Wakan nº 31

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La Película Secreta

Esta sección está dedicada a películas especiales, ya sean joyas o defectuosas, famosas o desconocidas, pero nunca indiferentes.

Ojos Película Secreta

Two-Lane Blacktop, Monte Hellman.-

[por Tesa Vigal]

Aquí se tradujo como “Carretera asfaltada en dos direcciones”. Íntima película existencial, esto es que se pregunta sobre la naturaleza y el sentido de la existencia. Por eso parte de un viaje, pero a diferencia de otras muchas historias de carretera, este viaje no tiene un motivo conocido ni una meta clara, ni siquiera dirección concreta. Es un viaje a ninguna parte y a cualquiera. Y el misterio del recorrido impregna a los propios personajes. En realidad no se sabe nada de ellos, ni siquiera sus nombres (se llaman entre ellos por enigmáticas iniciales, o incluso por su “papel” en el viaje: “conductor”, driver, uno de ellos, protagonizado por el músico James Taylor. Él es el único que salió indemne de esta película, ya que tanto el batería de los Beach boys, Dennis Wilson, como la chica, Laurie Bird, tuvieron muertes tempranas peliculeras. Ella, se suicidó a los 26 años y el batería del mítico grupo californiano se ahogó en el mar, a los 39 años.

Two-Lane Blacktop

La interpretación de los tres es perfecta y armónica con la propia historia. Una interpretación sobria, poéticamente seca, que apunta directamente a la naturaleza incomunicativa de la mayoría de las relaciones humanas, en las que todo se calla, o se elude, o se malinterpreta.

A diferencia de otras películas calladas, ésta tiene acción (incluso la desaforada propia de carreras de coches clandestinas), pero el silencio es el rey que todo lo empapa. Y cuando el silencio acompaña a un viaje en coche adquiere matices turbadores, que perfilan ásperamente un relieve inusitado en todo lo callado, en cada gesto y cada vacío. Aquí, en esta historia todo es una constante alusión.

Fotograma de Two-Lane Blacktop
Fotograma de Two-Lane Blacktop

Pero, existe una diferencia sutil entre sus personajes, que llega a ser decisiva. La chica aporta claridad rotunda en sus acciones, aunque el resto de sus facetas expresivas quede igualmente sin comunicar. Ella hace dedo y se suma a su viaje sin rumbo, durante un tiempo. Ella, les deja después, bajándose irreversiblemente. Actúa, reconoce, observa, revela lentamente, espera la respuesta y decide.

Precisamente su personaje es el que más me motivó cuando vi la película a principios de los 80. Como me pasa con todo lo memorable que leo o veo, la impresión emotiva y de su atmósfera sigue ahí, aunque pueda llegar a olvidar su trama.

Fotograma de Two-Lane Blacktop
Fotograma de Two-Lane Blacktop

En este caso, dado que la vi en un momento peculiar de mi vida, en el que trataba de descubrir mi propio rumbo, un tanto desesperadamente, reaccioné de exagerada manera asertiva, incluso desafiante. Y escribí un pequeño texto rabioso centrado en ella. En él hablaba de decepción. De clases de chicos con los que me había encontrado. Gente como el personaje del mecánico (Dennis Wilson), que reflejan inconscientemente el vacío resignado. Otros, como el conductor, en los que respira la sensibilidad pero asfixiada por el miedo a la expresión. Y ambos en definitiva acaban por elegir sólo, sobrevivir, o lo que es lo mismo, vivir para nada. Morir lentamente.

Fotograma de Two-Lane Blacktop

Así que los tres acaban reunidos durante corto tiempo por la insatisfacción inquieta, que desemboca en la pasividad y la inercia. Y precisamente por eso, por su ausencia, hay momentos en esta historia donde destaca la plenitud del amor o el juego, y en ellos sobrevuela la sed de comunicación plena y álgida, que una y otra vez permanece aquí oculta, subterránea, cercenada.

Fotograma de Two-Lane Blacktop

Así que no me extraña que el final de aquel viejo texto acabara a modo de grito, invocando la plenitud vital de la infancia, o los momentos adultos en que se logra una entrega rotunda al presente: “… Y lo que sentías no se repartía con nada del futuro. “Era”, y luego desaparecía suavemente porque habías puesto todo en el tapete. No había entonces resaca, no mirabas atrás. Luego, te enseñaron a querer el amor, y en medio de infinitos laberintos de miedos y clasificaciones, de ideas cruzadas y teorías, te volviste impotente vital y jamás volviste a saber lo que era desear, amar y olvidar”.

Recomiendo un interesante comentario sobre la película en la revista Miradas de cine nº 41, dossier años 70:

www.miradas.net/2005/n41/estudio/carreteraasfaltadaendosdirecciones.html

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