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Pág. 1 de LITERATURA: Libros Fuera del Tiempo (El Jugador, Dostoievski)

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Autores inéditos o desconocidos

Nuevos Quijotes

Por la Dra. Aintzane Legarreta Mentxaka-

Adult Education Centre, University College Dublin maken_txu@hotmail.com

Este momento, entre fines del siglo veinte y principios del veintiuno, es decisivo en el futuro desarrollo de la literatura, al menos en los países en los que el acceso a las nuevas tecnologías es generalizado. El impacto potencial de la ‘fanficción’ en todas las áreas relativas a la escritura ha sido tal, que el público, el mercado, y los históricos parámetros temáticos y estilísticos a que estábamos acostumbrados, han sido atravesados por una corriente eléctrica. La ráfaga viene asociada a un ímpetu regenerativo, pero para hacerlo posible la fanficción ha eliminado indiscriminadamente y sin remordimientos gran parte de la memoria literaria acumulada durante siglos. La fanficción, o ‘fanfic’, es mucho más que una subcultura de lectores y escritores especializados, es un desafío a lo ortodoxo en varios frentes. Aunque proviene de los márgenes absolutos de lo canónico, la fanficción tiene el efecto de alterar la literatura popular al extremo de volverla irreconocible.

 El fenómeno tomó forma a finales de los años sesenta del pasado siglo en los Estados Unidos con la emergencia del ‘media fan’ (fan mediático). Pero ya en las décadas de 1940 y 1950, el boom de las publicaciones de ciencia ficción trajo consigo el desarrollo simultáneo de un grupo de aficionados, o fans, literarios. Estos fans ya esbozan, sin darse cuenta de ello, la abstracta entidad organizada y auto-regulada por los propios fans que ahora denominamos ‘fandom’. La expresión más significativa y más visible de este colectivo eran las ‘convenciones’ (o ‘cons’), especie de conferencias organizadas por fans, para fans, en las que ideas y materiales eran intercambiados, y que, gradualmente con más frecuencia, incluían la posibilidad de discutir libros o historias con los propios autores. Gran parte de la literatura popular en los géneros fantásticos y de ciencia ficción poseía ya algunas de las características que se asociarían a la fanficción más adelante. Por ejemplo, un considerable porcentaje de lo publicado eran relatos cortos que aparecían en pequeñas y baratas revistas de aparición regular (también precursoras de comics y tebeos). Estas revistas a menudo aceptaban historias enviadas por escritores no profesionales, una de las pocas puertas de entrada en la carrera literaria para quienes no tenían acceso a publicaciones más reputadas.

Revistas incluyendo relatos cortos y novelas serializadas ya eran corrientes en el siglo diecinueve en Inglaterra y Estados Unidos; las novelas de Charles Dickens, por ejemplo, se hicieron famosas así. Ya en el diecinueve, la literatura de evasión en el género fantástico y de corte sensacionalista era popular en ‘magazines’ o revistas, como podemos recordar en la novela de Louisa May Alcott Mujercitas, donde Jo March es una escritora que comienza su carrera publicando relatos espeluznantes.

En 1966, la aparición de la serie de television Star Trek supuso un cambio radical en la definición del ‘fan’. Para empezar, ahora era ‘la fan’, dado que, por vez primera, miles de mujeres comenzaron a interesarse en la ciencia ficción gracias a esta serie. Star Trek marcó  el nacimiento de la ‘media fan’, esto es, de las aficionadas a series de television, cine, e historias en otros medios al margen de la literatura, que disfrutaban hablando con otras personas que compartían su entusiasmo. Por ello, muchas de estas fans, mujeres en su mayoría, intentaron unirse a la red de fans ya existente. Este momento histórico se describe en el libro de Henry Jenkins Furtivos Textuales, el estudio crítico más importante publicado en torno al mundo de los fans mediáticos, de la comunidad, ahora global, denominada Fandom. Jenkins explica que aquellas nuevas fans no fueron aceptadas por una comunidad masculina misógina que las veía como unas advenedizas y que consideraba la televisión como un medio  infinitamente inferior a la literatura. Cuando estas mujeres fueron rechazadas por los grupos de fans existentes, lejos de amedrentarse ellas comenzaron lentamente a formar su propia red de comunicación e intercambio. [1] Ellas organizaron cons alternativas, y establecieron y regularizaron contactos postales entre fans. Esto seguía el modelo del fandom existente, pero ellas introdujeron una novedad crucial: la fanficción.

StarTrek

Muchas de las fans de Star Trek (cuya serie original dejó de producirse tras tan sólo 79 episodios) comenzaron a escribir historias sobre la nave espacial Enterprise, en la que se desarrollan los argumentos, y en la que conviven un grupo de interesantes personajes. Entre ellos, destacan los siguientes: el arrogante capitán Kirk, un hombre de acción siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesite; su segundo de a bordo, el alienígena Spock, en cuyo planeta las emociones se suprimen priorizando la lógica; el médico de a bordo, ‘Bones’, con un humor seco y un escepticismo que no merman la devoción a su trabajo; y la oficial a cargo de las comunicaciones, la eficiente Uhura, el primer personaje femenino con un cargo importante en una serie televisiva, y uno de los primeros papeles estelares para una mujer negra que no aparecía en la pantalla como criada de blancos.

