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Maneras de vivirMalasaña al son del “Hare Krishna”[Por
Isabel Gracia Vargas]
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Desde el exterior se aprecia un sitio modesto, sin suntuosidades, con una puerta repleta de carteles informativos sobre actividades de la comunidad y abierta a todo tipo de público. Porque si de algo pueden presumir es de ser gente cercana y acogedora, en parte porque a diferencia de otras ramas del hinduismo, ésta es activamente proselitista, lo que llevan a cabo a través del reparto de folletos a cambio de la voluntad, o comida vegetariana a cualquiera que decida acercarse al templo a eso de las tres de la tarde.
Nada más introducirnos en el templo observamos una sala de tamaña medio, como cualquier cafetería de la zona, con techos bajos y parqué de madera. A la derecha unas cuantas mesas; a la izquierda unas estanterías donde depositar el calzado; y al fondo un espacio unitario con pequeñas colchonetas repartidas por el suelo donde sentarse a comer y unas mesas con grandes cazuelas de arroz, verduras y ensaladas, que serán servidas tras la oración diaria.
Nos comunican que la oración o maha-mantra Hare Krishna va a dar comienzo. Nos indican unas escaleras por las que se baja al sótano. Son las 14.45, y con una puntualidad británica inician el canto que se prolongará durante media hora. Para ellos, esta es la práctica principal para lograr la conciencia de Dios en esta era de Kali (riña e hipocresía). En ella se cantan los santos nombres del Señor: "Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare / Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare".
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Para los devotos de este movimiento espiritual, Krishna significa “el Supremo atractivo” y esa cualidad la ostenta Dios, por lo para ellos Krishna significa Dios.
“Todos estamos íntimamente relacionados con El, por que El es nuestro padre original. Pero hemos olvidado esta relación a causa de nuestra vida condicionada por lo material. El sencillo proceso es cantar el Maha-mantra Hare Krishna”, son las palabras que enuncia el presidente del templo al inicio de la oración.
Devotos o no, la gente empieza a llegar poco a poco y se incorporan al canto. Los más creyentes, al llegar se arrodillan y, apoyando la frente en el suelo, enuncian en voz baja el nombre del Señor.
La sala es pequeña, con las mencionadas colchonetas naranjas en el suelo, y al fondo de la misma aguarda el lugar reservado al altar, donde se aprecia en primer término la figura del fundador de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, Swami Prabhupada. Le acompañan diversos marcos espirituales con imágenes que les han sido entregadas sin manipulación, como nos cuenta el presidente del templo. El conjunto del altar lo completa un conglomerado visual muy colorido y las palabras que enuncian el nombre del Señor figurando en la cornisa.
Poco a poco, lo que parecía un canto pausado y relajante se va convirtiendo paulatinamente en una fiesta aderezada por el tambor que toca uno de los Hare Krishna. La cosa empieza a animarse. Es un espectáculo de musicalidad. Dos únicas frases repetidas bajo múltiples compases que van contagiando las ganas de bailar y mover el cuerpo. Alguna señora mayor cierra los ojos, chicas jóvenes se ríen y cantan efusivamente, y algunos hombres también se atreven con el movimiento corporal. Así es como se consigue extraer esa alegría que brota del alma, aquella que no se debe buscar en tóxicos o de forma externa al cuerpo, sino que emana del interior del mismo. La clave es reconocernos a nosotros mismos como bienaventurados, eternos y llenos de conocimiento, según palabras del presidente.
Terminada la oración, es el turno de la comida. Subimos a la planta principal. Son las 15.15 y la gente se sitúa en una fila que se respeta rigurosamente. Al inicio de la misma se halla el presidente recibiendo el donativo (5 euros) que hay que darle a cambio de un ticket que canjearemos en el “buffet” vegetariano. Las raciones son contundentes y puedes repetir si gustas. En la fila, una joven de veinticuatro años nos cuenta que es su cuarto año de devoción y que acude al templo varias veces por semana. A diferencia de lo que muchos creerán, no son prácticas indispensables vestir con ropa azafrán y llevar la cabeza rapada, aunque para los devotos crean una buena situación mental que favorece el cultivo de la Conciencia de Krishna.
Mientras comemos, observamos a los demás que lo hacen a nuestro alrededor. Hay gente de todo tipo, unos más devotos que otros, y algunos que en absoluto lo son. “vengo aquí porque trabajo muy cerca y la comida está buena y es barata”, comenta un hombre de mediana edad. Otra chica de unos veinticinco años ha ido por recomendación de una amiga tras haber perdido su empleo hace tan solo un par de horas. Algunos conocen el tema más a fondo, pero no lo practican y otros se lo toman más en serio.
Sea como fuere, entrar por un rato en el templo Krishna de Madrid es una experiencia altamente recomendable, a través de la cual siempre podemos aprender algo nuevo, comer bien y pasar un rato agradable, y de paso evitar caer en estereotipos infundados. Hare Krishna.
[Isabel Gracia Vargas]
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