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EN CARTELMystic
river, Clint Eatswood.- Ante todo el hecho significativo, constatado en cientos de películas, de que este mismo tipo de historia en manos de otro director hubiera sido un mero telefilm de buenos y malos. Pero es de Clint Eastwood y el resultado es una especial espiral (con sus vueltas, recovecos y niveles), empapada de emociones y de atmósfera. Esto en sí es muy revelador. Implica que cualquier tema, o cualquier historia, si se profundiza en ello topa con un mar de fondo, que es lo que gratifica al espectador imaginativo y sensible.
Ese
buceo o vuelo viene a ser lo mismo en el sentido de un discurrir por
las regiones que están más allá de lo cotidiano, de la simple anécdota.
Uno, el vuelo, explora el alcance de una historia y sus consecuencias.
Otro, el buceo, sus motivaciones y raíces. Y uno remite al otro. En
esta película en concreto existe el vuelo y el buceo. Además
el thriller, en teoría, habla de la violencia y el misterio y por eso
se ocupa más directamente del enigma de la vida (cuando es profundo
y sólo entonces, claro). Su atractivo se basa también en la necesidad
humana de encontrar un significado a la vida, ya que en el thriller
todas las piezas lo son de un calidoscopio donde todo lo que sucede
está cargado de sentido. Trata
sobre las sombras alargadas de la infancia, que se ciernen sobre la
vida entera. Tres amigos desde la infancia marcados, uno directamente
y los otros dos como testigos, por un trauma infantil. El que lo sufrió
en primera persona siempre será un desconocido de alguna manera, porque
nadie que no lo haya vivido sentirá el alcance de las emociones
resultantes. Las
interpretaciones de todos ellos son magníficas, destacando las de Sean
Penn y Tim Robins y la de las dos mujeres de la historia. Una, es una
mujer a quien repele y asusta la violencia, no quiere saber nada ella
y quizá por ello no entiende en el fondo al que la sufrió en primera
persona (su propio marido), siendo un ejemplo más de tantas y tantas
parejas superficiales cuyos fondos respectivos nunca han entrado en
relación explícita con el otro. A la otra mujer le excita la sangre
y premiará con un polvo al hombre que la ha ejercido, en una de las
escenas más apabullantes de la película. No
es una historia de ritmo lento y, sin embargo, cada escena está repleta
de un calado y alcance que casi llega a hipnotizar. Trata
también del final de la inocencia, o mejor dicho de cuando la inocencia
persiste aunque herida para siempre, lo cual casi es peor ya que vuelve
más vulnerable y sensible que si la inocencia desaparece sin más sustituyéndola
por una coraza endurecida. Y además habla de lo peligrosa que a veces
es la inocencia, porque de ella puede surgir el mal más neutral y absurdo,
en la forma de la violencia más animal, esto es más inocente. [Jaime
Freire] Y
además: En la ciudad, Cesc Gay/ La flaqueza del
bolchevique, Luis Martín Cuenca/ La flor del mal, Chabrol/ Good bye
Lenin, Wolfgang Becker/ Hanna K., Costa Gavras/ Las invasiones bárbaras,
Denys Arcand/ Lejano, Nuri Bilge Ceylan/ Master and commander, Peter
Weir/ Las mujeres de verdad tienen curvas, Patricia Cardoso/ Noviembre,
Achero Mañas/ Osama, Siddiq Barmak/ La pelota vasca, Medem/ Planta 4ª,
Antonio Mercero/ Ser y tener, Nicolas Philibert/ Soldados de Salamina,
David Trueba/ Soñadores, Bertolucci/ La suerte dormida, Ángeles González
Sinde/ Te doy mis ojos, Iciar Bollaín/ Tiempos modernos, Chaplin/ Todo
lo demás, Woody Allen/ Y toda la programación de clásicos del Pequeño
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