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JOYAS DE BIBLIOTECA

Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca.-

El surrealismo en Lorca

En el estudio de las diversas y más brillantes trayectorias literarias, a menudo podemos encontrarnos con inquietudes, pequeños interrogantes o grandes enigmas (como es el caso de Federico García Lorca). Si bien por la suma importancia y variedad de su obra no puede ser catalogado en un tipo literario de modo específico, tampoco es admisible desconocer su aporte surrealista. Poeta en Nueva York, escrito en dicha ciudad entre 1929 y 1930, años en que el poeta residió como estudiante en la Columbia University, es una muestra clara de surrealismo y, probablemente, su obra de menor difusión y trascendencia. Haciendo un análisis exhaustivo en la cronología de su obra encontramos una multiplicidad de facetas que enriquecen al arte y, sin embargo, muy vagamente puede percibirse algún vestigio de surrealismo en su escritura, a excepción, por supuesto, de la obra anteriormente mencionada. Si consideramos el hecho de que Poeta en Nueva York fue escrito durante el auge de este movimiento en Francia y que difiere en demasía de sus otros escritos, tal vez podamos cuestionarnos si su creación se debió a una necesidad personal, a la influencia externa o si fue con la mera intención de experimentar esas nuevas formas. Sin profundizar en el motivo que lo impulsó, lo importante es reconocer el surrealismo Lorquiano, revalorizarlo y otorgarle un lugar fundamental dentro de su propia obra.

Todos los poemas incluidos en este libro denotan una estructura clara y sólidamente constituida, en donde el tema fundamental se desarrolla a partir de un entorno entrevisto y de un enfoque que oscila entre polos opuestos. Así, entre uno y otro poema, vamos descubriendo una Nueva York hostil, una etapa profusa de reflexión y melancolía en la vida del autor y un lenguaje abrumador que combina la celebridad de una frase con la metáfora casi desgarradora. En algunas ocasiones, saliendo del rol de espectador y permitiéndose un nivel más elevado de conocimiento, logra satirizar a la barbarie y al urbanismo con una poética de tipo filosófico. La obra refleja, a lo largo de su desarrollo, una honda preocupación y la incomodidad frente al drama cotidiano y ante una sociedad en extremo indiferente.

Daniel Fernández

 

"Las flores del mal", Baudelaire.-

Las alabanzas báquicas de Baudelaire dejan fácilmente adivinar al hombre bueno que anhela una sencillez vital que está muy lejos de poseer.

Sí, maravilla del vino alegre, del vino orgiástico, del vino activo, del vino que busca amigos. Sentimientos todos ellos propios del hombre bueno que, definitivamente, no está quemado. Todavía cree que la soledad es transitoria, todavía espera fiestas maravillosas, todavía no está poseído por el odio. Aún no están cortados los lazos con los hombres, todavía no está desesperado ni desolado. Todavía cree en la suerte y su delicioso compañero el azar. Todavía cree en las cosas y en la vida. Porque ninguno de estos afortunados "todavía" son posibles en quien prefiere radicalmente hundirse en el opio.

Tienes razón Charles, pero feliz tú, que cuando escribiste estas páginas todavía creías en la voluntad y la acción.

Muchos se consolarán o se sentirán orgullosos de verse a sí mismos en este librito, pero en cuanto a mí, que siempre aparezco rara por algún sitio, no estoy de acuerdo en uno de sus efectos descritos por ti el delirio de grandezas. Porque cuando ataca suele ser como víctima de la inseguridad desesperada.

Me quedo con el motor y la esencia de tu libro. En tus propias palabras: "La sensatez nos dice que las cosas de la tierra bien poco existen, y que la verdadera realidad sólo está en los sueños".

Tessa Duncan