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POETAS DESCONOCIDOSDaniel
Fernández Roldán: Entrevista a mí mismo.- (por
cortesía de la revista “El gran juego”) -Al fin logro sentarte y antes de nada me gustaría transmitirte mi sincero agradecimiento por el esfuerzo que sé que has realizado llegando hasta aquí y dedicando estos minutos preciosos de nuestro tiempo... -No,
soy yo quien se siente obligado a agradecer tu paciencia... -Más
que paciencia, creo que ha sido perseverancia en mi insistencia; de
cualquier modo lo importante es que aquí estás y... Vamos a ello “pues”
(que diría aquel amigo asturiano). -¡Ala
pues! -Te
voy a hacer una pequeña trampa y voy a comenzar haciéndote la pregunta
que seguro esperabas. Me escudaré en el fácil recurso de “las exigencias
del guión” y disparo a bocajarro: ¿tu experiencia más terrorífica? -Sabía
que no me escapaba... Pero tan pronto... La primera... En fin me lo
tomo como la “pequeña venganza del chinito” por tu derroche de paciencia... Una
semana santa de no hace muchos años... Pirineos, en los alrededores
del circo de Vigne Mal... Caminábamos cruzando un vasto reino de nieve,
blancuras cegadoras y cumbres que como gigantes dormidos nos rodeaban
por cualquier sitio. El resultado, bajo un sol intenso, era bellísimo
pero al mismo tiempo un tanto desolador. Desde hacía un par de días sólo pisábamos nieve y de vez en cuando rocas. Pasábamos por lugares donde la nieve se había acumulado en formas y equilibrios sorprendentes (la nieve era deliciosamente blanca, a menudo con tonos azulados, pero al tocarla con las manos desnudas, las laceraba con un dolor cortante, progresivo... Cruel). En varias ocasiones había sentido ya la desazón que provoca el camino perdido, no encontrado o escondido bajo el manto de nieve y hacía tiempo que los relieves inmensos habían desbordado mi escala humana: las inalcanzables cumbres, los cortados abismales, collados uniendo moles verticales e inabarcables...
-Te
diré..., me has puesto los pelos de punta, ¡y no precisamente de frío!.
Me has hecho recordar alguna situación... Me da la sensación de que
ese pánico al abismo de una forma u otra lo guardamos todos en recovecos
poco visitados de nuestra memoria... -En
fin, si quieres “actualizarlo” puedo contarte como llegar a un par de
lugares en Pirineos... -Me
da la impresión, no obstante, de que algo que contribuyó a fijar en
tu memoria esos momentos como terroríficos, fue esa certeza de soledad
ante el abismo, y peor aún tal vez, una soledad “acompañada” puesto
que tus amigos estaban a escasos metros sin poder hacer nada... -Cierto,
creo que en aquellos momentos sentí una extraordinaria conciencia de
ser aislado, limitado; dejas de escuchar lo que hablan a tu alrededor,
tu atención deja de percibir parte del entorno inmediato de la misma
forma que tu cuerpo parece que deja de atender a tu voluntad. -¿Qué
hay de esa “certeza” a la que aludes, que finalmente te permite desanudar
tu ser y completar la peligrosa travesía?. -Sí,
creo que en cierta medida consistió en recobrar una especial valentía
que enraíza en la íntima aceptación y abandono al destino propio. Estaba
haciendo equilibrios sobre un pie y en los instantes siguientes había
dos posibilidades que se me presentaban con la aplastante fuerza de
una alternativa simple: caer al abismo o continuar caminando por el
único camino posible. Creo que en los cruces de nuestra vida diaria,
afortunadamente, contamos con múltiples posibles elecciones, si bien
el cansancio, la comodidad o la falta de esa valentía a la que me refería
antes, acaba reduciéndolas o anulándolas. El suceso que ahora conoces
no contiene heroicidad alguna, tampoco hubo realmente valentía..., sólo
había un tortuoso camino, y un abismo. |