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LA PELICULA SECRETA Esta sección está dedicada a una película que sea para unos maldita, para otros genial, para estos un sueño, para algunos rara joya sin pulir y para otros detestable. Pero nunca indiferente.
“Drácula”, Coppola.-“Diabólico” significa “separador”. El que no acepta los hechos, separándose de ellos. El rebelde por desesperación o el desesperado por rebeldía. Cuando el príncipe azul, el príncipe de los sueños es un desesperado es Drácula, el príncipe de las tinieblas, y su maldición consiste en esa persecución devoradora de la luz, del amor del que se ha separado... Por amor... La contradicción es el tormento, es la condena de todo muerto en vida, de todo suicida que pasa a formar parte de los ángeles caídos. Ángeles precipitados al abismo como la caída y muerte de la amada de Drácula, en el principio de la historia, al frío foso del agua enloquecida.
Este misterio que persigue a los hombres desde su aparición en la tierra es el que obsesiona y enloquece a todos los Van Helsin, a todos los “salvadores” que en nombre del “bien” quieren destruir el “mal”. Y así se le revela al final al perseguidor de Drácula, interpretado aquí por Anthony Hopkins: “somos locos...Locos de Dios... Todos nosotros”. Porque no existe nada, nada en la vida que no pertenezca a la Vida y lleve, por lo tanto, su semilla de luz manifiesta o invisible.
Cuando por vez primera se cruzan sus miradas en las calles de Londres, ella reconoce esa dimensión, algo que estaba ausente entre sus amigos y su novio, y responde a la llamada hasta el final. Esa dimensión vuelve hipnóticas todas las escenas en que los dos están solos, como en medio de una hoguera que acabará purificándoles a través de las caricias al lobo, cumbre erótica pocas veces visto en el cine, en el que las manos enguantadas de Drácula y Mina se rozan y entrecruzan sobre la piel blanca de la fiera. A través de esa copa de absenta donde “vive una hada verde”, encontrándose sus ojos y sus labios en esa copa llena de alcohol sacramental (gozo para Baudelaire), de barco navegando más allá del tiempo, sellando el beso que no puede darse porque está más lejos de cualquier posible beso. A través de esa apabullante escena de catarsis amorosa, cuando Mina sabiendo que se trata de un vampiro, se entrega a él a pesar de las palabras de Drácula: “No soy nada... En este cuerpo no hay vida... Te condenarás como yo a vagar eternamente”. Y ella elige el amor chupando su sangre en un abrazo cumbre de éxtasis vital, ella que se sabe que con ello ha sellado su muerte. Pero el amor abarca a la muerte con su abrazo misterioso, en una de las más apasionadas y voluptuosas escenas.
(A Drácula lo interpreta un más que convincente Gary Oldman. Mina está muy bien encarnada por Winnona Rayder y su novio “bienpensante” lo encarna perfectamente Keanu Reaves cuando aún no era una estrella). [Tesa
Vigal] |