|
Wakan Portada Editorial Cine Musica Mitos y Leyendas Maneras de vivir LITERATURA Poetas desconocidos Joyas Biblioteca: Las 1001Noches-El Largo adiós |
|
Libros fuera del tiempo (colaboraciones en: twakan@yahoo.es) "El tiempo de los asesinos",
Henry Miller.- (¿Qué es el arte?, ¿cuál es su función?... Respuesta radical) Este es un libro imprescindible para todo aquel a quien le interese, profundamente, el arte. Igual que Miller se siente hermanado con la visión creativa de Rimbaud, yo a mi vez me siento hermanada con ella, y como mis pobres palabras no llegarían quizá a expresarlo por completo, cedo la palabra a sus frases directas. De ahí la abundancia de citas, quitándome el sombrero con vértigo ante su contenido revolucionario.
"Nadie
pudo desear más ardientemente entregarse que él. De niño se dio a Dios,
de joven al mundo; y en ambos casos se sintió engañado y traicionado...
La esencia de su ser permanece intacta, inconmovible, inaccesible".
"El hecho de que sólo pudiera mantenerse intacto renunciando a
su vocación es un tributo a su pureza, pero al mismo tiempo una condenación
de su época". "Permitirá que sus sueños sean aniquilados,
pero no mancillados. Había vislumbrado la vida en todo su esplendor
y plenitud; no traicionaría esa visión convirtiéndose en un ciudadano
domesticado del mundo". Y, sin embargo, mucha gente no entiende que un poeta
visionario como Rimbaud se ocupe de "cosas bajas". Rimbaud
quería la navidad en la tierra. Miller: "Persigue
lo imposible... El hecho de que hayamos elaborado estos conceptos, que
poseen el más profundo significado para nosotros, significa que son
realizables... El hombre de genio vive generalmente como si estos sueños
pudieran cumplirse. Está demasiado cargado de la energía que generan
para desprenderse de ellos". Henry Miller en su libro (único y distinto) desarrolla
el punto de unión de ambas cosas y, desde esa aparente contradicción,
pasa a hablar de la esencia de lo creativo y a diferenciar, por tanto,
versificadores de poetas (cosa que muchos confunden, los que no ahondan
o carecen de suficiente sensibilidad). Alguien como Rimbaud que tiene un concepto tan alto, profundo y radical de la poesía-arte, siente especialmente en su carne el ánimo antipoético del siglo XIX que le tocó vivir, y que Miller amplía hasta la década de los 50 del siglo XX en que escribió este libro ("Poseemos el conocimiento sin la sabiduría, la comodidad sin la seguridad, la creencia sin fe... El poeta es un paria, una anomalía"). Rimbaud: "El verdadero problema está en hacer monstruosa al alma". Y Miller añade: "O sea, no horrible, sino prodigiosa". "No puede vivir con sus ideales a menos que éstos sean compartidos, pero ¿cómo comunicarlos si no habla el mismo idioma que su prójimo?... ¿Qué significado más lógico podemos dar a su paso fugaz por la Tierra que la de emisarios de otro mundo?... Su concepción de las cosas es similar a la de un hombre venido de un mundo tetradimensional y que debe sobrevivir en otro tridimensional... El soñador debe contentarse con soñar, confiado en que la imaginación crea sustancia. Esa es la función del poeta, la más alta porque lo conduce a lo desconocido, a las fronteras mismas de la creación".
Y es que la esencia de lo creativo ("Y su lenguaje capaz de fundir el corazón y
de hacer hervir la sangre") es el viaje a lo desconocido, al
Misterio de la vida, a la esencia de la naturaleza, y por tanto va dirigido
de alma a alma ("Su meta
es dar rienda suelta al espíritu"). Nunca de mente a mente.
El artista es un mensajero de los dioses, como creían las culturas antiguas
y "primitivas". Es un instrumento para volar y hacer volar,
pero eso le convierte en solitario por su naturaleza excesiva ("Imagina
que el mundo va a seguirlo, pero cuando llega al azur descubre que está
solo") . El arte sería lo que conmueve profundamente, lo que
pone los pelos de punta y es inolvidable. Pero vivimos en un tiempo
de "asesinos", porque muy poca gente (si es que hay alguien)
que sienta el arte así ("Quienquiera que hoy experimente esa forma de
angustia y la exprese, será considerado un romántico incurable. Nadie
espera que sintamos ya de esa manera... Los humanos ya no vibran de
exaltación; se retuercen y serpean de envidia y odio... La vida del
humano actual es pálida y vacía"). al contrario abundan los
adoradores de las apariencias. Esto es los que ante una apariencia formal
diferente proclaman su maravilla, cuando lo aparente no existe, sólo
lo parece. Y no existe porque el fondo no es diferente y por tanto su
forma "distinta" obedece sólo a la artificialidad. Pero es
más sencillo y asusta menos que lo auténtico, aunque justo eso es lo
que la gente en el fondo añora. En la actualidad se enaltece lo banal,
lo gratuito, por eso es un tiempo de asesinos. Libro sin concesiones. Radical, apasionado y diferente
de verdad, no sólo en apariencia. Porque lo diferente es una
voz única y surge del alma, no de un propósito de provocar, ni de cualquier
otro tipo de esnobismo, que es en lo que nadan multitud de "artistas"
en busca de un lugar en la cumbre, es decir falsos artistas. Porque
el arte nace de una necesidad inevitable, desde lo más profundo. Por
eso va de sensibilidad a sensibilidad y no se trata de cultura y mucho
menos de erudición ("El lenguaje
del poeta corre a la par de la voz interior cuando ésta aborda la infinitud
del espíritu. A través de este registro interior, el hombre sin lenguaje,
por decirlo así, se pone en comunicación con el poeta. No se trata de
una cuestión de educación verbal sino de desarrollo espiritual"). Palabras tan radicales como: "Ser poeta fue en un tiempo la vocación más
alta, hoy es la más vana... Porque el poeta mismo no cree ya en su misión
divina". Por supuesto explicaré, para quien no conozca a Miller
ni a Rimbaud, que nada tiene que ver ese "dios" con ningún
dios de ninguna religión institucionalizada, sino con el Gran Espíritu
como dirían los indios: "Todo
el interludio cristiano no ha sido sino una negación de la vida, una
negación de Dios, una negación del espíritu". Abrazar la creación entera, la luz y la oscuridad y
fundirlas para ir más allá, siempre más allá: "Una indescriptible nostalgia de lo desconocido, el deslumbramiento de
lo infinito". Como ya he
dicho este libro lo escribió Miller en los años 50 del siglo XX. Me
hubiera gustado saber lo que pensó sobre el movimiento contracultural
y rockero de los 60 y 70, pues en él hay un intento (unas veces logrado
y otras no) de volver al origen catártico del arte y a su función global
y tribal (en toda la profundidad de la palabra). Pero sus palabras y,
por supuesto, la obra de Rimbaud siguen vigentes con una escalofriante
actualidad. Precisamente la editorial Alianza acaba de reeditar "El tiempo de los asesinos". A los valientes y a los románticos, les deseo una fructífera y apasionante lectura. Al resto les deseo que se escandalicen lo suficiente para que algo se mueva en su vida de horizontes limitados.
Y la obra completa de Rimbaud en edición bilingüe en
Ediciones 29. [Tesa Duncan] |