Las historias sobre Star Trek escritas por las fans se multiplicaron. Estas mujeres (y algunos hombres) comenzaron a publicar sus propias revistas, denominadas ‘fanzines’(‘fan magazines’) o ‘zines’. Estas revistas alternativas eran escritas a máquina,  fotocopiadas, y enviadas a otras aficionadas por correo cobrando sólo los gastos de envío. Otras fans con interés en la pintura, el dibujo, y la ilustración comenzaron a producir materiales visuales cada vez más sofisticados basados en la serie, que también se publicaron en estos zines. Como una reacción en cadena, las fans que recibían una o varias revistas por correo se animaban a colaborar o a editar sus propias revistas. El intercambio y la participación eran algo energéticamente promovido en los zines, que a menudo invitaban a la contribución de las lectoras, y que en su última página siempre incluían una lista de direcciones para contactar a otros zines. La expansión del fenómeno era, en cierto sentido, el resultado inevitable de un movimiento inspirado en el deseo de conectar con gente afín. Mientras los zines crecían en cantidad, calidad, y ambición, las vertientes artísticas continuaron diversificándose. Algunas fans, por ejemplo, comenzaron a escribir canciones sobre los personajes que las interesaban, a menudo cambiando la letra a alguna canción bien conocida, facilitando así la diseminación de su contribución entre las fans.[2] 

La escritura de historias basadas en la serie rápidamente adquirió su propio carácter. El género dominante era el romántico, pero el emparejamiento más popular entre las fans-escritoras era de hecho Kirk y Spock, supuestamente de diferentes especies, pero ambos hombres. Las fans imaginaron una multitud de situaciones entre ambos que culminaban en una declaración de amor del uno al otro, en una vida en común, o incluso en una progenie facilitada por técnicas futuristas. En particular, se multiplicaron las historias que describían un primer apasionado encuentro entre los dos protagonistas masculinos. Estas historias se hicieron tan populares entre las fans, que al poco se las denominaba simplemente ‘Kirk/Spock stories, y, poco después, ‘slash’, el término usado en Inglés para la señal de puntuación uniendo ambos nombres. Ello supuso una explosión sin precedentes en la literatura de temática erótica homosexual masculina. El fenómeno fue particularmente llamativo teniendo en cuenta que las autoras, como Jenkins ha documentado, eran en su gran mayoría, no sólo mujeres sin experiencia previa como escritoras, sino además mujeres heterosexuales, respetables profesionales de treinta o cuarenta años provenientes de la clase media.

La crítica Constance Penley ha propuesto que esta explosión de literatura homosexual masculina se explicaría en la proyección sicológica de las autoras en el personaje del alienígena Spock, un hombre poco al uso que quizá pueda verse como algo afeminado, lo que invitaba a enmascarar elementos autobiográficos. Segun Penley, las autoras de estas historias ‘slash’ realizaban así sus fantasías románticas con el heroico capitán Kirk, y, más importante aún, hacían realidad su aspiración a una relación amorosa y sexual entre iguales. [3] No olvidemos que es en esta época que se empezaron a sentir los efectos de la denominada ‘segunda oleada feminista’ (tras la anterior ‘oleada’ de la lucha por el sufragio femenino en Europa y América). La hipótesis de Penley es persuasiva, pero no explica por qué estas mujeres a menudo se esfuerzan por describir al detalle la especificidad física de un encuentro sexual entre dos hombres, ni por qué ‘lo prohibido’ es central en los argumentos de muchas historias.

A mi parecer, las autoras de ‘slash’ están interesadas, entre otras cosas, en reclamar escenarios eróticos homosexuales masculinos como una fuente de placer. Indudablemente, hay una faceta feminista en el fenómeno de la fanficción, como Penley ha sugerido, pero personalmente éste aspecto me parece particularmente patente en la novedosa actitud hacia lo erótico y pornográfico como algo que puede ser no sólo celebrado y compartido, sino también producido por las propias lectoras. Tenemos ilustres ejemplos de literatura abiertamente sexual escrita por mujeres, priorizando el punto de vista masculino, desde La Historia de Genji de lady Murasaki a principios del siglo once, al Heptameron de la reina Margarita de Navarra en el siglo dieciseis, creados en el contexto de comunidades aristocráticas mixtas.

