Wakan número 30

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La Película Secreta

Sección dedicada a películas especiales. Pueden ser fallidas o redondas, famosas o desconocidas, pero nunca resultan indiferentes

Los Amantes del Círculo Polar, Julio Medem.-

[Por Tesa Vigal]

Suscribo la cita del gran amante del cine Vicente Molina Foix, que aparece en la página FilmAffinity sobre esta película: “Vigoroso poema elegíaco de Medem. Desmelenada, pero no descabellada, lírica y con una irrompible lógica interna”.

Añadiría que es perturbadora, extraña, original en su historia y en la forma de contarla. Aunque aviso que no es apta para la gente con visión reduccionista de la vida. Lo simple ni pregunta ni contempla. Sólo lo sensible explora, como esta película, y acaba topándose con el misterio, con el sentido, con el latido de los árboles…

Fotograma de Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem

Contada en primera persona por cada uno de sus protagonistas, alternativa y sucesivamente, eso ya remite desde el principio a una subjetividad maravillosamente insolente. Algunas de sus frases apuntan a los temas entrecruzados de su historia: “¿Se puede correr hacia atrás?” (Ana). “Es bueno que las vidas tengan varios círculos” (Otto). Aunque yo prefiero esta otra de Ana: “Lo desconocido se metió en lo conocido”. Cualquiera de esas frases se refiere a lo que trasmite esta película, más allá de su trama. Siempre es fundamental cómo se cuenta algo, pero en algunos casos es decisivo. Esa es, además, una de las características de Medem: la forma de contarlo rebosa de contenido, mientras que en su trama apenas se bosqueja. (Abajo a la izquierda Medem).

Julio Medem
Fotograma de Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem

(Dejo de lado algunas de sus películas, sobre todo la última, a mi parecer fallida y desinflada).

En esta historia de amor clandestina, por motivos personales que no sociales, se remite una y otra vez al recorrido interior de sus personajes, hasta el punto de que lo que sucede fuera es plasmación directa de su recorrido íntimo. En realidad eso sucede siempre y a todo el mundo, sólo que casi siempre de manera inconsciente, o indirecta.

Dos niños se conocen mientras corren por motivos personales. Una, corre para escapar. El otro, corre persiguiendo un juego. Y ninguno sabe de dónde ha salido el otro, pero ambos se reconocen de manera inmediata y subterránea.

os hermanos, que no lo son, mantienen en secreto su amor, aunque sus padres lo habrían celebrado. Hasta el punto de hacerles creer que no se llevan bien, que apenas tienen contacto…

Fotograma de Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem
Fotograma de Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem

Dos ventanas que dan al mismo jardín nocturno de árboles agitados por un viento lleno de poder.

Dos historias de tiempos distintos que confluyen en un piloto: Otto, el piloto. Dos nombres capicúas: Otto y Ana (al que habría que añadir el del propio Medem).

Dos finales cruzados, en los que se narra magistralmente la fusión de los dos hechos y las dos miradas, sin que el espectador esté seguro de si Ana sube la escalera o no la sube, hasta que el plano último del interior de una pupila pone punto y final, a regañadientes.

Fotograma de Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem
Fotograma de Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem

Dos mesas cercanas en la plaza Mayor de Madrid, ocupadas por el destino. Ninguno ve al otro, ni siquiera sospechan su cercanía, aunque sus búsquedas tienen la misma melancolía descarada.

Y el sol nunca se pone en el círculo polar donde Ana instala su silla, junto al lago.

Como en el verso de Lou Reed: “Amores legendarios me persiguen en sueños”.

[Tesa Vigal] Reservados todos los derechos © Wakan-Tesa Vigal