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Joyas de biblioteca (colaboraciones: twakan@yahoo.es)Las Mil y una noches, anónimo (traducción y selección de Julio Samsó).- Genios encerrados en una botella, o en una lámpara de aceite, que conceden la muerte o todos los deseos a aquel que los libera. Y magos, marineros, califas, mercaderes, ballenas, amantes, muchos amantes. Alfombras y caballos voladores, mujeres disfrazadas de sultanes, sultanes caprichosos y obsesivos, sabiduría en las esquinas, vagabundos, pájaros gigantescos, piedras preciosas de colores turbadores, sed de aventura, palacios de cristal, laberintos, callejas rebosantes, o desiertas y silenciosas bajo la Luna. Desiertos dorados de dunas vivas, siempre en movimiento. Jardines exóticos, cuevas y grutas a la orilla del mar. Contraseñas, puertas y llaves mágicas. Delicioso y único. Las historias de Sherezade son como perlas sorprendentes, una dentro de otra interminablemente. Un galope de la fantasía en un atardecer de verano, en cualquier oasis perdido y lleno de destino. [Julián Medéz]
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El largo adiós, Raymond Chandler.-La ironía más melancólica es la que destila el interior del detective Philip Marlowe. Ambas nacen de la lucidez sobria de su voz en off, que como una serpiente desenvolviendo sus anillos, lentamente, antes de atacar, sacude su brillo triste como si fueran gotas de agua sobre el parabrisas de un coche, aparcado en cualquier parte y esperando, siempre esperando, aún en medio de la acción, que es lo que menos importa de este y de cualquier otro de sus libros. Existe una anécdota durante el rodaje de “El sueño eterno”, otra de sus novelas. Su director, Howard Hawks, tenía dudas sobre quién había matado a uno de los personajes y llamó al autor del libro creyendo solucionarlo. Pero Chandler le respondió que él tampoco lo sabía y que eso era lo que menos importaba.
Es
decir en sus historias (y quizá El largo adiós es la más representativa)
la trama es secundaria, a pesar de vestirse con la ropa de una novela
policíaca. No en vano este tipo de historias fue llamado novela negra
por los franceses, que para algunas cosas son ciertamente sutiles. Negra
por el trasfondo oscuro, sucio y turbio que se desliza bajo la superficie
de la dorada California (su escenario preferido). Negra por el espíritu
de Marlowe que mira las cosas atravesándolas, con una constatación triste
y poderosa, o bien dándoles la vuelta como a un guante. Negra por su
atmósfera de claroscuro, fluido pero espeso como la tinta y la sangre.
Sueños envolviendo vidas como un abrigo viejo, y vidas masacradas por
los sueños más altos. Las raíces de su apasionado hechizo se deslizan
por raíles de lucidez nostálgica, huellas de pisadas como marcas de
sueños rotos, abrigos de piel sobre pieles desnudas, juegos de espejos
enfrentados, acciones inútiles, alcantarillas luminosas y jaulas de
oro. Estelas de princesas podridas, pistolas hermanas, calor sucio y
tormentas con la tensión de planetas entrechocando al amanecer. Polvo
y viento, ginlet (aquí sale la perfecta receta para este cóctel) con
sabor a humo, caras cruzadas por sombras, piscinas taciturnas y carretera
infinita. Y siempre un final de preguntas sin respuestas. Marlowe: “Después
partí. En la frontera nadie me dirigió ni una mirada, como si mi rostro
tuviera tanta importancia como las manecillas de un reloj”. [T.Duncan] |