Puede parecer sorprendente que la irrupción de una literatura popular erótico-pornográfica escrita por mujeres en el siglo veinte, en el fenómeno del ‘slash’, se haya concentrado en emparejamientos homosexuales masculinos. Lo cierto es que hay una larga tradición de apropiación voyeurista del erotismo lésbico por parte de hombres heterosexuales. El ‘slash’ puede verse como una similar reclamación desde el punto de vista femenino, a manos de la primera generación de mujeres con acceso generalizado a educación superior y especializada, profesionalización (esto es, independencia económica), nuevas tecnologías, y con la posibilidad de auto publicación sin restricciones (esto es, sin censura) además de un público garantizado entusiasta y fiel.

Es interesante que en el arte la intersección entre lo económico, lo tecnológico y la mujer ha producido extraordinarios resultados, específicamente en áreas inicialmente desvalorizadas y desreguladas. Desde los inicios de la fotografía a la comercialización de las cámaras fotográficas portátiles, y desde los comienzos del cine mudo al video-art del siglo veinte, nos encontramos una cantidad considerable de mujeres artistas, a menudo punteras, y a menudo dedicadas a lo experimental.[4] Uno de los elementos cruciales en el desarrollo de la fanficción es la comercialización del vídeo-cassette, que hace que las series televisivas sean almacenables, rebobinables y portátiles (esto es, posibilita que episodios de Star Trek, por ejemplo, sean estudiados al milímetro, y compartidos con otras fans).

Si la televisión y el vídeo están asociados al ámbito de lo doméstico, y por lo tanto de lo femenino, sin embargo no es así con otro avance tecnológico cuya importancia olvidamos: la fotocopiadora. El acceso a una fotocopiadora, en el caso de las pioneras de la fanficción, indica la participación de las mujeres en el mercado laboral profesionalizado, con un cierto nivel de responsabilidad y control administrativo. Las escritoras de fanficción abandonaron la fotocopiadora en las últimas décadas de los años veinte a favor de internet, una tecnología perfectamente adaptada al ímpetu expansivo y comunicativo del fandom, aunque hay quien declara que la calidad y calidez de aquellos zines se han perdido. El zine fotocopiado sigue existiendo, y de hecho floreciendo, pero ha tomado otro rumbo; adoptado por el movimiento punk,  ha perdido interés en la ficción para especializarse en la crítica artística y cultual, lo político, y lo autobiográfico.

La base de cualquier auto-publicación, sea cual sea su contenido y su enfoque, es por supuesto la ética del ‘hazlo-tú-mismo’.  En este contexto, hay otro aspecto del ‘slash’ que no debemos pasar por alto. Sin duda, este tipo de re-escritura es también una forma de ‘acción directa’, una protesta a la creación de personajes estereotipados en medios populares como la televisión y el cine, sobre todo a finales de los sesenta y principios de los setenta, los años de emergencia de la fanficción. Hombres siempre heroicos y agresivos, mujeres siempre de adorno o victimizadas, había que re-escribir estos papeles. La homosexualización del héroe tradicional cuestiona los valores conservadores de una manera muy efectiva, cuando menos desconcertando, y cuando más horrorizando, a quienes asumen la vigencia de los roles de género como parte de un sistema binario, un sistema percibido o promovido como natural e inmutable.

A través de los años setenta y ochenta, la fanficción continuó creciendo con el afianzamiento de las series de televisión, y con la expansión del interés de las fans mediáticas. A pesar de los importantes cambios, es interesante que las fans han continuado favoreciendo las películas, series, y novelas fantásticas y de ciencia ficción, quizá porque estos géneros desbaratan las demarcaciones de ‘lo real’, lo cual quizá requiere en mayor medida la contribución imaginativa del espectador.

Otra constante es que la mayoría de las fans comenzaron escribiendo relatos cortos, y lo continúan haciendo; éste es un formato que maximiza la inmediatez y el impacto entre los lectores, y anima a la lectura simultanea de una mayor cantidad de autores, afianzando un sentimiento de pertenencia a una comunidad y de logro colectivo. La brevedad de los relatos también acelera el intercambio incesante en la red paraliteraria de fan-editores, fan-reseñadores, proyectos pedagógicos de fanficción, y canales de comunicación entre escritores y lectores fans.

Con la llegada de los ordenadores personales y el internet, la auto-publicación y auto-distribución se simplificaron y abarataron, y las conexiones entre los fans alcanzaron un volumen de actividad sin precedentes. La fanficción se convirtió en un fenómeno global, floreciendo en todos aquellos países con un nivel tecnológico y económico medio-alto. Es interesantísimo que a comienzos de siglo, a pesar de que el 80% de las personas accediendo a internet eran hombres, sin embargo se estimaba que el 80% de los autores de fanficción eran mujeres (posiblemente el porcentaje es aún mayor en el popular género ‘Slash’).

