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CINE Pelicula secreta: Perdición de Willy Wilder

En cartel (colaboraciones en: twakan@yahoo.es)

Bowling for Columbine, Michael Moore.-

Oscar de este año al mejor documental, lo que dice mucho a favor de la academia de Hollywood, porque la política exterior norteamericana queda en entredicho y al desnudo, como producto de la actitud violenta de base de la sociedad estadounidense, que a las primeras de cambio saca la pistola.

En un principio el tema es investigar las causas del número anual de muertos (once mil y pico) por armas de fuego en Estados Unidos, pero como una de sus consecuencias hay un repaso a las principales intervenciones exteriores de su ejército, poniendo y quitando por medios violentos a presidentes (como por ejemplo al elegido democráticamente en Chile, Salvador Allende), apoyando golpes de estado según su conveniencia, y desvelando los negocios familiares y de la CIA con gente como los mismísimos Sadam Husseim y Bin Laden.

Su director va entrevistando a policías, fiscales, sheriffs, compañeros de instituto de los autores de la matanza que da título a la película, padres de víctimas, víctimas directas de armas de fuego, etc. La fina ironía, la pasmosa lucidez, el humor y la tristeza sobrevuelan esta original y impactante película que acaba con una entrevista al presidente de la asociación de amigos del rifle, Charton Heston.

La hipótesis de Michael Moore, el encantador y cálido gordito del cartel de la película, es que la violencia está motivada por el miedo. Y más que el miedo, la auténtica paranoia de los hombres blancos, promovida por su televisión que inundan los informativos de sucesos, donde, qué casualidad, siempre son los “malos” y los sospechosos gente negra o hispanos. Para ilustrar su teoría, en medio de la película aparece resumida la historia de Estados Unidos en unos dibujos animados encantadores y mordaces que son una delicia de lucidez pasmosa. El resultado de cada etapa histórica es la acaparamiento desmesurada de armas de fuego y el matar a todos sus enemigos potenciales (esto suena a guerra preventiva ¿no?).

Película imprescindible, que debería proyectarse en institutos y universidades con coloquios al final, sobre todo en Estados Unidos. La pena es que allí no creo que la vean muchos. 

Mi vida sin mí, Isabel Coixet.-

La certeza de la muerte próxima transforma la vida volviéndola trascendente, plena y, sobre todo, cambiando la escala de valores y el orden de preferencia de acciones y decisiones. Colocando cada cosa en su lugar, desechando las inútiles, banales y secundarias. Es decir transformando la vida en una vida auténtica, en armonía con nuestro ser.  

Así es como tendríamos que vivir siempre, pero sólo la proximidad de la muerte nos devuelve la importancia de lo irrepetible. Incluso en el caso de la gente que crea en la reencarnación cada vida actual es la única vida.

Este es el tema de la película de Coixet. Acompañando a la fascinación y sugerencia del tema están las interpretaciones de sus protagonistas, todas ellas magníficas, pero destaca con una fuerza extraordinaria la de su protagonista Sarah Polley.

Como en “Cosas que nunca te dije” toda la historia rezuma una cotidianeidad rescatada de su usual banalidad y coloración gris. Una cotidianeidad que se revela plena de sentido por su atmósfera poética y sus imágenes sobrias y exactas y sus ritmos llenos, apuntando siempre a nuevas sugerencias como en las muñecas rusas o las cajas chinas, una dentro de otra, con sus colores llamativos pero sencillos, nítidos pero sutiles, emocionales pero silenciosos. Una atmósfera melancólica que empapa como la lluvia pero se desliza dulce y honda como las gotas que se reciben voluntaria y entregadamente, como cuando las anhelamos sobre la cara y las sentimos con un alivio y un deseo que vuelven el instante cotidiano en algo extraordinario.

Todos tendríamos que escribir en un cuaderno, como la protagonista, “cosas que hacer antes de morir”. Y luego realizarlas impecable e implacablemente, porque no habrá otra oportunidad de vivir nuestra vida.

