|
Wakan Portada Editorial Cine Mitos y Leyendas Maneras de vivir Foro LITERATURA LibrosFueraTiempo:El crepusculo celta, Yeats Poetas Desconocidos |
JOYAS DE BIBLIOTECAOndina,
del barón de La Motte Fouqué.- DE ONDINA,
A LA MANERA DE ANTIGUOS DIÁLOGOS
I
-Sinceramente, pocos libros se han escrito más cautivadores, creo yo, que Ondina del barón de La Motte Fouqué- -No
había oído hablar nunca de ese autor- -Sí,
lo comprendo. Tampoco sé mucho yo, en realidad, de ese autor, y la verdad,
no me preocupa mucho. ¿No dicen a menudo algunos escritores que lo que
quieren es que la gente se interese por sus obras, y no por su vida?.
Pues para eso quizá, tendrían que escribir libros como éste, que puedan
también valer para sostener esa afirmación- -¿Y no todos valen?-
-Pero
no han surgido de la nada- argumentó el personaje más joven –aunque
me están entrando muchas ganas de leerla- -Bueno,
lo de la nada... No lo tomes literalmente. Pero bien, incluso contando
con el hecho de que la historia contenga sentimientos y preocupaciones
del autor, todo ello, toda esa historia, ha sido concebida en la nada,
como perteneciendo a la nada misma, más que el propio autor. Eso es
lo que quería decir- -Y
tú, ¿cómo la descubriste?- -Ya
casi no lo recuerdo. Creo que fue gracias a una antigua colección literaria,
Nostromo de Alfaguara. Cogí tanto cariño por esa colección, que luego
buceaba especialmente dentro de ella, en busca de descubrimientos- -Bueno, pero era una historia de amor. Me decías que era una historia de amor. A lo mejor eso también influyó-
-Oh
claro que influyó, desde luego que influyó. De hecho, por aquel entonces,
andaba en busca de aquellas historias. Y cuando encontraba una de ellas,
para mí era la felicidad- -La
felicidad es mucho decir- sonrió, pero con gran deferencia, el más joven... -Para
mí era la felicidad- insistió el otro, pero sin tensión –Cierto que
la felicidad, tal y como yo la he vivido al menos, tiene un momento
de acción, unido a la misma, que no recuerdo de esas lecturas, pero
creo que puede ser un defecto mío como lector, más que del libro, o
puede que no recuerde bien, en realidad, ciertos momentos... Puede que
también la felicidad sea más gratuita, que surja de improviso de cualquier
cosa... Todo eso puede ser cierto, pero hay que reconocer también que
esta felicidad tiene su propia singularidad, y que le debemos algo- -Pero,
¿de dónde surge esta felicidad?. Y más si, como he oído en algún sitio,
esta es una historia triste... -¿Triste,
triste?- se alborotó el mayor -¡Absurdo, absurdo!. La gente confunde
la felicidad con la costumbre, o con la convención. ¿triste, triste?.
¡En absoluto, en absoluto!. Pero ¿sabes porqué? (porque realmente aquí
está el quid de la cuestión)- -¿Estás
seguro?- la voz del otro osciló entre un sentimiento de duda, de agonía
casi, y otro de esperanza. -Verás, esto es muy importante, escucha- el mayor juntó las manos en actitud casi devocional, contra el pecho –Creo que algunas obras de arte, en particular, algunas obras literarias, que es a lo que aquí nos referimos, se han hecho para... Para trascender la muerte. Pedimos algo, en algún sentido, de contenido o de forma, de lo que sea, pero que es una información meridiana, y que aparece a menudo en un abrir y cerrar de ojos, antes de que nos hayamos podido dar cuenta. Es ese algo que vale para trascender la muerte de algún modo, para asegurar el conocimiento, con mayúsculas, y por eso no le afectan las formas-
-Exactamente.
O mejor dicho, acaso artísticamente, y dependiendo de las circunstancias,
le encaje mejor un final desgraciado. Pero siempre recordando esto:
que la verdadera felicidad es sublime, y que no pertenece a la historia.
Y III-¡La
he leído!. ¡Me ha encantado!. Bueno, aunque al final tenía miedo de
que no me gustara después de todo lo que habías dicho- -Sí,
a veces pasa. Yo... También tenía algo de miedo- -Bueno
¿sabes?. Me habías dicho, y no me habías dicho. En realidad, pensándolo
bien, fuiste tan abstracto ¡que no tenía ni idea de lo que iba a leer!- El
mayor se rió. Debían de haberle echado en cara más veces esta peculiaridad
suya. -Quizá
tengas razón- dijo –pero déjame que todo lo diga con toda contundencia:
con todo prefiero eso, antes que las actuales, odiosas sinopsis que
aparecen hoy en día en las contraportadas de los libros...- -Sí,
pero la historia al menos, la atmósfera...- -No
hubo tiempo- protestó el otro –Tú te marchaste y yo tenía una cita...
Bueno ya sabes- -La
atmósfera es maravillosa- dijo el joven –Ese principio... Es mágico,
es encantador... Es...- -Sí
lo sé. Como en una especie de déjà vu, algo o alguien siente que hubiera
estado ahí antes. Alguien se siente, aún antes del comienzo, protegido,
reconfortado. Aunque también sabe que esa sensación durará poco tiempo...- -Más
bien que no será eterna... Yo no sé muy bien lo que es un déjà vu, pero
a mí me parece que lo que los personajes sienten, en ese primer momento
de la historia, es que la felicidad, la plenitud ya la han conocido,
que lo que les queda por tanto, quizá, es... Vivir lo más difícil- -Vivir
lo más difícil- dijo el otro –Sí, mira ¡me gusta!. Pero no sólo lo más
difícil, creo que también lo más misterioso. Humm, sí- fue como si paladeara
esto que decía –Lo más misterioso, asociado a lo más difícil, asociado
a... Pero mira- se interrumpió de pronto -¡Ya estamos llegando!.¡Párate!- El
más joven se paró. Estaban en medio del bosque, y era un bosque de verdad,
un bosque que imponía respeto, de él venía un profundo silencio y uno
podía sentir en todas partes el espíritu del bosque. -¿Dónde
está?- dijo el más joven. Pero
el silencio sólo venía roto por el rumor extraño de un motor de yate
o barco, muy abajo, en la inmensa hondonada marina, que se adivinaba
más que verse, y sugería el deslumbramiento final del mundo. Entonces
incluso aquel ruido cesó. De nuevo surgió la oscuridad del bosque, y
algo más. -Allí,
¿no la ves?- fue como un susurro, y luego el bosque se cargó aún más
de silencio. La historia de Ondina también comenzaba al lado de un bosque
secreto y maravilloso, era la historia de un espíritu del agua, y de
cómo conoció el amor, y de las cosas y las imágenes largamente encantadas
que les suceden a los seres humanos, en un mundo mezcla de realidad
y de sueño, en un mundo que aún estaba encantado, en un mundo ya desaparecido... -¿La
ves?- repitió el crucial personaje. -Sí-
dijo el otro llorando -¡La veo, la veo!- Pero ya el bosque y el silencio
habían borrado esas lágrimas, y aun esas palabras y ese rostro, y aún
el rastro de aquellas y otras conversaciones, y toda aquella historia
había desaparecido. Y ya de Ondina sólo quedaba allí la raíz, el principio,
lo mismo que, amparado, continuaría allí eternamente. [Francisco
González Castro] |