Con internet, una nueva generación de fans accedió automáticamente a un complejo entramado social que los ‘media fans’ habían construido con mucho esfuerzo y mucho entusiasmo en las décadas anteriores. También accedieron a una serie de establecidos medios creativos y estilos literarios, inventados autónomamente desde y para el propio fandom. Las fans habían creado una nueva forma de literatura, tomando prestados personajes y situaciones, en el epítome de la apropiación posmoderna, que devalúa la originalidad absoluta. Las autoras de fanfic no sólo han adoptado ciertos géneros, sino que también han inventado otros, un logro colectivo nada desdeñable. Slash, angst fic, dark fic, cross-overs, über stories, Mary Sues... son parte de un abanico de nuevas estructuras, estilos, y temáticas narrativas, con características muy específicas, y con sus propios seguidores (y detractores), representando una de las contribuciones más relevantes de la fanficción a la historia de la literatura.

Las ‘media fans’, desde los años sesenta del pasado siglo, también han desarrollado una estructura paralela al mercado literario. Tienen sus propias publicaciones (siempre gratuitas, y siempre ignorando los derechos de autor de las series o películas que los inspiran), tienen sus propios mecanismos de crítica literaria (priorizando el contacto directo autora-lectora entre otras cosas), tienen su propia versión del editor personalizado (el ‘Lector Beta’), y tienen también sus propias redes educativas (los autores de fanfic a menudo se enseñan los unos a los otros, y autores primerizos pueden acceder a cientos de servicios informativos y guías gratuitas).

Ya en los años ochenta del pasado siglo, la fanficción también había desarrollado una serie de normas literarias, éticas, y sociales promovidas por la propia comunidad de escritoras y lectoras fans. Entre las normas, podemos destacar la utilización de seudónimos, la contactibilidad, la descripción introductoria de la obra literaria en una serie de campos uniformizados, y una declaración de que no hay ánimo de lucro. Cada historia viene precedida de una serie de etiquetas estandarizadas en los siguientes apartados: título del ‘texto originario’, listado de personajes, género estilístico, nivel de explicidad sexual, y advertencia de referencias a episodios por emitir en ciertos países.

En el año 2010, algo que empezó como una subcultura, algo que se podía haber quedado en una anécdota en la historia de la creación y la recepción literaria, ha resultado ser un fenómeno de masas que el mundo editorial y cinematográfico están intentando explotar a la desesperada. Los ganchos interactivos, el uso de autores como embajadores de su propia obra, argumentos que priman cierta estudiada ambigüedad... todos estos trucos son apropiaciones de la cultura ‘fan’. La fanficción demuestra, ejemplificándola en la época en que nos ha tocado vivir, la evolución imparable de la literatura, que se adapta a nuestros nuevos paisajes imaginativos, aunque quizá para repetir los mismos básicos argumentos una y otra vez.

El método de la fanficción, que toma prestados personajes y contextos de ciertos ‘textos’ populares (novelas de venta masiva, películas de cartelera, comics…), es una estrategia inmejorable para animar a la creación artística a quienes pueden estar intimidados por su poca educación, su poca práctica, o el restringido acceso al mundo editorial ortodoxo.  Esto es, el método de la fanficción es radicalmente democratizante. Miles de personas se han convertido en escritores de la noche a la mañana gracias al fandom, incorporando la literatura en sus vidas con la mayor naturalidad. Lo han hecho gracias al apoyo de un grupo lector que espera con avidez un nuevo ángulo en su serie favorita o en su personaje favorito, creado por alguien que conoce íntimamente el texto originario, alguien que, aunque respetuoso con la psicología de los personajes que toma prestados, no se deja inmovilizar por los apretados límites de lo permisible.

¿Quién sabe en qué direcciones evolucionará la fanficción? Ya hemos visto que las nuevas tecnologías han sido generador y aliado del Fandom, desde la televisión, a la grabadora de vídeo, a la fotocopiadora, a internet. Ya estamos viendo que, en los países desarrollados, el abaratamiento de las cámaras cinematográficas, o los teléfonos móviles multifuncionales, está facilitando la expansión de la creación artística a unas cotas que nadie hubiera predicho, y que sin duda van a cambiar el papel del arte en la historia.

La fanficción está mutando ya para aparecer en formas insospechadas. Véase sino el uso de los teléfonos móviles para enviar mensajes escritos. La correspondencia, sea cual sea su motivo y su alcance, es una forma de escritura que refleja ciertos parámetros estilísticos. Es por ello que estudiamos la correspondencia de escritores, y que a menudo la consideramos una extensión de su obra. Un creciente número de personas ha comenzado a explorar los mensajes escritos por teléfono móvil como una forma de expresar una vena artística. A menudo, estos autores son sólo parcialmente conscientes de que sus producciones pueden considerarse un ejemplo de creación literaria.