Puede que descubramos que una actividad que considerábamos tonta o sin importancia se revele como fundamental e insustituible. Y al revés, cosas que juzgábamos de gran relieve se conviertan en cosas desechables y absurdas. ¿Cuánto tiempo nos ocupan?. Nos roban...

La escena de la lavandería (escenario constante en las películas de Coixet) con un personaje conmovedor y lleno de vida con mínimos gestos, viendo dormir a otro... Los silencios de esta película, medidos y pulidos como piedras preciosas, son todo menos vacíos. Están plagados de acción, absorbentes e ilimitados como el juguete de un niño. Y sin embargo todo en esta historia es sencillo. Mágicamente sencillo, saliéndose de sus límites de espacio y tiempo. Humildad, sobriedad, melancolía... [Jaime Noguer]

El jardín de la alegría, Nigel Cole.-

Original película, modesta y deliciosa, imaginativa y relajante como la marihuana, la planta a la que alude su título. A destacar la escena del ama de casa tratando de vender su cosecha salvadora (se ha quedado arruinada tras la muerte de su marido) en Londres. El cara a cara con el camello a gran escala. El efecto de la maría sobre dos vecinas del pueblo que han confundido a la planta con una especie exótica de té. El efecto desinhibidor sobre policías y vecinos en una escena coral con un toque delirante.

Recomendable a todas horas, en especial en situaciones cerradas, ascéticas o deprimentes.

A propósito de Schmidt, Alexander Payne.-

Aparte de la interpretación memorable de Jack Nicholson, como suele suceder, el tratamiento del tema de la vejez y su aislamiento está tratado de manera exacta, sutil y conmovedora.

La elegimos por su escena de la bañera con la asombrosa y vital madre del novio de su hija (desenvuelto desnudo integral de la gordita Kate Hudson). La noche hablando con las estrellas y durmiendo sobre el techo de su caravana y por el derroche de emoción, rompiendo diques como una ola incontenible, de su última escena, cuando por vez primera el protagonista recibe una respuesta a las cartas que escribe a lo largo de la historia a un niño africano al que ha apadrinado, y que han sido hasta entonces su más fuerte vínculo con el mundo y el medio para expresarse y hablar confidencial e íntimamente con alguien.

Al sur de Granada, Fernando Colomo.-

Sobre la larga estancia del hispanista inglés Gerald Brenan en un pueblo de Granada en la década de los 20. Película con ángel a pesar de no ser redonda. Un curioso encanto que abarca desde la interpretación hasta las situaciones especiales que van jalonando la historia.

Las horas, Stephen Daldry.-

Inolvidable película no sólo por la portentosa interpretación de sus tres protagonistas femeninas y de Ed Harris en el papel de reparto de un escritor enfermo de sida (los cuatro hubieran merecido el oscar, no sólo Nicole Kidman), sino por el exquisito y profundo tratamiento del tema de la desadaptación. Esos seres marcados por un destino insatisfecho y doloroso, quizás precisamente por su especial sensibilidad y su ambición vital (la única ambición verdaderamente ambiciosa, la puramente material es pequeña y mezquina).

doblemente inadaptados por tratarse de mujeres, pues a las mujeres se las considera (y se espera de ellas injustamente) un mayor arraigo en la vida material y práctica de todos los días. Y cuando no ocurre así no se les perdona. Por ello la más dolorosa, entre las 3 protagonistas, es la insatisfacción del ama de casa embarazada y con niño, pues la sociedad todavía sigue considerando (en general) que esas circunstancias de un hogar “feliz” deben cumplir todos los anhelos de una mujer. [T.Vigal]

El ladrón de orquídeas, Spike Jonce.-

Habla más del contenido de la historia su título original: adaptación, ya que se trata de las dificultades adaptativas de un guionista, tanto a la sociedad (dificultades de relación generales y amorosas) como a su propio trabajo, en el que quiere mantenerse íntegro sin venderse al fin comercial hollywoodense.

