Wakan nº 31

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Libros fuera del tiempo

El filo de la navaja, W. Somerset Maugham.-

[por Francisco G. Castro] [introducción, Tesa Vigal]

Introducción

Somerset Maugham nacido en la embajada inglesa en París, en 1874. Su padre, diplomático, murió dos años después de su madre, a los 10 años. Los efectos traumáticos los arrastró a lo largo de su vida, no sólo con una tartamudez perenne, sino con un cambio de carácter que se volvió mordaz, acomplejado, acorazado, áspero y hasta cruel. En esto influyó decisivamente el que fuera recogido por un tío en Inglaterra (mencionaba ese periodo como “los años más míseros de mi vida”), sino también por las burlas y el acoso escolar en la escuela por sus compañeros.

Tampoco fue infeliz en su vida amorosa. Bisexual, se casó con una mujer a la que detestaba y también prolongó la relación, tormentosa, con su amante masculino hasta la muerte de éste.

Maugham
Maugham
Maugham

Estudió medicina que ejerció durante poco tiempo, ya que con su primera novela, “Liza de Lambeth” (1897) alcanzó un gran éxito y se dedicó de lleno a la literatura.

Escribía con portentosa agilidad narrativa y una mirada escéptica con sus personajes y las relaciones humanas.

Muchas de sus novelas han tenido varias adaptaciones cinematográficas. Entre sus principales publicaciones: “Servidumbre humana” (1915), “Soberbia” (1919), “El velo pintado” (1925), y “El filo de la navaja” (1944).

Esta última, chocó en su día por su pacifismo, algo insólito en la época, incluso escandaloso, ya que se consideraba algo “natural”, bueno y justo eso de luchar por la patria. Pero lo que continúa siendo perturbador en esta novela es su tema central: una interrogante y un cuestionamiento del sentido de la vida. Su protagonista, un joven americano “prometedor”, en lugar de insertarse en la sociedad “como debe ser”, buscarse un trabajo, formar una familia y “llegar a ser algo en la vida”, decide rechazar cualquier tipo de “carrera” profesional y dedicarse a buscarse a sí mismo, para lo que viaja interior y exteriormente a través de trabajos variopintos para subsistir y personajes periféricos, en una trayectoria peculiar y desadaptada que le aleja de caminos trillados. Algo que sonaba y se vivía mucho en los años de la contracultura hippy, pero que ahora, en una época de nuevo conservadora y consumista, vuelve a ser profundamente excéntrico.

Velo Pintado de Maugham

Arriba versión de El velo pintado de Curran, con Naomi Watts y Edward Norton.

Greta Garbo en el Velo Pintado de Maugham
 

Entre las adaptaciones al cine de sus novelas destacan la de “El velo pintado” que protagonizó Greta Garbo en 1934, y la versión reciente de John Curran protagonizado por Naomi Watts. “Servidumbre humana” de 1964. “El agente secreto” de Hitchcock en 1936. “La carta” de William Wyler de 1940, protagonizado por Bette Davis. Y la propia “El filo de la navaja”, cuyas versiones no han sido gran cosa, siendo la mejor relativamente la protagonizada por Tyrone Power en 1946.

Algunas de sus citas más conocidas:

“Sólo una persona inepta rinde siempre al máximo de sus posibilidades”. “La gente no busca razones para hacer lo que quiere, sino excusas”. “Para rezar a Dios con devoción, no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna iglesia”.
 

El Libro

Esta es una novela por excelencia y Somerset Maugham un narrador impecable. Es también, con toda probabilidad, un escritor de segunda fila (¿?) o sea que en sus textos no hay nada absolutamente sobresaliente, monstruoso o exagerado, pero acogido a ese patrimonio de la humanidad que es el arte narrativo, logra que otros, pecando de listos, nunca podrán lograr: un estupendo libro de “entretenimiento” que será, para quien medita sobre el sentido de su vida, como un caramelo para un niño, que lo disfruta sin más. Por otra parte, sin duda, en estos escritores que retienen algo esencial de ese patrimonio al que aludía antes, existe como un secreto transparente, en el que nos proyectamos sin apenas darnos cuenta.

Portada de El Filo de la Navaja

El libro, según cuenta el propio Maugham, está basado en una historia real y su protagonista es un joven americano que, después de la primera guerra mundial, a pesar de la presión de amigos y familiares, opta simplemente por holgazanear. Como si dijéramos, parar el mundo (la idea no puede ser más interesante) y averiguar qué significado tiene éste, antes de entrar inconscientemente en su dinámica, como el resto de la gente, que sin preguntarse nunca ni cómo ni por qué, desafía oposiciones, se incrusta en las aulas universitarias, o se habitúa definitivamente a la redoma del bar de turno, donde un tipo aún más pesado que ellos, va y les ofrece esta revista. Con ese motivo, este joven inicia un largo peregrinaje de trabajos, de estudios y de países. Una aventura en la que exterior e interior están sincronizados, porque, como dice Larry (el protagonista): “A casi todas las personas que han ejercido más influencia sobre mí parece que las he conocido por casualidad, pero recordando las circunstancias de cada caso, casi resulta inevitable que las conociera. Es algo así como si estuvieran todas aguardando a venir en mi ayuda cuando yo las necesité”.

India

Arriba India. Derecha versión de El filo de la navaja, con Tyronne Power

Tyronne Power en El Filo de la Navaja

Lástima, sin embargo, que este personaje y su iniciación –por otra parte, insisto, fascinantes- no estén a menudo a la altura de la tragicomedia que el autor pinta para otras criaturas de su historia, de manera que uno podría pensar que la vida de estos simples mortales, descritos con el seguro relieve del que conoce a fondo sus conflictos, triunfó en la novela sobre la teoría de un personaje como Larry, del que –por muy real que sea- Maugham parece sólo saber copiar sus discursos: “Es extraño la cantidad de gente que tiene miedo. No me refiero a la angustia de los espacios cerrados, o al vértigo de las alturas, sino al miedo a la muerte y, lo que es mucho peor, el miedo a la vida. Muy a menudo son personas que parecen gozar de excelente salud, prósperas, sin preocupaciones y, sin embargo, el miedo las tortura. He pensado algunas veces que es el estado de ánimo más frecuente de los humanos”.

[Francisco G. Castro]

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