Una de estas personas es Basterzal. En una serie de textos escritos en un teléfono móvil y destinados siempre a la misma persona -una amiga íntima-, la autora, como diversión, comenzó a enviar micro-misivas con un referente literario bien conocido. Uno a uno, sin que  Basterzal planificara su estructura o desarrollo, estos mensajes llegaron a adquirir vida propia y a seguir una cierta línea argumental. El punto de referencia para el ejercicio era la relación de amistad entre las dos mujeres; aprovechando la inmediatez y privacidad del medio,  la autora retomó dos personajes literarios para crear una versión radicalmente distorsionada de la camaradería a toda prueba que la unía a su lectora. Basterzal tomó prestado el más famoso modelo literario de occidente concerniendo a una pareja de personajes dispares en extremo, pero leales el uno al otro: Don Quijote y Sancho Panza.

Autora y lectora compartían, no sólo el mismo sentido del humor, sino también un conocimiento básico del texto originario. Esto es algo crucial en la fanficción, que nunca se escribe para el lector general, sino siempre se dirige al lector especializado. Como he argüido en otra ocasión, esta característica de la fanficción sugiere una serie de ‘dialectos’ virtuales, dentro de formaciones sociales que se asemejan a lo regional o nacional. La fanfic se produce en un contexto en el que los fans son ‘ciudadanos’ del fandom de su elección, el cual forma parte de una especie de asociación federal de fandoms (el Fandom con mayúscula). [5] El ‘dialecto’ compartido por los aficionados a Star Trek por ejemplo, es mucho más que un vocabulario común, ya que se basa en el conocimiento más o menos detallado de todo cuanto concierne a la serie. Estos conocimientos son el equivalente de la especialización en un puesto de trabajo o de investigación – sólo otros especialistas pueden realizar la misma operación o apreciar ciertos aspectos teóricos que la enmarcan.

Pero el fandom no es hermético. De hecho, como forma artística, siempre apuesta por el contacto con otros fans, o si no se decantaría por textos originarios tan populares. En el caso de Basterzal, Don Quijote es un texto conocidísimo entre hispano-parlantes, gracias sin duda a su inclusión de rigor en currículos escolares durante décadas. También es relevante que Basterzal continua con la ‘tradición’ en la literatura fan de favorecer textos que juegan con ‘lo real’, ya que la novela de Cervantes es precisamente un ensayo sobre la seducción de lo imaginario y las trampas de la fantasía.

En este contexto, otro aspecto interesante de la fanficción es que en el Fandom no hay una barrera incontrovertible entre creadores y receptores. La propia figura del fan se define por una forma de interacción con el texto originario que va más allá de la absorción pasiva de una narrativa dada. Como Stanley Fish ha declarado, cada lector “construye” los textos que lee, de acuerdo a sus preferencias y experiencias personales, que lo sitúan en ciertas “comunidades lectoras”.[6]  La relación entre la autora fan y la lectora de fanficción es doblemente cómplice y doblemente participativa.

Cuando contacté con Basterzal y mostré interés en estudiar la serie de misivas que había escrito, como un ejemplo de fanficción, le pregunté cómo prefería que me refiriera a ella y a su trabajo. Obviamente, sus mensajes telefónicos no habían requerido previamente título ni firma. Ella sugirió el título ‘El Nuevo Quijote’, e inventó un seudónimo que aunaba parte de su propio nombre y parte del nombre de la lectora para quien escribió el texto. Ambas decisiones ilustran la honestidad y el ímpetu colectivo de la literatura fan. Por un lado, estas versiones radicales se saben endeudadas con las historias que las inspiran, y sus autores jamás trabajan en el vacío, buscando sólo autosatisfacción, autoexpresión, o reconocimiento. Al contrario, todos y cada uno de los elementos de esta forma literaria subrayan el componente ‘dialógico’.  Lo “dialógico”, como decía Alexander Bhaktin, es una parte esencial de las palabras y sus significados, quizá porque lo es también de lo humano.[7] No hay nada más alejado de la realidad que el estereotipo del fan como una persona solitaria y asocial.[8]

“El Nuevo Quijote” también es una intervención provocativa en la literatura epistolar, explotando el juego entre lo privado y lo público que marca al género. A menudo se sugiere que la novela evolucionó a partir de la correspondencia entre mujeres de clase alta, dado que las primeras novelas que poseemos son epistolares, o presentadas como una larga confesión autobiográfica. El formato epistolar trae la promesa de acceder a niveles de experiencia y conocimiento vedados o inalcanzables (el día a día de la aristocracia, las intrigas políticas, la vida en otros países, etc.). La correspondencia como método literario también anima a la revelación de ideas poco convencionales, sentimientos privados, o actos furtivos.

En el caso de Basterzal, “El Nuevo Quijote” sigue la estructura de una serie de cartas del caballero a su escudero, tras una separación. Es probable que el primer mensaje de la serie fuera inspirado a su vez por una separación entre autora y lectora, compañeras de correrías, como los protagonistas de Don Quijote. Es fácil especular que una respuesta positiva de la amiga de Basterzal a su primer mensaje ‘creativo’ animó a la autora a retomar la broma de nuevo en varias ocasiones. El quid de “El Nuevo Quijote” es el descubrimiento de que Don Quijote está atraído físicamente por Sancho Panza. Solitario, enfebrecido, el caballero revela en las cartas sus deseos más ocultos. Desde el punto de vista de las circunstancias de composición, “El Nuevo Quijote” puede verse como una versión alucinatoria y ‘barroca’ de la separación entre dos camaradas, una exageración deliberada de los lazos de amistad y solidaridad.

