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En Cartél El hombre que nunca estuvo allí (Joel Coen).- Y no estuvo porque la realidad que le rodeaba le hastiaba, resbalaba sobre su piel sin llegar a rozarle y él miraba más allá de sus pobres horizontes cotidianos, de una peluquería con un compañero de incesante y vacía locuacidad, una esposa lejana que le dejaba frío con sus patéticas infidelidades y unos amigos más ajenos aún que les visitaban regularmente para cenar, en unas veladas tan aburridas que llegaban al absurdo. Película-poema, con un raro encanto que subyuga tanto como la interpretación de Billy Bob Thornton y sus enigmáticos y constantes silencios como humo, o sus difusos cigarrillos tan presentes y poblados como sus miradas. Algo diferente, algo con hechizo.
Y de repente, en ese panorama tan estrecho aparece una posibilidad de cambio y él no duda en vivirlo. A partir de ahí, del momento en que mueve ficha en el ajedrez de su vida, todo se mueve alrededor de manera imparable y todas sus circunstancias resultan tocadas. Como tantas historias del cine negro esta película parte de una situación sin salida. La triste desolación de un seco blanco y negro, de unos personajes tan "pobres" como su protagonista, magníficamente interpretados todos ellos, destacando Frances McDormand. La vida gris de la mayoría de la gente que desemboca en un callejón sin salida, o sólo con una salida radical y definitiva. La gris cotidianeidad en su más pura esencia, hecha poesía por lo tanto, sus nervios tristes y vencidos, su esquelético vagar a lo largo de día tras otro, todos iguales y de las puertas que se abren sobre un árido desierto emocional y vital. Y como toda poesía auténtica su efecto es fascinador al desvelar lo que se cuece bajo la vida cotidiana. Magnífica la sobriedad desolada y cansina de su protagonista Billy Bob Thornton. |
Cosas que diría con sólo mirarla, Rodrigo García.- Esta película no hubiera sido posible sin la enorme interpretación de sus actrices protagonistas, algunas de ellas tan famosas como Cameron Díaz, Glen Close, Holly Hunter y Calista Flockhart, pues está basada en las miradas, gestos, palabras, suspiros, murmullos, silencios de sus personajes. Esa es la columna vertebral de esta película de episodios entrelazados de manera cercana a la de "Vidas cruzadas" de Robert Altmann. El resto es personalísima sensibilidad. Situaciones y vidas miradas con la atención penetrante y neutra de un niño contemplando lo desconocido, y con la ternura más delicada. Y dentro de cada situación vital asoma el toque mágico de lo inesperado, lo inusual y lo incierto pintando de color turbador, o contradictorio las historias personales. Como la irrupción en la vida de una directora de banco de una vagabunda de locuacidad lúcida e inquietante. Y esas miradas de Glen Close siempre diciendo todo y más, ese gesto contenido y pleno de la ciega Cameron Díaz, Holly Hunter y las eses caminando, no por borracha sino por el desbordamiento de sus emociones en plena calle. Y esos silencios tan vivos y contradictorios de Calista Flockhart, asistiendo harta de tristeza y vadeando en el insoportable presente de una pena tocando fondo, a una amante moribunda que tarda demasiado en morir... Su director, el hijo del escritor García Márquez, tiene sin duda un toque tan personal e intransferible como su padre. Bienvenido al cine Rodrigo. Más, por favor. |
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Lejos, André Téchine.- Impactante por la fuerza de su intenso ritmo fronterizo, sostenido sobre la gran interpretación de todos ellos y sobre sus sentidos abiertos en canal: los sonidos cotidianos casi parecen oler y la fuerza de sus imágenes casi parece oírse. Comienza en Algeciras y acaba en Tánger. Fronteras, tierra de todos y de nadie. Comienza con las proposiciones ilegales que todo camionero que cruza el estrecho oye alguna vez y acaba en la huida desesperada de un chico marroquí hacia la lejana Europa, cuando se queda sin su bicicleta, la única posesión que tenía. Entre medias todo lo que se cuece a fuego lento pero imparable en la internacional Tánger. Occidentales fascinados por Marruecos, marroquíes obsesionados con Europa, subsaharianos buscando pensión, el amor sin salida entre una joven marroquí y un camionero francés. Y una vida trepidante que les avasalla a todos, empujándoles como el fuerte viento del estrecho. Ese que sopla en la playa africana desde donde la gente contempla en el horizonte, los días despejados, la costa española, el principio de Europa. Subyugante, potente, llena de nervio y vida. Película que arrastra al espectador igual que a sus personajes. |
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Smoking room, de Roger Gual y Julio Wallovits.- Película especial, sin duda. Ante todo por su planteamiento: la vida interior de una oficina. Nada que ver con el tópico costumbrismo. Pero también por la interpretación de todos sus actores. Por esa mirada de la cámara que quiere taladrar las caras de esos hombres que hablan con sus compañeros de trabajo dejando salir sus prejuicios, miedos, ambiciones, mentiras, violencia y patéticas fantasías. Incluso uno de ellos dando un espacio a la dignidad y la justicia. Sus escenas secas, directas y honestas. Sin aspirar a nada aunque dándolo todo. Tiene algo que atrapa y algo que exaspera y el resultado es casi inquietante. Pero es demasiado sobria para llegar a eso. |
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El embrujo de Shangai, F.Trueba.- Quiso ser dos películas en una, pero no logra la fusión. El resultado es un desequilibrio que molesta como una piedrecita en el zapato. La historia de Barcelona está viva, la de Shangai no pasa de ser un pequeño muestrario de imágenes deshilvanadas, carentes de dimensión real. Pero la parte de Barcelona merece la pena por esa creación profunda del personaje de Anita por Ariadna Gil, y por esa melancolía que tiñe todas sus escenas, que contienen desde el principio el aliento vital de lo que se mueve y acabará inevitablemente. Y el relieve de los dos niños y el que siempre presta a su personaje Eduard Fernández. Trata del poder invocador de la imaginación y sus posibilidades redentoras, de circunstancias malditas por ese azar que más se parece al destino, del amor estéril pero capaz de iluminar cualquier situación oscura, de la nostalgia de lo imposible, de la desolación velada por tristes y lejanas sonrisas, de lo irrecuperable por motivos que se escapan fuera del alcance de los dedos amorosos, del brillo de la inocencia en medio del barro... Por todo esto merece la pena verse aunque siga siendo en general una obra fallida. |
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_______Y ADEMÁS: El creyente, Henry Bean/ El empleo del tiempo, Laurent Cantet/ en la ciudad sin límites, Antonio Hernández/ Gosford Park, robert Altman/ Hable con ella, Almodóvar/ Monster's ball, Marc Foster/ Steal this movie, Robert Greenwald/ Vete a saber, Jacques Rivette/ Y toda la programación, interesante y especial, del Cine estudio Bellas Artes y el Pequeño Cine Estudio. __________________________________________________ |