Pero lo original de la película estriba en que el protagonista es el propio guionista de la misma, contando sus peripecias, externas e internas, para lograr adaptar un libro al cine. Y así es como se confunden y coexisten los personajes del entorno del guionista (incluyendo a su hermano gemelo, opuesto en carácter), la autora del libro que tiene que adaptar y el personaje, también real, del libro en cuestión. Como una muñeca rusa se trata pues de contar una historia sobre alguien que quiere escribir sobre algo, que a su vez habla sobre alguien. Y todos ellos son personajes de la película.

La muñeca rusa más pequeña es precisamente el ladrón de orquídeas, un personaje contrapuesto al del guionista, porque a pesar de ser alguien muy peculiar y de ocupación más o menos marginal, está completamente adaptado a su propia vida, viviéndola con la soltura y satisfacción que le falta al guionista de la historia, quien vive sus rarezas como neuras incómodas y problemáticas.

Su director ya rodó otra original película anterior (que aquí sale en una escena de su rodaje): “Cómo ser John Malkovich”, en la que se trataba de meterse literalmente en el interior del actor a través de una entrada –un agujero en la pared- que desembocaba detrás de la mirada del Malcovich, ya dentro de él.

Buen trabajo interpretativo de todos en general, aunque el oscar al mejor actor de reparto (dado al actor que interpreta al ladrón de orquídeas Chris Cooper) se lo merecía mucho más Ed Harris de “Las horas”.

El tema dentro del tema, como una peculiar “adaptación”, es la materia creativa del guionista, cuando lo creativo no surge espontáneamente sino que es un encargo exterior.

Memorable la escena del colocón de la autora del libro a adaptar (Meryl Sep), con las orquídeas pulverizadas del título.

El hombre del tren, Patrice Leconte.-

Historia de un encuentro singular de consecuencias íntimas, en la vida de dos personajes que se complementan y se envidian: el ladrón cansado de su vida marginal e itinerante y el profesor de literatura jubilado, encerrado en su vida provinciana, monótona y solitaria.

Las interpretaciones están sutilmente vivas, y la sobriedad de Johnny Hallyday se complementa también con la extroversión encantadora de Jean Rochefort.

Atmósfera contenida en las calles de la ciudad provinciana y entre ambos personajes, llena de cosas no dichas y de sentimientos cruzados, miradas y gestos que enriquecen esta historia, poblándola de emociones desveladas, casi reveladas a partir de ese encuentro fortuito.

Detalles conmovedores, como la petición de unas zapatillas caseras por el aventurero que nunca las ha usado; y la clase de literatura que le da a un niño, sustituyendo al profesor ausente, aún sin saber nada del tema. Y un personaje que no habla nunca excepto una vez al día en torno a las 10 de la mañana, cuando lanza una frase más o menos críptica.

Película cálida, encantadora y sugerente, que acaba con la expresión del deseo más íntimo de cada uno de ellos: intercambiarse las vidas respectivas.

¿Quiénes somos?. ¿Lo que expresamos o lo que soñamos?...

 

[Y además: El americano impasible, Philip Noyce/ Bloody Sunday, Paul Greengrass/ Ciudad de Dios, Fernando Meirelles/ Los espigadores y la espigadora, Agnés Varda/ Frida, Julie Taymor/ Gangs of New York, Scorsese/ Hable con ella, Almodóvar/ Las hermanas de la Magdalena, Peter Mullan/ Un hombre sin pasado, Aki Kayrismäki/ Lejos del cielo, Todd Haynes/ Marie Jo y sus dos amores, Robert Guédiguian/ El pianista, Polanski/ soldados de Salamina, David Trueba/ El viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki/ Some voices, Simon Cellan Jones/ Y la programación del cine estudio Bellas Artes y del Pequeño cine estudio]

[Jaime Freire]