Esta versión retoma el ideal de la camaradería masculina, substituyendo la sacarina con arsénico. Mientras las ‘cartas’ se suceden, nos vamos familiarizando con las fantasías sexuales de Don Quijote, y más tarde descubrimos que las ha consumado. Las imágenes son grotescas, repugnantes, excesivas… en el contexto de la literatura de aventuras y camaradería entre hombres de acción. Naturalmente, el texto original de Cervantes re-escribía a su vez las populares novelas de caballerías de su tiempo. En el texto de Basterzal hay continuidad de intención, y quizá también una implícita apreciación de la subversión Cervantina, pero es obvio que la novela está en la diana por su estatus como clásico.

Otra puntualización: lo grotesco es, como Bakhtin dejó claro, una estrategia estética favorecida en el arte popular, con un elemento subversivo y celebratorio que en occidente hemos heredado de la edad media. Bakhtin denomina a este filtro cultural y artístico “lo carnavalesco”. De hecho, el original personaje de Sancho Panza, como el similar Falstaff de Shakespeare, es un ejemplo claro de la indulgencia, corporalidad, y jocosidad asociada al carnaval, como Bakhtin apunta.[9]  En el texto de Basterzal, la pareja de protagonistas comparte el espíritu carnavalesco, canalizado a través de lo sexual.

“El Nuevo Quijote” podía haber intervenido en Don Quijote con una re-escritura romántica. La crítica que Eve Kosovsky Sedgwick apuntó: que muchas novelas clásicas presentan dos protagonistas masculinos, vinculados en su rivalidad por la conquista amorosa de un personaje femenino periférico, y que la relación homosocial entre los hombres es de hecho la clave subtextual o subconsciente del relato.[10] Es muy sencillo tomar prestados este tipo de personajes, y simplemente dar un giro al género narrativo, para presentar una narrativa romántica plausible. Sancho Panza y Alonso Quijano podrían haberse reinterpretado como una pareja inseparable que no acaba de articular sus sentimientos amorosos; una cierta tensión erótica podría haberse delineado sutilmente; un encuentro apasionado entre los personajes podría haberse añadido como un capítulo más a sus correrías. Ninguna de estas opciones interesó a Basterzal, que escogió la ruta del máximo impacto en mínimo tiempo.

MovilDon Quijote

El protagonista de la novela Ulises, considerado un libro clave en la literatura del siglo veinte, comparte con el narrador de “El Nuevo Quijote” su interés en homosexualidad, zoofilia, coprofagia, voyeurismo, transexualidad, sodomía, fetichismo, y sadomasoquismo. La diferencia es que James Joyce ocultó estas perversiones bajo una torre estilística de merengue flambé, mientras que “El Nuevo Quijote” es, y quiere ser, el equivalente literario de la carne a la tártara. Ya hemos visto que las historias slash son a veces interpretadas por los críticos como fantasías autobiográficas.  En textos como el de Basterzal, es obvio que la provocación es una prioridad absoluta.

Basterzal no forma parte activa de ningún fandom ni ha leído fanfic con anterioridad.  No se considera a sí misma como una escritora, y ve su remodelación de Cervantes como un pasatiempo más que una actividad literaria. De hecho, ambas declaraciones son comunes entre autoras de fanficción. Si la excepcionalidad y la limitada proyección de esta serie de misivas telefónicas prueba una cosa, es que la fanficción es la expresión de un movimiento social y estético que excede los parámetros del Fandom. La literatura fan registra un cambio social, cultural, tecnológico, y artístico importante. El cambio está marcado por dos generaciones de mujeres con la habilidad de retomar historias populares y desmantelarlas, o dicho de otra manera, la habilidad de crear y compartir textos subversivos, en una escala sin precedentes.

Lo extraño no es que Basterzal haya escrito “El Nuevo Quijote”. Lo extraño es que este texto refleje al detalle las convenciones de la fanficción en su género más popular, el slash. Lo extraño es que miles de personas, en su mayoría mujeres, hayan dedicado los últimos cuarenta años a lidiar con narrativas populares. Sabemos que hay mucho por revisar, y es extraño que las intervenciones sean tan metódicas y tan específicas. El slash demuestra que el poder disruptivo de lo homosexual dentro del status quo sigue intacto.

Es difícil de creer que el postmodernismo, con su ironía, superficialidad, y auto deprecación, pueda conducir a una caracterización más equilibrada o a una literatura más comprometida. Este anti-autoritarismo parece adolescente en su desprecio indiscriminado a lo oficial, lo establecido. 

