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Pág. 2 de CINE: En Cartel (Shutter Island) tWakan.com / Envío textos: twakan@yahoo.es |
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La Película secretaSección dedicada a pelis conocidas o famosas, joyas o irregulares, pero con efecto alargado. Nunca dejan indiferente.
Out of the blue (Caído del cielo), Dennis Hopper.-[Por Tesa Vigal] “Parece como si todos en este vasto mundo estuvieran contra mí” (del tema 'Down on me' de Janis Joplin) “Oh cariño, sé cómo te sientes, sé qué sientes que estás acabada, siéntate y cuenta, cuenta tus pequeños dedos/ mi desdichada, pequeña chica triste” (del tema Little girl blue” de Janis Joplin) Según el propio Dennis Hopper, el protagonista de esta película olvidada, interpretada por él mismo además de dirigirla, es una ojeada a la vida de su personaje en Easy Ryder (escrita y dirigida por él), quince años después. Y está inspirada en la canción de Neil Young del mismo título, cuyos primeros veros dicen: “el rock and roll está aquí para quedarse / es mejor quemarse / que desvanecerse”.
Un hippy con un periplo marginal que ha incluido visitas a la cárcel, refugiado en el alcohol, junto a una compañera amorosa tan problemática como él, ambos con esa aureola -mitad conmovedora, mitad irritante- que envuelve a los seres soñadores que caminan torpemente por la sociedad y son vapuleados por ella con demasiada frecuencia, tienen una hija adolescente que sigue los pasos rebeldes de sus padres. Por lo tanto su rebeldía es doble y desesperada. Linda Manz (actriz de poderoso magnetismo y de corta carrera en el cine) la encarna con un brillo de melancolía rabiosa, de pureza salvaje, de hondura sin concesiones. Porque además es una chica y en los tiempos del punk (en que se desarrolla la historia) ya no basta con liberar el cuerpo como hicieron las chicas hippies, ahora se trata de liberar el alma.
Esto suena a utopía en estos tiempos que vivimos, retrógrados en apariencia (al menos eso espero), cuando chicos y chicas parecen haber vuelto a preocuparse exclusivamente de su físico, adorando marcas y con actitudes amorosas en torno al objeto amado como propiedad (con todo el arsenal conservador que eso implica), pero prometo que así ocurrió, yo lo viví, yo fui testigo. Y vuelvo a la chica adolescente de esta historia que ama a Elvis no sólo como a un pionero, sino por esa canción que escucha constantemente: “el hotel de los corazones rotos”. A continuación parte de lo escribí en la revista “Mandrágora y el Pirata” cuando se estrenó aquí la peli, en el 82, en el cine Alphaville de Madrid (hoy Golem), incluyendo una tertulia posterior en el café del cine con un conmovedor Dennis Hopper pasado de botella. De cuero negro y mirada alerta, princesa exiliada, tú y yo sabemos lo que significa la muerte de una sonrisa.
Cuando nos piden fiesta y amable compañía suele ser una amenaza lo que flota en el aire, así que nos pusimos las botas altas y abandonamos eso que llamaban hogar sin serlo. Creo que pensaban que ser dulces y encantadoras implicaba sumisión y vacío, por eso nunca entendieron nuestro sentido del humor ni el corazón en la mano cuando ofrecíamos nuestra amistad. Entonces les revelamos nuestros ojos más limpios, nuestra voz rota, nuestra fragilidad, los silencios más profundos y la diferencia entre fidelidad y lealtad. Pero de nada sirvió, no era eso lo que les interesaba. Buscaban trofeos sin alma, o escudos contra su oscuridad. En cualquier caso el miedo les hizo recular disimuladamente. Y nosotras no quisimos volver a equivocarnos y guardamos nuestros sueños para quien los merezca. Nadie dice que sean fáciles de entender y aunque estuvimos a punto de escupir en nuestras huellas, fueron otros los que finalmente lo hicieron.
Nunca tuvimos nada que ver con intrusos, sólo el roce imprescindible para pasar de su falso consuelo. Suele ir acompañado de doradas palabras de admiración, pero blandas al menor empuje como las monedas falsas, vacías y vacías. Responderemos con acero a los dedos de falsa suavidad. Pero seguiremos buscando las puertas de entrada y salida porque jamás supimos doblegarnos, pequeña triste, y seguimos siendo tan salvajes como los puros caballos y los poetas verdaderos. Pensándolo bien no me extraña que parezca demasiado; a ti, pequeña triste, y a mí también nos asusta, pero no podemos remediarlo. Mueven sus torpes gestos tratando de parecer lo más conveniente y así se acercan, pero no para querernos, pequeña mía, sino para no dejar en cueros su alma. Cualquier cosa con tal de no mirar el fondo de tus ojos. No, la vida no nos sorprende aunque siga intacta nuestra imaginación y el asombro. Por eso nos cuidaremos bien, abiertas y con serena firmeza. Montaremos en guitarras indómitas porque ahí sigue latiendo el corazón, porque ellas hablan el lenguaje de la intimidad sin barreras. Y seguiremos caminando con las manos al viento, hasta el final. Porque la libertad es la fuente del amor y el amor será nuestro eterno compañero [Tesa Vigal] Reservados todos los derechos © Wakan-Tesa Vigal
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