones que surgen participan también de esa complejidad y esa guerra interior, que suele condenarlas de antemano. Gentes arrastradas por una vida hostil, en perpetua lucha contra una sociedad o una situación personal que les presiona, o les amenaza, empleando para ello todos los medios al alcance de su código personal. Seres que nunca se resignan. Pueden ser en apariencia débiles, o perdedores, pero en su interior siguen persiguiendo sus sueños hasta el final. Aunque ese final pueda ser la muerte. Aún así morirán vivos. Se trata de la vida, en perpetua rebelión, de los que no se conforman con las pequeñas gratificaciones que la sociedad concede. De los que no se conforman con sustituciones. Aunque eso suponga, a veces, el péndulo de todo o nada.
En ocasiones, ese sueño de libertad encierra la cruel contradicción de contener en germen los valores que quieren dejar atrás, por ejemplo en la actitud desgarrada de un gánster recreando un mundo aparte de su propiedad que en nada se diferencia del mundo que le persigue (“Scarface” -Cara cortada- en las versiones del gran Howard Hawks en los 30, o en la protagonizada en los 80 por el magnífico Al Pacino). Pero, muchas de sus historias, hablan de personas para las cuales triunfar es sinónimo de ser libres, más allá de perder o ganar. Como, por ejemplo, el conmovedor y furioso James Cagney en “Al rojo vivo” –White heat- de Raoul Walsh, con su impresionante y esperpéntica escena final: “¡Soy el rey del mundo!” rodeado de llamas. Y lo es porque acepta todas y cada una de las consecuencias de la vida que ha elegido vivir…[Abajo]
O el protagonista de “El Buscavidas” –the Hustler”, de Robert Rossen (una interpretación mítica de Paul Newman), en una de las películas más tristes, íntimas, ásperas y bellas de la historia del cine.[ver Wakan nº 22] O Bogart de nuevo en “El último refugio” –High Sierra-, de nuevo de Raoul Walsh. Ser ellos mismos, sin concesión alguna. ¿Para qué vivir sino?...
Y es que Humphrey Bogart, es un punto y aparte en el cine negro. Nadie mejor que él ha interpretado la melancólica ironía del detective Marlowe en “El sueño eterno” de Howard Hawks. Basada en una novela del irrepetible Raymond Chandler (que como todos los irrepetibles tuvo una legión de discípulos mediocres), en la que no importaba tanto lo que sucedía sino todo lo demás. Una de sus frases más representativas no logro recordar a cuál de sus novelas pertenece. Un personaje le dice al detective Marlowe: “No me gustan sus modales”, y él responde: “No se preocupe, no están en venta”. Película con uno de los finales más sugerentes y bruscos. Dos personajes se encuentran en una casa, con un cadáver en el suelo, asediados por otros que disparan fuera, con una sirena de policía acercándose, y sin tener nada que ver en realidad con ninguna de las tres cosas. Y la escena se corta abruptamente, en medio de esa acción. Porque esa acción no es lo importante. Sino su pertenencia a una tierra de nadie.[Abajo]
Ese sobrio detective esperando en su perdido despacho, tratando de mantenerse al margen de la mezquindad que le rodea, o de las motivaciones de los que le contratan. Buscando la luz de la oscuridad. Personajes apasionados, cuya vida se desborda en sus gestos sensuales, contradictorios, a contrapelo. En sus miradas intensas y sus sentimientos profundos. Por eso a veces se mueven lenta, parsimoniosamente, cuando la vida desborda su interior, contenida hasta el momento de surgir. Es la forma fascinante, lenta y densa de Lauren Bacall encendiendo un cigarrillo. En ese segundo, pasado por alto como algo nimio en otros personajes, en otras películas, se concentran todos los sentidos, emociones, ideas y deseos del personaje.
Es Faye Dunoway, interpretando a la atormentada e inquieta Bonnie, de “Bonnie and Clide” de Arthur Penn, en los 60. En esa escena en su habitación, moviéndose por ella desnuda sintiéndose enjaulada, sintiendo que pide algo más a la vida, sin saber qué, sin lograr saberlo nunca. Pero toda su peripecia con Clide será una búsqueda constante.[Arriba izquierda] O el personaje de William Hurt en “Fuego en el cuerpo”-Body heat-, de Lawrence Kasdan, en los 80. Cuando sabe que si elige relacionarse con K. Turner será para abandonar para siempre una vida cotidiana carente de sentido. Aunque este tipo de elección va un poco más allá en “Perdición” –Double indemnity- del inmenso Willy Wilder, que en esta historia de espesa tristeza y desafíos personales, el encuentro que pone en marcha todo es una exploración de los propios límites, un reto personal, porque la mujer que baja las escaleras con una pulsera en el tobillo está claro que no es una persona cualquiera.[ver Wakan nº 6][Abajo]
Las películas de cine negro son como un dique, demasiado pequeño, que nunca consigue contener a sus personajes, que nunca se pararán. El cine negro es fronterizo, por dentro y por fuera. En esta última década vi otra película, que de nuevo roza este universo, en este caso (“Brick”, una peli de cine independiente dirigida por Rian Johnson y protagonizada por un “detective” adolescente)se trata de una atmósfera inquietante y sutil, cuyo punto de arranque es la búsqueda de un amor perdido. [ver Wakan nº20]
Y por último acabaré con Bogart, de nuevo, como uno de sus intérpretes más sugerentes y completos. El que mejor sabía dirigir y apuntar con una mirada ausente, el que mejor caminaba solitario, ya fuera perseguido o amenazante. Su mirada significaba siempre: “puedo ser tu amigo o tu enemigo, todo depende de que pueda seguir siendo yo mismo”. La mirada de la ternura triste, y la ironía lúcida. Todos los personajes del cine negro podrían suscribir la frase que dijo a un periodista, esta vez el propio actor poco antes de morir de cáncer: “Puedes decir que ya estoy preparado para tomar mi último Martini”. [Tesa Vigal] Reservados todos los derechos © Wakan-Tesa Vigal
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