Pero la misión del postmodernismo no es proteger y aunar, sino desnudar, desgajar. Trabajos como “El Nuevo Quijote”, aunque parezcan modestos en enfoque y alcance, representan una sofisticada protesta conceptual a la invisibilidad, no sólo del homoerotismo, sino de lo erótico y lo sexual en general. También representan a una nueva literatura popular, que ha llegado con la determinación imparable a decir lo que no puede decirse.

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Apéndice

 “El Nuevo Quijote”, por Basterzal.

[Advertencia: Este texto incluye contenido gráfico sexualmente]

07.09.2006 Querido Sancho, desde que no me acompaña en mis correrías campan mis fantasmas a sus anchas, esta mañana tuve una lúbrica visión en la que vos, agachado frente a la burra, vestía una falda que dejaba entrever sus sudorosas piernas y su magnífico trasero pidiendo a gritos una meti..culosa inspección médica..No tema por ello nuestro próximo encuentro, que será si vos quiere en la taberna, para aplacar nuestra sed mayúscula. Su señor Don Quijote.

10.09.2006 Querido Sancho, anoche, cuando vuesa merced obligóme a montar a Rocinante y dirigirlo al encuentro con la bella y misteriosa dama, pensé que tendría usted a bien cabalgar conmigo una de estas noches, sin rumbo, sin armaduras y rozando nuestros cuerpos al vaivén, a los por el trajín humedecidos lomos de mi fiel rocín. Uahh... Nadie como vuesa merced para entrecortar mi respiración y malgastar mi semilla, unas migas, la nívea y espesa leche de su burra y algunos azotes caldearán nuestro plan postrero.. muaks

15.09.2006 Querido Sancho, esta mañana, cuando este gélido viento tormentoso tan impropio de esta tierra agitaba y humedecía sus cabellos, dábame yo cuenta de que algo en mí luchaba por salir a flote. El azote del viento arrastraba consigo el perfume de su montura, de su perlada burra, bravo escudero… Ah, venga a mí, manjar de dioses manchegos…

19.09.2006 Ahh Sancho, viejo y rechoncho burlón, camarada en viajes hacia los molinos y en el oficio del buen yantar… quién habría imaginado que iba usted a ser mi otro yo, que os echaría de menos en todas mis urgencias, en mi lecho vacío sin su sudor pegado a mi piel, inmovilizado, y sus brutales empujones reventándome por dentro sin remedio mientras su burra nos observa y se desata en alaridos implorando las sobras..

16.09.2006 Querido Sancho, a vos me remito otra vez, a fin de que ni vuesa merced ni su lustrosa burra osen alejarse de mí en estos días de Resaca amorosa y girasoles gigantes en los campos de Castilla. Recuerdo con fruición las friegas en mi trasero antes de las embestidas en mi cuerpecillo flaco, ajado por el tiempo pero aún enhiesto por la pasión. Su hidalgo harapiento y hambriento le esperará en la taberna atento a su penetración porteña..

07.11.2006 Querido Sancho, cuando guste y cruce por su mente la tentadora idea de agotarse en placeres innombrables…(su coño)… perdón… el vino amontillado castellano, seco y agreste como su fornido pecho de buen macho que tanto añoro, y si vuesa merced acepta, esperaré con honores sobre las 12.45 en la taberna, su llegada más dulce, la espera más cegada y desesperada..

10.11.2006 Querido Sancho, os necesito. Su nombre envenena mis sueños y su luz ilumina mis entrañas. Cuando baje a la taberna y no os hallen mis ojos, no podré más que imaginar lo que sería su cuerpo enredado al mío entre mis sábanas de esparto, mientras su burra rebuzna escandalosamente a nuestra vera, su hidalgo que en su celda espera la llamada postrera..

18.12.2006 Querido Sancho, al fin solos vuesa merced y mi triste figura la pasada noche, pensé que debía comprender el inusual gozo que me transmite cada minuto que yazco con vos, mientras su traviesa burrilla resopla más incluso que yo, falto de carnecilla, pese al brutal placer que me proporciona atravesándome con su barra de acero, con sus empujones de carne, la más fuerte, dura y húmeda carne de la Mancha, al tiempo que sus bramidos de toro bravo se escuchan con eco sin fin en la estepa.. Uaagh, Sanchete, ya lo añoro…

02.01.2007 Os pretendo en todos mis lances adorado y sonrosado Sancho!! No más finjo menesteres a extraños por este sentir invertido y contra natura.

03.01.2007 ¿Qué tal pasó la noche Sancho? Animoso para un nuevo día que comienza así… tralaraláá... Adieu, Auf Wiedersen, Goodbye... Fdo: extraño clon entre hidalgo y Julie Andrews.

