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Pág. 2 de LITERATURA: Autores desconocidos (El busto de Ciceron y la espora) tWakan.com / Envío textos: twakan@yahoo.es |
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Libros fuera del Tiempo / NUEVAS ENTRADAS DE WAKAN EN: cuadernos dionisiacos de la luna palidaMemorias de África, Isak Dinesen.-[Por Tesa Vigal]Isak Dinesen, pseudónimo de Karen Blixen. Nacida en Dinamarca, Rungsted, el 17 de abril de 1885 y muerta en el mismo lugar en 1962. Pero entre tanto vivió largo tiempo en África y esa estancia fue decisiva en su vida. No sólo allí conoció a su querido e inolvidable Dennys Finch, sino que allí pareció fraguarse su pasión por contar historias, pues fue a su regreso cuando se volcó en escribirlas.
Da la impresión de que su recorrido vital formó dos bloques. En la primera parte de su vida se agolparon los hechos más intensos y atormentados, unos de naturaleza ambivalente –su faceta amorosa- y otros trágicos como el suicidio de su padre cuando ella tenía diez años, o la muerte de Dennys al estrellarse su avioneta, o la pérdida de su granja africana. Blixen es en realidad el apellido de su marido, un primo lejano que tenía el título de barón y con quien se fue a África. Su relación fue ambigua a ratos y a ratos difícil. Él incluso le contagió la sífilis, aunque Karen se recuperó felizmente. En Nairobi conoció a Dennys Finch y su relación amorosa tiene algo de legendario por su intensidad, especial conexión y trágico final. Tras divorciarse de su marido siguió varios años más con su querida granja, donde plantaba café, hasta que las circunstancias adversas le obligaron a venderla y regresar a Dinamarca.
Hace poco he sabido que existe un asteroide llamado Blixen en su honor. Su primer libro es el fascinante “Siete cuentos góticos”, publicado en 1934. Actualmente está descatalogado en España. Animo a cualquier editor sensible y aventurero a reeditarlo. A continuación viene su libro más famoso: “Memorias de África”, en 1937 (magnífica edición en la editorial Alfaguara). Le siguieron el maravilloso “Cuentos de invierno” en 1942, “Vengadoras angelicales” en 1944 y “Sombras en la hierba” de 1960. MEMORIAS DE ÁFRICA En la emocionante película de Sidney Pollack del mismo título (basada en los datos biográficos de su larga estancia en África, sumados a la atmósfera hondamente poética de su libro), hay una escena que refleja a la perfección la manera de escribir de Isak Dinesen. Y lo hace a través de su manera de contarlas en voz alta. Cuando después de cenar con sus amigos, y a partir de la frase de uno de ellos, comienza a ensartar sucesos, personajes y escenarios humilde y rotundamente, paso a paso y dejando salir a la historia que quiere ser relatada.
En sus libros, desde la primera página, aparece esa misma sensación de ir preparándose a contar la historia según va surgiendo, con el efecto envolvente de ir moliendo cada palabra con sutilidad, con pausas ensoñadoras que permiten reposarla íntimamente y seguir escuchando embobados. Dispuestos a dejarse llevar por ellas, narradora e historia, hasta donde sea. Es, además, una escena que recrea la misteriosa necesidad de los seres humanos de contar y escuchar historias. Tanto ella, la narradora, como sus amigos oyentes se dejan envolver por ese mundo invocado, volando más allá del momento para regresar a él y encontrarlo enriquecido por la imaginación que explica la vida completándola, buceando en los seres que la habitan y el origen de sus actos y emociones.
En el libro de Dinesen no aparecen de manera explícita sus relaciones amorosas. Sólo de manera indirecta al mencionar, como de pasada, las largas estancias de Dennys en su casa, sin más explicaciones, o su muerte repentina al estrellarse su avioneta. Se diría que es demasiado delicada como para mencionar la palabra amor, o hacer una crónica de su intimidad. Dice, por ejemplo: "... la mayor parte de las veces, cuando estábamos juntos, hablábamos y actuábamos como si el futuro no existiera". Esa especial historia con Dennys fue demasiado profunda como para limitarla al ponerla por escrito. De tal manera que transmite justamente mucha más intimidad que si hubiese contado una crónica detallista. Su libro habla del alma de África, de su íntima conexión con ella y con algunos de sus amigos o empleados, o de los efectos infinitos en su vida a través de atmósferas, breves diálogos, apuntes repentinos sobre el corazón de una escena, o lo memorable de algunas de las personas que allí conoció. Y su reverencia por el efecto fascinador que lo desconocido y lo inesperado ejercían sobre ella. (Abajo a la izquierda sus queridos y entrañables kikuyus. A la derecha otra escena de la película).
La complicidad con su cocinero, Kamante, y su forma de nombrar los platos que preparaba: “... según el acontecimiento que se había producido el día en que los había aprendido, así que hablaba de la salsa del rayo que hendió al árbol y de la salsa del caballo gris que murió” . Con él conectaba de manera natural con su forma de hablar y sentir la vida a base símbolos, poderosos y sensibles, sabios, vivos. Con ese lenguaje común a toda la humanidad y usado en los sueños, que las culturas llamadas primitivas aún conservan y es el mismo empleado por los artistas en sus creaciones. Una noche la despertó de madrugada para avisarle de un incendio repentino, diciendo solemnemente: "Creo que debes levantarte. Ha venido Dios". Su portentosa manera de transmitir atmósferas, dando el relieve de múltiples dimensiones a una descripción de momentos o paisajes, es una de las más sugerentes que he leído nunca. Por contraste, el tipo de escritor periodístico (cuyos datos son interesantes y necesarios) sabe a poco. A muy poco sus enumeraciones de un árbol a la izquierda o una casa a la derecha, quedándose en la superficie de las cosas. En lugar de eso, Dinesen parece beber de la misma fuente sabia origen de la poesía y, para meterte en un momento emocional concreto, al salir de una casa al amanecer, escribe simplemente: “el paisaje estaba misteriosamente despierto” (de uno de sus “Cuentos de invierno”).
De África dice: “El aire en África tiene más significado en el paisaje que en Europa, está lleno de vislumbres y espejismos y, en cierto modo, es el escenario real de las actividades. En el calor del mediodía el aire oscila y vibra como la cuerda de un violín, levanta capas de herbazal con acacias y colinas encima y crea la ilusión de vastas extensiones de agua plateada en la hierba seca”. Su forma de escribir es una fina red de hondas analogías como las de los sueños, más una asombrosa exactitud en las palabras y una fluida sucesión de potentes imágenes. Hay otra frase en “Memorias de África” que dice: “Me explicaron cómo cada criatura viviente sobre la tierra tenía su réplica bajo el mar”. Pues bien, yo diría que Karen-Isak hace una alquimia semejante al escribir. Llena el alma de escenas y personajes con sus correspondencias materiales, y a la tierra de objetos y cuerpos con sus paralelos espirituales. Pero ¿no es precisamente el escribir y el vivir una búsqueda incesante de correspondencias? En todos los sentidos. [Tesa Vigal] [En caso de usar este texto: sin modificar y citando autora y procedencia] © Wakan - Tesa Vigal
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