24.02.2007 Oh querido Sancho, sabe vos que es ésta nuestra historia universal y sus alumnos deben conocerla con pelos y señales, hábleles de su apasionada y voyeuse borrica. Mi buen amigo Miguel de Cervantes y Saavedra le diría que habla la novela de que nuestros miedos nacen de fantasmas que nosotros mismos creamos, aunque yo jamás di crédito a esta absurda explicación para tratarme como a un loco y no como a un visionario.

Basterzal

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Notas

 [1] Jenkins, Henry (1992): Textual Poachers – Television Fans and Participatory Culture. Routledge, Nueva York y Londres.

[2] Jenkins, Henry (1992): “’Strangers No More, We Sing”: Filking and the Social Construction of the Science Fiction Fan Community”, en Lisa A. Lewis ed. The Adoring Audience – Fan Culture and Popular Media. Routledge, Nueva York y Londres (pp. 208-36).

[3] Penley, Constance (1991): “Brownian Motion: Women, Tactics, and Technology”, en Constance Penley and Andew Ross eds., Technoculture. University of Minnesota Press, Minneapolis (pp. 135-162)

[4]Mi agradecimiento a Christopher Jones, Irish Museum of Modern Art, que me explicó que la publicidad de las primeras cámaras portátiles de bajo coste se dirigió a las mujeres, lo cual resultó en una importante presencia femenina en la fotografía puntera de los años treinta, cuarenta, y cincuenta del pasado siglo; en conversación, Enero 2010. Entre las pioneras de la fotografía en el siglo diecinueve destacan Julia Margaret Cameron y Gertrude Kasebïer, cuyos retratos marcaron el género, y a principios del veinte, las modernistas Claude Cahun y Tina Modotti. En el cine de fines del diecinueve y principios del veinte, destacan Alice Guy-Blanché (quien inventó la narrativa fílmica) y Lois Weber (famosa por sus temas controvertidos) y, en los años veinte del pasado siglo, Germaine Dulac (quien realizó la primera película surrealista). 

[5] Mentxaka, Aintzane L. (2007): “Fanfic in Ireland – No Sex, No Country, No Money, No Name”, en Wanda Balzano, Anne Mulhall, Moynagh Sullivan eds. Popular Culture and Postmodern IrelandPalgrave MacMillan, Londres (pp. 74-84).

[6] Fish, Stanley Eugene (1980): Is There a Text in this Class?: The Authority of Interpretive Communities. Harvard University Press, Cambridge (Mass.)

[7] Bakhtin, Mikhail (1981): The Dialoguic Imagination. University of Texas Press, Austin. 1981

[8]  Jenson, Joli (1992): “Fandom as Pathology: The Consequences of Characterization”, en Lisa A. Lewis ed.,  The Adoring Audience – Fan Culture and Popular Media. Routledge, Nueva York y Londres (pp. 9-29).

[9] Bakhtin, Mikhail (###): “Introduction”, en Rabelais and His World  ### (pp. 1-58). Ver pp. 22-2.

[10]  Sedgwick, Eve Kosofsky (1992): Between Men: English Literature and Male Homosocial Desire. Columbia University Press, Nueva York.

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Resumen A

Este ensayo considera una nueva forma de literatura creada a finales del siglo 20, la Fanficción, un fenómeno ligado a las nuevas tecnologías, que representa la radical intervención de una nueva generación (especialmente mujeres jóvenes y adolescentes) con la cultura popular de su tiempo. Los ‘nuevos autores’ de Fanfic buscan sobre todo comunicarse entre sí, y sus estrategias posmodernas reflejan la naturaleza participativa del Fandom. El ensayo considera un ejemplo del género denominado ‘Slash Fanfic’, titulado “El nuevo Quijote”, una provocativa re-escritura de la relación central en la novela de Cervantes, escrita por una autora no-profesional que creó un texto paraliterario para una lectora individual a través de mensajes enviados en su teléfono móvil. El ensayo ofrece una breve introducción al fenómeno más importante y más radical en la literatura de los últimos cuarenta años, tan provocativo como imprevisto, que no está recibiendo el interés que merece entre críticos literarios, sociólogos, o comentadores culturales.

Resumen B / Abstract

This essay considers a new form of literature developed in the late 20th century, Fanfiction, a development bound to new technologies, which exemplifies the radical engagement with popular culture of a new generation (particularly young women). The ‘new writers’ of Fanfic seek above all communication, and their postmodern strategies reflect the involved nature of fandom. The essay considers one particular example of ‘Slash Fanfic’, “The New Quijote”, a bold rewrite of the central relationship of Cervantes’ novel, written in Spanish by a non-professional author who created a paraliterary text for a single reader in messages sent via her mobile phone. The essay offers a glimpse at the most crucial and radical development in the literature of the last forty years, which has exploded under our noses without getting the interest it deserves from literary critics, sociologists, and cultural commentators.

Palabras clave

Fanficción. Fandom. Quijote. Literatura y tecnología. Literatura popular.

[Aintzane Legarreta Mentxaka]

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